ALGO
MÁS QUE PALABRAS
ANTE TANTOS DERROCHES E
IRRACIONALIDADES
Nuestros
políticos han comenzado a tirar la casa por la ventana. Algunos más que
otros. Juegan con pólvora ajena. O sea, con el dinero de todos los
españoles, incluidos los excluidos, aquellos a los que todavía, a pesar
de tantos faroles encendidos, no les llegan esas políticas sociales y
económicas que les enaltezca, como tampoco ese trabajo digno que hoy tan
en precario se oferta. La situación es a veces tan injusta, que uno se
pregunta: ¿Dónde están los sindicalistas?
Es cierto que nuestra legislación
subvenciona a los partidos políticos, con motivo de su participación
tanto en las elecciones generales como en las que afectan a las
comunidades autónomas y a las corporaciones locales. Es un derecho
permitido, la ayuda financiera del Estado. Pero, tal derecho, no se le
reconoce por su simple existencia como partido político, sino en cuanto
concurre a la manifestación de la voluntad popular. Quizás, esa primera
forma de manifestarse, podría ser la de apretarse el cinturón y
derrochar menos. En lenguaje claro: predicar con obras, que las palabras
nada cuestan. ¿Qué les parece, a los posibles servidores del bien común,
dejar un tanto por ciento de la subvención para los desterrados del
festín de la sociedad del bienestar? ¿No sería una buena forma de hacer
justicia ante tantas injusticias discriminatorias?
Por lo que veo, hemos convertido las
campañas electorales en verbenas de mal gusto, donde todo es gasto y
gesto de repugnancia hacia el contrincante. Muy pocos candidatos se
libran de rebuznar. Lo embadurnan todo, por no decir otra cosa, de
mediocridad. Son saltimbanquis bufones. ¿Dónde están los ecologistas? ¿O
los académicos para que limpien, fijen y nos rieguen de esplendorosas
ideas? Todo lo sacan de quicio. Desquician y pronostican los más
variados tipos de peligros y calamidades, sino obtienen mayorías
absolutas. En vista de lo visto, yo me pregunto: ¿Por qué ese miedo a
ser minoría, a tener que dialogar y ser capaces de proponer y escuchar a
otras opciones políticas? Se olvida que en la construcción de una
sociedad democrática es esencial el recurso a la plática y consenso.
Precisamente, entiendo, que el diálogo, que es la fuerza de la
democracia, debiera ser el abecedario de los políticos. Por medio de la
conversación, del intercambio de ideas y programas, se acierta más en el
gobierno y los errores se corrigen antes.
Sin duda, el principio rector que ha de
orientar todo el proceso electoral es, como resulta obvio, el
democrático. Una atmósfera que debe avanzar en libertad y no anclarse en
el tiempo para no caer en la irracionalidad. Un poner, por poner algunos
ejemplos: Si los representantes no lo son de los partidos, ya que no
pueden provocar su cese, ¿no sería más saludable, para la democracia,
votar a las personas en vez de una lista cerrada? Si el derecho a
participar corresponde a los ciudadanos y los representantes elegidos lo
son de los ciudadanos, no de los partidos, al igual que la permanencia
en el cargo no puede depender de la voluntad de los partidos, sino de la
expresada por los electores a través del sufragio de las elecciones, ¿no
sería más saludable para la democracia atender a la voz de la calle, la
de los ciudadanos, que a los intereses partidistas? Si ningún partido es
depositario exclusivo de una determinada línea de pensamiento en un
Estado Social y Democrático de Derecho, ¿no sería más saludable para la
democracia la denominación de la candidatura por personas y no por
etiquetas – “socialistas”, “conservadores”, “verdes”...- que ya son
historia de nuestra historia?
Otros derroches absurdos e
irracionalidades que se producen ante las elecciones, es el motivado por
el favoritismo, hacia determinadas opciones u otras. La garantía de la
máxima libertad para que los partidos puedan transmitir sus mensajes
políticos a sus electores, es un buen síntoma de salud democrática.
Una de las formas más dramáticas de
discriminación es negar a grupos minoritarios el derecho fundamental a
existir como tales e ignorarlos, sobre todo desde los medios públicos.
Esto origina confusión y obstaculiza el acceso mismo a un
disfrute equitativo de los bienes y servicios comunes. En este sentido,
siempre será fructífero el debate, de todos con todos, para poder
discernir.
Se dice que votar es
un derecho y un deber. Nadie lo niega. Lo sabemos. Pero los candidatos y
los medios de comunicación, con tanto poder hoy en día, sobre todo la
televisión, han de saber también, que están obligados, por propia ética
profesional, a propiciar debates que nos esclarezcan posturas y a
facilitar a los votantes el conocimiento de la verdad de los programas
exhaustivamente, las líneas de actuación de los partidos y los
propósitos a llevar a cabo en caso de ser elegidos por el pueblo. Si
votar es un ejercicio constitucional que hemos de practicar, poner vetos
es un problema de convivencia que hemos de atajar. De ahí, lo importante
que es tomar partido en la elección, para que la paz social se socialice
a la par que el amor se universalice, aunque reconozco que, no es fácil
dar en el clavo, con tantos titiriteros en escena.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -