ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LA ARQUITECTURA LIGADA
A LOS LUGARES
Quiero
partir de una realidad palpable: cada día es más fácil abrazar el mundo,
estar en contacto los unos con los otros, casi de inmediato, lo que nos
debe hacer pensar (pensando en los demás) y vivir (viviendo en los
demás) de otra manera. Nos debemos todos a todos en el gran escenario de
la tierra. Cada forma de vida tiene sus propias raíces que deben ser
respetadas. Todas las identidades nos identifican. Esto puede puede
ayudar a forjar espacios más habitables, fruto del encuentro de variadas
culturas que, aunque distintas, jamás pueden estar distantes, si
queremos que la paz anide en todos los lugares. Esta pluralidad de
expresiones culturales,
que abarcan un amplio espectro de grafías vivas, se
presenta como un fértil campo a tener en cuenta para que las
convivencias convivan en civismo y las vivencias nos aviven una
solidaridad más callada y real.
Al igual
que cuando nosotros decidimos cambiar de vivienda, prestamos atención a
llevar consigo aquellos enseres que forman parte de nuestra vida,
también debemos prestar especial cuidado a los entornos, a sus
corrientes de pensamiento y de espiritualidad, que trascienden a través
del arte. Convendría, a veces, que reflexionásemos más sobre, ¿cómo
promover y valorizar el arte y la música de los distintos pueblos, su
hábitat y arquitectura, para alentar una creatividad inspirada en el
universalismo que hemos de aceptar? Estudiantes de la Escuela Técnica
Superior de Arquitectura de la Universidad de Granada en la asignatura
de Restauración Arquitectónica, dentro del Laboratorio de Restauración
Arquitectónica, nos dan ciertas claves situando la arquitectura ligada a
los lugares. Ciertamente, en ocasiones, nos puede el afán destructor,
activado por la especulación, antes que el de ahondar en el uso que tuvo
ese espacio en el tiempo, para comprender costumbres y formas de vida.
El tema
asignado a los estudiantes ha consistido en la propuesta de recuperación
de un bello palacio renacentista del centro histórico y dotarlo de un
nuevo uso. La novedad de estos trabajos consistió – en palabras del
reputado Catedrático de Restauración Arquitectónica de la Universidad
granadina, Francisco Javier Gallego Roca- en la “relectura” de la
manzana y en la proyectación sobre la base, de los materiales y
estructuras preexistentes, del carácter tipológico y morfológico, y de
la compatibilidad entre la tradición y lo moderno. Sin duda, la
arquitectura como arte y como ciencia está presente en todos los tiempos
y partes, en todas las vidas y épocas. Conservar las raíces para
reencontrar el sentido es una buena manera de hallarse. Profundizar en
la arquitectura del lugar es una acertada manera de descubrir el
espíritu de las gentes a través de su historia, su formación ética y su
mentalidad ordenada, para luego construir (o reconstruir) espacios
habitables que nos impregnen de sosiego y libertad.
En la herencia arquitectónica que nos ha
legado el tiempo, se lee y se comprende el sentido del amor, el respeto
por la vida, la esperanza por un mundo renovado. Necesitamos conocernos
más para comprendernos mejor. Sólo se ama lo que se conoce. Los bienes
culturales de la tierra, la más fructífera biblioteca de vida, son de
todos y para todo el mundo; un patrimonio existencial que se debe
conservar materialmente, tutelar jurídicamente y valorar éticamente para
ligarnos más a los pueblos, poblarnos de versos y repoblarnos de
belleza. Es saludable para la poesía de la vida no sentirse ahogado en
los espacios del aire, unir la estética a la ética y recuperar el
asombro de tanto arte perdido por la propia indiferencia humana. Los
cascos históricos de ciudades y pueblos, refrendan la mezquindad. La
sugestiva experiencia didáctica llevada a cabo por los universitarios
granadinos, conlleva un profundo conocimiento de la situación a
restaurar y una sagaz imaginación. De ahí su éxito que ha trascendido al
puro localismo. Una buena manera de trabajar en un mundo que cambia a
toda pastilla. Ya se sabe que para reutilizar un edificio es preciso
adentrarse en su verdadera naturaleza, también para reutilizar un mundo,
cada día más devastado, es necesario introducirse (no adueñarse por la
fuerza del poder) en su propia historia.
Aprovechando las energías – como dice el
Profesor Gallego Roca- que, en el caso de arquitecturas antiguas están
relacionadas con la sedimentación de las culturas “construidas” y de sus
experiencias constructivas, uno se encuentra delante de un auténtico
espejo que nos invita a mirarnos por dentro y a vernos en los demás,
para después reemprender con impulso el camino del goce desde la
heterogeneidad de los diferentes territorios. Es cierto que vamos de
aquí para allá, pero a veces no nos detenemos a pensar. Todo se hace
cada vez más a carreras, pero tal vez poco eficaz en términos de
crecimiento y maduración, de construir edificios que nos edifiquen más
en la vecindad y espacios que nos construyan más en el amor. Por ello,
todos los rincones y recintos, han de ser admirados, porque la historia
es la cátedra de la vida y, su arquitectura, el aire que nos alienta
como alimento o nos embrutece como bestias. Todo depende de la senda
tomada.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -