ALGO
MÁS QUE PALABRAS
ANTE EL DILUVIO DE
MATANZAS HUMANAS
La
vida humana cada día vale menos. Apenas vale un centavo en algunos
sitios. Sólo hay que abrir los ojos y mirar alrededor. Un volcán de odio
nos acorrala. Resulta muy difícil conquistar corazones y mentes
dispuestas a defender la vida de toda persona. Los acontecimientos
suelen conmovernos en caliente. Luego se nos olvida. Como si nada
hubiera sucedido. Porque, realmente, si amamos la paz, ¿defendemos la
vida, y cuidamos de ella, por encima de todo? Hoy, más que nunca, es
necesario velar y mantener el corazón atento y sensible frente al bien
más querido y precioso de nuestra sociedad, el respeto hacia todos los
individuos, sin distinción alguna.
En los países ricos nos falta calidad
humana y nos sobran expertos que, en absoluto, nos ayudan a vivir. Por
desgracia, las desigualdades en el reparto de la riqueza y la exclusión
social se acrecientan. A veces es más importante darle de comer a un
perro, que también lo es, pero más lo es a un niño que se nos muere de
hambre, por el hecho mismo de ser persona. Los entendidos nos hablan de
cohesión social, pero la vida es otra cosa, y cada día estamos más
desunidos y desavenidos. El despilfarro descarado de algunas
ventanillas, más políticas que sociales, que propugnan un bienestar casi
nunca real, debiera tener un tipo de control serio y responsable.
Todavía no se han erradicado las situaciones de chabolismo, asegurando
viviendas de acogida, y tantos otros derechos primordiales para asegurar
esa dignidad humana que nos humanice. También en los países pobres, la
deuda externa contraída con el mundo rico les deja sin aliento. Así no
se puede avanzar hacia la esperanza.
Además el terror siempre ataca a los más
débiles, mujeres y niños. Habría que instar a toda la sociedad a que se
sumase a un movimiento mundial encaminado a crear un mundo apropiado a
los más desprotegidos. Su vida vale tanto como la que más. Otra de las
salvajadas puestas de moda, es la violencia de género. Nunca la mujer, a
pesar de tantos festines y asociacionismo feminista, ha soportado tanto
maltrato, abuso y agresión sexual, acoso y comercio con fines de
explotación sexual, cuando no la muerte a pesar de sus denuncias. Se
necesitan leyes que salvaguarden íntegramente todas estas situaciones,
incluidas las laborales que le permitan salir adelante.
Sin duda, la gran cantidad de
arbitrariedades y desajustes, nos vuelven extremistas. Ciegos en el
diálogo. La falta de conversación aleja y no acerca posturas, en favor
de la convivencia. La paz no se resuelve en un mundo dividido. Se
necesita lo de siempre, lo que permanece en el tiempo, más amor entre
todos. Los continuos atentados terroristas nos alejan de esa luz de
afectos que tanto necesitamos en vida. Precisamos ser amados y amar para
sosegarnos. Justamente, yo mismo, afanado en la búsqueda de ese amor que
tanto hoy necesitamos para poder existir, asistí a recibir las reliquias
de Santa Teresa de Lisieux en su visita por España, quise estar cerca de
una santa singularmente atractiva a los no creyentes, carmelita descalza
con sólo quince años, “docta” sin haber colgado de las paredes ningún
título académico, patrona universal de las Misiones sin haber franqueado
los muros del convento, mística sin éxtasis, que sintió incluso la
tentación del suicidio, muerta de tisis a la temprana edad de
veinticuatro años, la tercera mujer que entra en uno de los “clubes” más
exclusivos del mundo, del que forman parte sólo treinta y tres figuras
marcadas por la santidad y la sabiduría. Tuve que hacer una gran cola
pero ha valido la pena. Su mensaje estaba escrito en cada persona que se
acercaba a ella: “te necesitamos en el amor”, “no te vayas de nuestro
lado”, “seguiremos tu caminito de rosas”... Contemplé que todos
queríamos una rosa de sus rosas, un beso de sus versos, oír en silencio
la voz de su voz contemplativa.
Frente a tanto terror que nos trasladan
los medios de comunicación, descubrí profundas lágrimas en los
peregrinos que se acercaba a la santa que fue más poesía que poeta, que
es lo que vale. Viendo a tanta gente conmovida y emocionada, pensaba en
la necesidad de comunicar al mundo más amor, sobre todo desde acciones y
opciones ejemplarizantes, como lo hizo Teresita. Desde luego, un buen
modelo a imitar para contrarrestar los desamores que vive hoy el mundo.
En verdad, no se pueden cerrar los ojos a esta dolorosa plaga, quedar
pasivos o resignarse, ante el diluvio de crímenes y matanzas, de
atentados suicidas, donde se dispone arbitrariamente de la vida de las
personas, se atropellan derechos de la población y se amedrenta al
adversario. Las miserias y las injusticias son avisperos de terror que
debemos atajar. Es básico reconocer el derecho de cada uno a tener lo
necesario, pero que no se quede tan solo en letra impresa. Necesitamos
pueblos que tengan como norma lo democrático, pero también lo social.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -