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LA
Nueva epidemia del Siglo XXI: el acoso laboral
03-10-03
El
acoso laboral, conocido por el anglicismo “mobbing”, puede
considerarse en la actualidad como una de las “pandemias” más
extendidas en el “mundo desarrollado”; es decir, de aquellos países
donde las libertades del individuo están supuestamente garantizadas por
el Estado de Derecho y la democracia. Sin embargo, la realidad dentro de
este modelo social es bien diferente.
En
apenas dos años este término, que ni siquiera existía en la
jurisprudencia española, comienza a ser habitual en los Juzgados de lo
Social y Contencioso Administrativo de nuestro país. El “mobbing”
persigue la alienación del individuo dentro de su entorno laboral
mediante el acoso moral y psicológico. Para ello se utilizan diferentes técnicas
preestablecidas que podrían resumirse en impedir que el trabajador se
exprese, calumniarlo y difamarlo entre sus compañeros, desacreditar su
labor y aislarlo dentro de su entorno laboral, además de comprometer su
salud psíquica y física mediante un continuo trato vejatorio. El
objetivo final es convertir la vida del trabajador en una “auténtica
pesadilla”.
Paradójicamente,
el acoso moral y psicológico es mucho más frecuente dentro de las
Administraciones Públicas (General, Autonómica o Local) que en la
empresa privada. Esta es, al menos, la conclusión de la Agencia Europea
de Seguridad y Salud en el Trabajo, la OIT o la Fundación Europea para la
Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, así como la de diferentes
estudios públicos y privados que así lo evidencian. El resultado es que
un colectivo importantísimo de empleados públicos padecen “mobbing”,
en detrimento de principios básicos de la Administración y en contra de
los derechos más elementales de los trabajadores.
Esta
injustificable prepotencia y reacción despótica de la Administración en
contra de sus propios empleados, evidentemente, no aparece al azar. Según
José Luis González de Rivera “el acoso se ha hecho necesario
porque, en la mayor parte del mundo civilizado, las antiguas fórmulas de
dominio ya no sirven, y el poder ha de ocultarse para seguir ejerciéndose”. Este
Doctor en Medicina, Especialista en Psiquiatría y en Medicina Interna, amén
de Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica, afirma que “el
acoso es una enfermedad cultural insidiosa, que se cobra más víctimas
cada año de lo que podemos imaginar, y que resulta una causa importante
de sufrimiento humano, de pérdidas económicas y de malestar social”. De hecho un elevado
porcentaje de las bajas laborales por depresión y ansiedad están
estrechamente ligadas al acoso laboral.
La
Administración mantiene una singular relación contractual con sus
propios empleados. La reclamación oficial u oficiosa de derechos
laborales, la denuncia de irregularidades que afectan directamente al
trabajador, pueden “activar la espoleta” sin que el propio empleado
sea consciente de las consecuencias de su “osadía” durante bastante
tiempo... hasta que comienza a preguntarse: ¿por qué a mí?. Si el
funcionario “se atreve” a exponer estas situaciones públicamente y,
no digamos, si cuestiona “vox populi” a su propia Administración
mediante artículos, entrevistas, etc., esta “caza de brujas” saltará
como una especie de resorte automático y comenzará un “calvario” de
consecuencias casi inmediatas.
La
Administración adolece de un grado de politización infinitamente mayor
al de la mayoría de las empresas privadas. De hecho, algunas
Administraciones viven “para y por el escaparate”, llegando a ser más
importantes los logros “publicitarios” que el propio funcionamiento
interno de “la empresa”. Por este motivo, el “Principio de Peter”
es tan frecuente en ámbito público, que precisa de nescientes que no
reparen en las aberraciones que ellos mismos cometen y que estén apoyados
por correveidiles de distinta
índole, pero con la misma falta de escrúpulos y de principios morales,
que suelen ser los que actúan directamente como acosadores durante el
proceso del mobbing. De esta forma, cualquier librepensador o emprendedor
activo dentro del gremio público, todo aquel que destaca por encima de la
mediocridad impuesta, suele acabar siendo considerado “cabeza de
turco”, ante la ausencia de la capacidad de autocrítica y, mucho menos,
de crítica “ajena”. El
profesor Heinz Leymann describe “el síndrome de rechazo de cuerpo extraño”
para designar “a aquellos sujetos que, pertenecientes a una
organización, generan un cierto reparo en los demás por sus posturas de
libertad”.
Así,
el “perfil de las víctimas del mobbing”, según algunos autores como el
profesor Iñaki Piñuel, corresponde a “personas con frecuencia
brillantes en su trabajo que, por tanto, despiertan celos profesionales
entre algún compañero no tan destacado y, en muchos casos, no son
conscientes de que están padeciendo este fenómeno”. Entre los
“factores de riesgo” para ser víctima del mobbing, este especialista
destaca “a personas atípicas, demasiado competentes, que se resisten
a la “homologación” social o empresarial, que cuestionan sistemáticamente
los métodos de organización de trabajo que les vienen impuestos, que no
tienen una red social de apoyo, representantes sindicales, mujeres
embarazadas, mayores de 55 años, etc”.
El
profesor Schuster distingue una serie de individuos en riesgo para padecer
este tipo de agresión como “los envidiables, personas brillantes y
con cierto atractivo, pero consideradas peligrosas o competitivas por el
resto del grupo porque sus lideres se sienten cuestionados por su mera
presencia; y los amenazantes, activos, eficaces y trabajadores, que ponen
en evidencia lo establecido y pretenden llevar a cabo reformas o implantar
una nueva cultura”.
En
cualquier caso, para combatir el “mobbing” lo primero y esencial es
tomar conciencia del problema, buscar aliados entre otros afectados,
profesionales y sindicatos que puedan ayudar a enfocar el
problema en sus aspectos jurídico y psicológico, además de luchar sin
odio –esto es realmente importante-. Según el psicólogo, psicopedagogo
y escritor Bernabé Tierno Jiménez, a la hora de definir al acosador
afirma que “casi siempre encontraremos que se trata de una persona
fracasada, frustrada, descontenta consigo misma, envidiosa y orgullosa. En
definitiva, una persona desgraciada que se siente 'feliz' y liberada viéndonos
desgraciados”.
Luchar
contra el mobbing es complejo, especialmente porque es difícil
demostrarlo ante los tribunales y porque existe un vacío legal importante
dentro del ámbito de la Unión Europea, donde son notables los esfuerzos
legislativos emprendidos por países como Francia, Bélgica y Suecia.
En
este sentido, destaca el anuncio que en enero de este año, realizara la Consejería de Justicia y Administración Pública
de la Junta de Andalucía, donde afirmaba que se “tipificará como
infracción muy grave el acoso moral y psicológico que sufran los
trabajadores de la Administración autonómica”, dentro del
anteproyecto de la futura Ley de Función Pública que contempla en su artículo
39 las sanciones que serán susceptibles de imponer cuando la Administración
detecte estos casos. En esta misma nota, que apareciera publicada el 13 de
enero de 2003 en el diario Ideal, El Director General de la Función Pública,
Vicente Vigil-Escalera, asegura que “no tenía conocimiento de que
funcionarios de la Administración Andaluza hayan sufrido este fenómeno”
–a los incrédulos que consulten las hemerotecas-. Parece que una
Administración “tan exquisitamente sensible” a los problemas de sus
funcionarios –regulados por dicha Ley-, capaz de mantener a más de
5.000 trabajadores como “interinos residuales” –según denominación
de la Junta de Andalucía-, con una antigüedad media en sus puestos de
trabajo de más de 12 años; una Administración incapaz de resolver este
tema resuelto desde hace años en otras Comunidades Autónomas, que
recurre cada vez que un juzgado resuelve favorablemente las reclamaciones
de este colectivo, como es el derecho a cobrar los trienios por la antigüedad
de los servicios prestados o consolidar su puesto de trabajo, tiene poca o
ninguna fuerza moral, ni credibilidad como para afirmar que va a luchar
contra el acoso laboral de sus empleados públicos, a la vez que afirma
que no tiene constancia de este problema.
La
justicia y la libertad no son derechos pasivos, que se han de esperar como
el maná bíblico, sino que constituyen obligaciones por las que luchar
diariamente y exigir su justo cumplimiento ante la soberbia de una gran
cohorte de cascaciruelas que se consideran diferentes al resto de los
mortales.
Para
finalizar, tomando nuevamente una frase prestada del Dr. González de
Rivera: “si eres un acosador, si nadie puede ser mejor que tu, si estás
convencido de que la fuerza es la única razón y de que tu dominio ha de
mantenerse a toda costa, permite que te diga, con todo mi cariño, que
eres un hijo de puta”.
José
Javier Matamala García
Editor
de Almediam: http://almeriware.net/almediam/
Artículo
publicado en:
Andalucía24horas.
03-10-03
Portalmería.com. 05-10-03
Granada Digital. 06-10-03
Diario de Almería. 08-10-03
El Debate. 08-10-03
Los Verdes
de Andalucía. 08-10-03
Indalia. 08-11-03
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