ALGO
MÁS QUE PALABRAS
CONSERVAR
NUESTRA CULTURA
Quiérase
o no admitir nuestra cultura está enraizada al humanismo cristiano.
Otra cosa muy distinta es que hoy necesite reavivar sus raíces
cristianas. Pero la historia está ahí y resulta mezquina borrarla. La
Iglesia ha dado a la cultura española una dimensión especial. Lo pude
comprobar este verano en diversas aldeas o pueblos,
perdidos en el horizonte y alejados de autovías, al visitar sus
templos, ermitas o santuarios. A primera vista resultaba desolador ver
los tejados caídos y sus muros resentidos. Cuando podía acceder
dentro, la tristeza crecía. El patrimonio eclesial no podía
restaurarse por falta de dinero, me confesaban los pocos vecinos que
habitan en esos paraísos de soledad y silencio.
Confesaré
que algunas de las piedras desplomadas, sobre todo la parte de los
campanarios, me daban una sensación de angustia tremenda. Ya no les
digo nada, el dolor que sentía en el alma, cuando me encontraba un
cuadro roto o puesto para tapar un ventanal. Desde luego, necesitamos
conservar toda esta riqueza eclesial. Las generaciones venideras no nos
lo van a perdonar. Porque tampoco es cuestión de creer o no creer, sino
de perpetuar lo nuestro, las raíces que nos han dado vida.
Entiendo
que la mejor forma de aprender a valorar todo este patrimonio cultural
cristiano, es ahondando en lo que representa. Aquello que no se conoce
en profundidad no se ama. Por
eso, la iniciativa del Centro de Historia del Cristianismo y de su
Patrimonio cultural de la Facultad de Teología de Granada, de
organizar un Master sobre Patrimonio cultural de la Iglesia,
curso (enero a diciembre 2004) y estudio singular en su género en el
panorama universitario español, puede ser muy saludable para
implicarnos todos en la restauración y cuidado.
Se
considera el estudio integral en profundidad del Patrimonio cultural de
la Iglesia como uno de los primeros objetivos del Master, ya que, a
pesar de la actualidad e interés que suscitan todos los temas
relacionados con él, bien es verdad, que en ocasiones, se echan en
falta las investigaciones, las publicaciones científicas y las de alta
divulgación sobre su origen, su contenido y su razón de ser, su misión
evangelizadora y su servicio cultual y cultural a través del tiempo.
También contrasta la gran importancia y significación que hoy está
adquiriendo el conocimiento, estudio, investigación y divulgación del
Patrimonio cultural de la Iglesia en todos sus géneros con la falta de
profesionales con una formación integral sobre estas materias.
Ciertamente,
abundan los universitarios titulados en Historia del Arte, Arquitectura,
Historia, Biblioteconomía, Archivística, Bellas Artes, Derecho,
Antropología, etc. Tampoco faltan especialistas en Teología, Liturgia,
Historia de la Iglesia y del Arte cristiano, Sagrada Escritura,
Religiosidad popular. Pero falta unir esa conjunción de troncos del
saber, relacionar las distintas materias y ciencias estrictamente teológicas
y las demás indicadas de carácter humanístico. De ahí que se
pretenda dar respuesta a la necesidad actual de profesionales con una
cualificación interdisciplinar, en las ciencias teológicas y humanísticas
en sentido amplio, que respondan a las nuevas demandas de la sociedad en
el sector.
Según
esto, se pretende formar titulados superiores universitarios que quieran
iniciarse profesionalmente, de forma general, sistemática y práctica,
en los distintos campos que integran el Patrimonio Cultural de la
Iglesia y en su gestión. Dar a conocer la metodología específica para
el estudio del Patrimonio cultural de la Iglesia y las leyes y normas
eclesiásticas por las que se rige. Iniciar actividades culturales sobre
el Patrimonio de la Iglesia a partir de la misión que hoy se le asigna
a éste en las distintas instituciones eclesiásticas competentes en
estas materias, a la vez que integrar estas actividades como elementos
fundamentales dentro de las políticas culturales territoriales
destinadas a la conservación del Patrimonio. Una noticia,
verdaderamente positiva, puesto que, adentrarse en las creaciones
artísticas para el servicio divino, que expresan la fe y que son un
extraordinario instrumento para evangelizar a cuantos las contemplan,
siempre será gozoso. Es como reflejarnos en lo que fuimos, en lo que
fueron nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos; un sustrato
que no debe ser marginado y menos permitir que se destruya.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -