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Intimismo
solidario
02-09-03
A
lo largo de nuestra existencia, los librepensadores, aquellos que
apostamos por los problemas ajenos “menospreciando” lo inmediato y
cotidiano, que hacemos de la filantropía algo más que una ideología, que
nos descabalgamos de la realidad tangible y proyectamos nuestras energías
en el desaforo del devenir diario, somos habitualmente reclamados por
aquellos que tenemos tan cerca y de los que nunca hablamos, como es el
caso de nuestra familia. Obra y parte de lo que somos y de lo que en
realidad hacemos. Normalmente, no le damos cabida en la “lucha” por todos
aquellos que realmente se encuentran más solos que nosotros, más
desasistidos y por los que, abiertamente, somos cómplices de sus
desventuras, intentando desaforadamente dar una oportunidad en la
supuesta inmediatez del tiempo y del espacio, para que su “ciclo vital”
reaccione de una u otra forma.
Evidentemente no
existen fórmulas perfectas, ni verdades absolutas… sólo cristales
imperfectos. La “Verdad” es un ente abstracto; una especie de estructura
cristalina que es mucho más antigua a nuestra aparición en el Cosmos.
Cuando nos intentamos acercar a ella, sólo encontramos caras o “fascies”
incompletas y, en muchos casos, deformes, cómo lo son los seres que
deambulan por el “Planeta Azul, incluidos- evidentemente- “los monos
desnudos”.
Pero sin la referencia
del pasado, es imposible que podamos aportar absolutamente nada a nuestros
congéneres y a su entorno inmediato. Por este motivo, tanto la historia
como la prehistoria constituyen referentes esenciales para interpretar
nuestro medio ambiente más inmediato, realizar “hipótesis” de trabajo
“científicamente correctas” y adoptar todas aquellas medidas que
entendamos como oportunas, capaces y “realistas”.
Somos, por lo tanto, un
sólo eje en la rueda del molino capaz de separar entre simiente y presente.
Entre el caos de Demócrito y su pluscuanperfecta equidad ante el devenir
diario “a lomos de un Logos”. Este es el mensaje que, desde hace más de
3.500 años, sirve como paradigma en la evolución cultural, dentro del
contexto de la “civilización occidental”. Mucho más tardíos fueron la
implantación de una sociedad "judeo-cristiana" y, aún posterior, el
islamismo.
Puede parecer una
entropía hablar de estos temas y circunscribirnos a todos en el intento…
pero desgraciadamente no es así, sino que nuestras actuales huestes
militares actúan de la misma forma desde hace siglos. ¿Guerras de
religión?... taxativamente ¡no!. Nada tienen que ver los actuales
conflictos armados con “Los Cruzados” –y su antítesis dentro del mundo
mahometano-. Sólo nos mueven intereses coetáneos, basados en la
justificación de “petrodólares”, ante Estados huérfanos de cualquier
equidad, donde la muerte por inanición es fácilmente comprobable y donde
los efectos de más de 20 años de guerras fratricidas, nos hacen concebir
un estadio anárquico y de rencillas populares antes de que se reestablezca
cualquier tipo de solución consensuada.
Les quiero dedicar este
artículo a mis seres más queridos: María, mi hija de seis años y Aurora, mi
compañera de viaje durante muchos más. Ojalá –Alá lo quisiera en árabe-,
les estaría dedicando otros temas, pero este preludio de confrontación
global me hace ser poco optimista, y prever que la lucha contra el
terrorismo internacional y de Estado, no se solventa mediante la asolación
de los mismos. Quizá, fuera más prudente al afirmar cuestiones más
lisonjeras, pero en este intimismo que encabeza como título a este
artículo, tan sólo parto del sentido común... casi una afrenta contra los
cancilleres que dominan el mundo.
Atte.
José Javier Matamala
García
Almería – España.
Editor y Webmaster de
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