LAS INMOBILIARIAS TERMINARÁN DE TAPIAR EL MEDITERRÁNEO

M.G.B. /Redacción. 07-05-05

En Cataluña el 3 y en Murcia el 30 por ciento. Quizá nunca hubo algo tan claro que ni los más mentirosos se atrevan a negar. Las comisiones que se cobran de tapadillo para permitir todo tipo de tropelías en lo que se conoce como "actividad inmobiliaria" nadie las ve pero todo el mundo las conoce.

Existe algún arquitecto que ya comienza a decir que, en realidad, se han convertido en mercenarios y que debe cundir el ejemplo de la objeción de conciencia o la insumisión a participar en la agresión al medio. La alianza entre las firmas que son necesarias para llevar un proyecto adelante ha cambiado en pocos años el paisaje y las condiciones de vida de cuantos habitan en un entorno que podría clasificarse como razonable.

Si los modernos núcleos de población, los barrios nuevos que salpican de hormigón y ladrillo desquiciados los alrededores de todas las ciudades, son la esencia de la incomunicación (a pesar de las decenas de carreteras, autovías, metros y trenes ligeros que lo entretienen), de la incomodidad y el caos, lo que quedaba del hábitat legado casi en estado puro sería lo más cercano a lo que necesitan los animales que habitan la cosa (incluido el más desgraciado animal de todos, el ser, a veces confundido con el ser humano) para ir transitando mientras dura la existencia.

Pero como ésta se acondiciona para que vivamos, padezcamos y disfrutemos al lado de las nuevas iglesias llamadas "carrefur", "mercadona" o "hipercor", todo se planifica y acondiciona para que en el más remoto lugar, por hermoso e inaccesible que sea, llegue una tuneladora, una grúa de guerra contra la naturaleza, los pisitos vacíos todo el año menos quince días y el centro comercial y de ocio en el que pasear al niño sobre el carrito repleto de tetrabricks, latas y plásticos con algo de comida y ver en el intermedio de la compra la última de Almodóvar o la peste de "Los Increíbles". La salida de allí es purificadora y el estado máximo de tontería y perfección podrá aún mejorarse en el camino de vuelta, mientras el atasco en el coche nos da tiempo holgado para convencernos de que la felicidad era esto, qué bien que podemos consumir.

Guerra contra el entorno

Un consumo más a nuestro alcance será, sin duda, "Marina Dor, vacaciones todo el año".

Cientos de mentes y otras muchas alianzas del mal trabajan para nosotros, por ello, de Oca a Oca, perpetuarán la esencia de nuestra felicidad allá donde ellos quieran que queramos y pondrán al alcance de nuestro coche y nuestras hipotecas lo mismo de lo que nos queremos desprender, pero en otro lugar. El eje de intereses entre propietarios del suelo, promotores inmobiliarios, banqueros que saldrán en las fotos arrojándonos el orgullo de trillones de beneficios a la cara, arquitectos que firman lo que les echen, gerentes de negociado, concejales de urbanismo y encantadores del desarrollo sostenible han plagado el territorio de urbanizaciones aberrantes generadoras de tanto beneficio canalla como de subempleo miserable en la construcción y en los servicios.

El desarrollo y el crecimiento sin medida se hace muchas veces en nombre del empleo, de la creación de migajas, de despojos económicos que nadie pide pero que se nos da porque los ideólogos lo necesitan. En época de terrores y de guerras, late, se extiende como una mancha de aceite la guerra despiadada contra lo que nos da la vida y que, por ahora, no se puede defender por sí mismo, el entorno, y el terrorismo ambiental del que se han convertido en colaboradores necesarios y agentes armados empresarios sin escrúpulos, políticos corruptos y otros muchos seres camuflados, silenciosos en todo tipo de administraciones, instituciones o empresas, sean de estudio de impacto ambiental, justicieros de aplicar la injusticia, sesudos universitarios, sindicatos que cantaron "a desalambrar" y, ahora, "vamos a pillar", y hasta ecologistas redimidos por el negocio del medio ambiente o por el sillón o silla decisoria y a buen sueldo en la consejería apropiada de la Comunidad.

A cerrar el Mediterráneo

Ahora le ha tocado el turno a lo que quedaba.

Las constructoras, las inmobiliarias están cerrando el círculo y terminarán de tapiar con apartamentos y hoteles todo el Mediterráneo ibérico. La única franja de costa que quedaba virgen del desarrollo turístico masivo e incontrolado por urbanizaciones y hoteles está situada en el terreno del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. La carrera por destrozarlo es veloz, nada de trotes, y los ayuntamientos que lo gestionan, Almería, Carboneras y Níjar, el consentimiento solapado de la Junta de Andalucía, y la ilegalidad manifiesta están intentando ganar en milésimas de segundo en la "foto fínish" del desmonte más aberrante y la colonización por grúas, camiones, hormigoneras y escombreras que luego se pueden recalificar.

Da la impresión de que ya no hay quien lo pare, de que casi, en realidad, se protegen los espacios para que a continuación sea un reclamo para los especuladores.

Nunca hubo tantas normas y leyes que protegieran determinadas cosas, pero parece que, en el pulso, gana siempre el dinero fácil y los intereses económicos de unos cuantos. En este parque natural, los ayuntamientos piensan que si los de al lado lo pueden hacer por qué no ellos. Así, a imagen y semejanza de lo hecho en otras zonas del Mediterráneo, los planes de urbanismo de los municipios se están saltando a la torera todas las normas de protección del parque. Entre otras protecciones, el Cabo de Gata es Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA), Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM), Lugar de Interés Comunitario (LIC), todas normativas comunitarias, Reserva de la Biosfera por la UNESCO (1997) y parte de la Red Europea de Geoparques (European Geoparks, 2001). Siempre hay una norma anterior a la norma de la norma que puede más que lo estipulado por la Comunidad Autónoma, por el Estado o por la Unión Europea. Y si no es así, si en algún momento una denuncia sale adelante y hay que volver atrás, sencillamente no se aplica la sentencia.

Uno de los casos más aberrantes, es la urbanización con un hotel de 441 habitaciones construido por la promotora Azata, mas otro previsto, encima materialmente de una playa hasta ahora virgen, la de El Algarrobico, en el término municipal de Carboneras y dentro del Parque Natural. Esta misma empresa construirá los correspondientes apartamentos que poblarán de cubos los alrededores de El Algarrobico. Ya no venden las construcciones en primera o segunda línea de playa, sino materialmente sobre ella.

En este caso está, apenas, a 20 metros del arenal, con lo que no se respeta ni siquiera la Ley de Costas de julio de 1988 que establecía un área de protección mínima de 100 metros en las que están prohibidas las edificaciones. El argumento al que se acogen es que todo estaba previsto hacerse antes de 1987, cuando el parque natural aún no existía.

Este municipio, amparándose en un rimbombante y atrevido eslogan "Carboneras Viva", prevé un plan de ampliación urbanística para 20 años con los que pretende fijar la población en unos 20.000 habitantes, ahora tiene 8.000, más unos cuantos miles más temporales por el reclamo turístico. La publicidad de las urbanizaciones previstas se hace, curiosamente, ofreciendo la magia idílica de un entorno que ellos se van a encargar de destrozar.

 

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