Científicos de Barcelona abren una vía para conseguir una vacuna que
cure el sida
Ideal/F.A. 29-04-05
Un preparado diseñado a partir del virus del propio
paciente permite ya reducir en un tercio la cantidad de VIH que hay
en el cuerpo del infectado El desarrollo de esta línea de trabajo
evitaría la medicación de por vida
La lucha contra el sida abrió ayer en Barcelona
una nueva puerta a la esperanza. Un equipo de científicos de la
ciudad ha logrado diseñar una vacuna capaz de controlar en parte el
desarrollo del virus de la inmunodeficiencia humana. El trabajo, que
publica esta semana la reconocida revista científica 'Journal of
Infectious Diseases', la más prestigiosa en el campo de las
enfermedades infecciosas, permite consolidar una nueva vía de
investigación centrada en la búsqueda de remedios que curen la
enfermedad. El grupo catalán ha dado ya con una fórmula que reduce
en un tercio la cantidad de VIH presente en el cuerpo del infectado.
«Lo más importante de todo es que hemos abierto una vía de
investigación, la de las vacunas terapéuticas, en la que muy poca
gente creía hace tan sólo uno o dos años. Ahora esa línea de trabajo
está bien consolidada y habrá que ver a qué ritmo somos capaces de
avanzar». El especialista Josep María Gatell, líder del equipo
investigador y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas del
hospital Clínico de Barcelona, resumió ayer así la importancia del
paso que se ha dado. «Sabemos que es viable, segura y que los
pacientes la toleran bien. Nos queda mejorar el preparado».
Vertientes
La búsqueda de un remedio eficaz contra la enfermedad que ha
infectado ya a cuarenta millones de personas en el mundo tiene, como
en todo tipo de antídotos, al menos dos vertientes. Las vacunas
preventivas son aquellas que evitan que las personas sanas enfermen.
Las terapéuticas, como la que se busca desde el grupo de Barcelona,
funcionan al revés. Sirven para que los enfermos sanen. En el caso
del VIH, el objetivo se centra en conseguir un preparado capaz de
fortalecer el sistema inmunitario de tal modo que las defensas
naturales puedan eliminar el virus del organismo.
El trabajo desarrollado en los últimos años por el Instituto de
Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps) del hospital
Clínico está en la línea de otro de similares características dado a
conocer a finales del año pasado por el investigador francés
Jean-Marie Andrieu. Los dos se han llevado a cabo de manera
paralela, aunque el del país vecino se hizo con 18 pacientes en
lugar de 12 y con seropositivos que todavía no habían probado
medicación antirretroviral alguna. Esta circunstancia contribuyó a
que allí obtuvieran mejores resultados. En ambos casos, los
estudios, aunque esperanzadores, deben continuar y pasará
presumiblemente largo tiempo antes de que sus resultados puedan ser
aplicados en los pacientes.
El proyecto de vacuna presentado ayer se basa en un tipo de células
llamadas dendríticas, que tienen la misión de alertar al sistema
inmunológico de la presencia de posibles infecciones. Cuando
detectan una sustancia extraña, como por ejemplo un virus, la captan
y la procesan, identificando sus partes más importantes. «A
continuación, emigran con ella a los ganglios linfáticos -uno de los
reservorios naturales del VIH- y la presentan a los linfocitos T4,
que son las defensas humanas. De esta manera, si todo funciona como
debe, se activa el sistema inmune», explicó Gatell.
Remedio a la carta
El antídoto de Idibaps está elaborado utilizando virus
inactivo de cada paciente como antígeno, es decir, como la sustancia
capaz de hacer reaccionar al sistema de defensas. El preparado puede
considerarse como un remedio a la carta, porque también contiene
células dendríticas del afectado. Una muestra de sangre del
seropositivo permite obtener unas células llamadas mononucleares
que, debidamente cultivadas en el laboratorio, se convierten en
dendríticas. La vacuna se inyecta luego junto a la axila para que,
cuanto antes, llegue a los ganglios linfáticos y se activen las
células T.
La investigación ha estado dirigida por la inmunóloga Teresa
Gallart, que conocía la técnica por su aplicación en el campo de la
oncología y creyó posible su traslado a la lucha contra el VIH.
«Cuando lo propuso hace años, todos lo vimos con cierto
escepticismo, porque parecía una apuesta factible desde el punto de
vista teórico, pero con un riesgo importante», reconoció José Alcamí,
director del laboratorio de Inmunopatología del Sida del Instituto
de Salud Carlos III, que ha colaborado con el estudio. «Queda camino
por recorrer, pero se ha hecho un trabajo titánico», afirmó.