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Algunas cuestiones en debate sobre los
cultivos transgénicos y sus efectos sobre el ecosistema y la población
Portal del Medioambiente/EcoPortal.net/Alberto
J. Lapolla*. 28-03-05 Su cultivo masivo sólo está autorizado en cinco de
ellos. La Argentina gracias a una resolución del Ingeniero Felipe Solá,
entonces Secretario de Agricultura del ministro Cavallo, autorizó los
cultivos transgénicos, sin ningún estudio previo que avalara tal
decisión. Lo mismo había hecho apenas unos años antes en su país, R.
Reagan, mediante un decreto presidencial, pese a la oposición de los
organismos de control sanitarios y ambientales norteamericanos. Hoy la
transgenia también se expande a usos medicinales e industriales. En una
primera mirada la transgenia parecería una nueva herramienta tecnológica
que viene a resolver problemas existentes y que, como siempre ocurre,
trae aparejada la oposición de quienes se resisten al progreso. Pero la
realidad como siempre es más compleja que lo que parece. Toda la teoría de la transgenia se basa en una
simplificación de la teoría del ADN de Watson y Crick en el sentido de
que cada carácter genético está determinado por una única secuencia de
ADN. No habiendo interferencias de ningún tipo en ello. En un sentido la
nueva genética de la Ingeniería Genética y de las empresas de
biotecnología -que manejan en un 95% la investigación, la inversión y el
patentamiento de estos productos-, se resumiría en el slogan ‘un gen,
una proteína o un gen un carácter’. O peor aun, ‘el ADN es la vida’,
como señalara luego de la muerte de Watson, su colega Francis Crick.
Este ha sido el dogma central sobre el que se apoyó este inmenso negocio
que hoy mueve miles de millones de dólares. Es decir, el ADN no sería
un código de la vida sino la vida misma. Manipular el ADN implicaría
crear vida. El hombre puede ser Dios. El problema reside en que esto no es así, pero
reconocerlo abiertamente implica el derrumbe de un negocio
multimillonario Si bien los genetistas vegetales siempre supimos que
había factores ligados a la herencia de varios genes, que algunos
factores tenían una herencia compleja, que había herencia cuantitativa y
que la idea de ‘un gen un carácter’ no era acompañada siempre por la
práctica, la nueva genética pareció arrasar con esas dudas. Sin embargo
estos mismos hechos y otros nuevos fueron apareciendo ya a partir de los
años setenta. Luego con la realización del Plan del Genoma Humano y su
afortunada exposición pública -por mediación del presidente Clinton en
contra de las empresas biotecnológicas que querían su privatización-
permitió el acceso a la comunidad científica internacional a hechos que
confirmaban claramente esta línea. Es decir la relación entre el ADN, el
ARN y las proteínas no era lineal y unidireccional, sino compleja y
multidereccional. Es decir, la presencia de algunas proteínas inhiben la
acción de algunos genes que están en el genoma, pero que se expresan
sólo en algunas condiciones. Genes a los que un pensamiento utilitarista
y determinista ha llamado indebidamente ‘genes basura’. Simultáneamente
se ha observado también que en conjunto la presencia de algunas
proteínas, hace que algunos genes produzcan determinadas proteínas y no
otras.. En ausencia de esas proteínas los genes producirían otras
proteínas. Es decir otros caracteres. Así de seguido, la enfermedad
conocida como de la ‘Vaca Loca’ complicó aun más las cosas para los
defensores del dogma central, pues en su transmisión de animal en animal
y de estos hacia el humano no participaba material genético, sino
sustancias de origen proteico denominados priones. Esto implica que en
realidad al manipular genes e introducir un gen dentro del genotipo de
otro organismo, no sólo alteramos barreras que la selección natural
construyó durante millones de años, afectando así al ecosistema global
de una manera irreversible y desconocida, -en particular para el plazo
mínimo de los pocos años que requiere un ensayo de objetivos comerciales
inmediatos, como pretenden las multinacionales de la alimentación-,
sino que además estamos afectando más de un carácter del nuevo
organismo. Es probable que se introduzca el carácter de la resistencia
al glifosato por ejemplo, pero también se introducen otros elementos
que desconocemos en su accionar, pero que seguramente afectarán algunos
aspectos vinculados con la síntesis de proteínas. Por lo cual las
enfermedades de allí derivadas para el hombre y los animales se vinculan
con las alergias, el cáncer y las enfermedades inmunodeficientes. Tal
cual se ha detectado en los estudios serios sobre los efectos de los
cultivos trangénicos respecto de salud en el largo plazo. El problema
mayor aquí radica en que estos efectos no son investigados. Por lo tanto
no pueden ser comunicados. Lo que no se investiga no se conoce y por lo
tanto no existe. En este hecho radica la tan mentada -por las
multinacionales de la biotecnolgía, granarias y sus agentes- ‘ausencia
de efectos nocivos de los cultivos transgénicos sobre la alimentación
humana’. Problemas más graves se están reportando con los
clones animales y los individuos obtenidos a partir de la fertilización
forzada. Si bien en este caso no es un tema estricto de transgenia, sí
lo es respecto de la biotecnología y la manipulación de técnicas aun no
debidamente experimentadas en sus consecuencias en el largo plazo. Con
una utilización predeterminada exclusivamente por los beneficios
económicos que de ella derivan. Esta polémica inicialmente sólo llevado adelante por
algunos científicos valientes, como los Doctores Barry Commoner y Mae-Wan
Ho, hoy es un debate abierto en los países del Primer mundo,
particularmente en Europa. Al punto que hace ya varios años se ha creado
el Grupo de Ciencia Independiente que núclea a cientos de científicos
de todo el mundo en una lucha abierta contra el uso indiscrimando e
incontrolado de la transgenia. De tal forma que algunos gobiernos del
Primer mundo inponen limitaciones a los productos trangénicos. De tal
forma las empresas que los producen se refugian en países del Tercer
mundo como el nuestro, donde los científicos están ávidos por recibir
‘ayuda’ financiera. Países donde los estados destruidos por las
políticas neoliberales parecen estar mentalmente incapacitados para
controlar a dichas megaempresas. Una vez más el Tercer mundo hace lo que
algunos miembros del Primer mundo dicen que hay que hacer, transformando
a sus pueblos en laboratorios vivientes, en cobayos humanos para sus
‘investigaciones’ comerciales y en fuentes de gigantescas ganancias por
supuesto Una vez más se trata de hacer lo que ellos hacen y no lo que
nos dicen que debemos hacer. La contaminación transgénica es
irreversible, cuando la salud de nuestra población y nuestro ecosistema
en su conjunto se encuentren afectados de manera insoluble, las
multinacionales seguirán su camino parasitando otros países. Siempre y
cuando la humanidad no haya podido ponerles límites a su insaciable
capacidad depredatoria sobre el ecosistema global, las demás especies,
la especie humana, los recursos, la economía, las libertades, la
cultura, las tradiciones y la vida misma. * Ingeniero agrónomo genetista
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