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España ocupa el puesto 76º en sostenibilidad ambiental mundial, por detrás de 17 países africanos y 21 europeos ABC. 21-02-05 Por detrás de España, tan sólo hay tres países de la Unión Europea que tienen un comportamiento ambiental peor (Polonia, República Checa y Bélgica, si bien no hay datos para Luxemburgo, Chipre y Malta). Esta clasificación es el resultado del Índice de Sostenibilidad Ambiental que dibuja un mapa mundi de 146 países situados según su desempeño en la gestión de los recursos naturales y manejo de los desafíos que plantea el desarrollo industrial. Pero si ya es sorprendente que España esté la cuarta por la cola de la UE, no lo es menos que por delante de ella en el ranking mundial aparezcan países como Gabón, Namibia, Ghana, Myanmar o Mongolia, por citar sólo a algunos de ellos. Y es que la puntuación en este índice sitúa a España en el puesto 76 de un total de 146 países analizados. La situación de España podría resumirse en que, a pesar de tener una alta capacidad para actuar en medidas ambientales y haber avanzado en la reducción de la vulnerabilidad, está retrasada en la gestión de sus recursos naturales y en el control de la contaminación. Este nuevo barómetro ambiental, elaborado por las universidades estadounidenses de Yale y Columbia, combina 21 indicadores de comportamiento ambiental que, a su vez, se dividen en más de 70 variables de estudio. Los primeros en conocer este análisis fueron los líderes políticos presentes en el Foro Económico Mundial de Davos y, a buen seguro, algunos habrán tomado buena nota. «Al destacar a los países líderes y a los rezagados, algo que los gobiernos temen hacer, el Índice de Sostenibilidad Ambiental (ESI en sus siglas en inglés) crea una presión para que haya una mejora en los resultados», afirma Daniel Esty, profesor de Yale y creador del ESI. De Finlandia a Corea del Norte La lista de 146 países va desde Finlandia, en cabeza, hasta Corea del Norte, en último lugar. Y es que los países nórdicos, Uruguay y Canadá ocupan los puestos más altos de la tabla. Exceptuando a Uruguay, estas naciones están altamente desarrolladas y gozan de valiosos recursos naturales, economías fuertes y bajas densidades de población. No obstante, como países industrializados, tienen presiones de polución, pero en general manejan bien sus retos ambientales. Uruguay, por su parte, se sitúa el tercero por razones bien distintas: no está muy industrializado y esto le enfrenta a presiones ambientales relativamente bajas, al tiempo que alguna fuerza económica y la existencia de instituciones políticas y sociales razonablemente buenas le aportan capacidad para actuar, según explican los autores del estudio. En el extremo opuesto de la tabla están Corea del Norte, Taiwán, Turkmenistán, Irak, Uzbequistán y Haití, todos con serios problemas ambientales, pobres respuestas políticas y, a excepción de Taiwán, con una capacidad institucional limitada. Llama la atención que entre los siguientes cinco países peor situados se encuentren Arabia Saudí y Kuwait, los mismos que casi dan al traste con la última Cumbre del Clima de la ONU celebrada en Buenos Aires. Su presencia al final de la tabla, junto al relativamente rico Taiwán, sugiere que el nivel de desarrollo económico de un país no determina exclusivamente su comportamiento ambiental. No obstante, muchas de las naciones que se sitúan cerca del final de esta clasificación sufren el desafío de la pobreza y de gobiernos débiles. Pero mientras es posible identificar a los líderes y a los rezagados y plantear hipótesis sobre sus posiciones en lo alto o bajo de la tabla, es muy difícil analizar los países que se sitúan en los puestos medios del ranking. Países en distintos niveles de desarrollo económico y humano, tamaño y localización obtienen valores en el ESI de entre 40 y 60 puntos sobre 100. Este hecho parece indicar que los desafíos de sostenibilidad se presentan en múltiples formas y combinaciones. La diversidad de las instituciones, incluyendo sistemas económicos, regímenes legales y sistemas de regulación no hacen más que añadir complejidad a esta fotografía del estado ambiental del planeta. En la parte media de la tabla está precisamente España, con una puntuación de 48,8. Es curioso comprobar cómo Indonesia obtiene exactamente el mismo resultado que nuestro país. La explicación, que no disculpa el mal lugar obtenido por nuestro país, está en que mientras España tiene unos sistemas ecológicos sobrecargados, unos niveles de presión ambiental bastante altos a la vez que capacidad más que suficiente para manejar esos males, Indonesia tiene sistemas más fuertes en la base y menos presiones, pero también una menor capacidad institucional para manejar estos desafíos. Alta capacidad de actuar Los autores dividen en siete grupos a los países de acuerdo a una serie de coincidencias en los indicadores. España comparte grupo con otros 16 países: Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Países Bajos, Portugal, Eslovenia, Corea del Sur, Suiza, Taiwán y Reino Unido. Los rasgos comunes son la baja puntuación en el estado de sus ecosistemas y en la gestión de las presiones que hay sobre ellos; baja vulnerabilidad, alta capacidad de actuar y responsabilidad de la administración moderada. Así, en el manejo de recursos naturales nuestro país se sitúa en el puesto 136 de 146, con puntuaciones negativas en todos los indicadores de este apartado. Los peores datos los obtienen los impactos sobre el territorio, con una puntuación de -0,02 frente a 0,43 de la media de su grupo de referencia, y que la sitúa en el puesto 128 del ranking mundial; la cantidad de agua superficial y subterránea disponible por habitante, que es 100 veces menor que la media del grupo y relega a España al puesto 99 de la tabla, y la calidad de estos recursos hídricos (puesto 121). Los otros dos indicadores de este apartado, calidad del aire en las ciudades (puesto 74) y especies amenazadas (131) también arrojan resultados negativos. En cuanto a las medidas para reducir las presiones ambientales nos situamos en el puesto 132. La peor nota se obtiene en la reducción de las presiones sobre el agua (138), que incluye tanto la demanda sobre el recurso como la contaminación por sustancias de la industria y los fertilizantes y pesticidas. Suspendemos también en el manejo de los recursos naturales (142) y en la generación de residuos (116), así como en las medidas para reducir la contaminación del aire (128). En este sentido, no es de extrañar, por tanto, que obtengamos una puntuación negativa en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, cuestión que nos sitúa en el cómputo general en el lugar 71, pero hay que considerar que la gran mayoría de los 146 países de la tabla no tienen obligación de reducir sus emisiones y están ahora desarrollándose.
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