El problema del medio ambiente

Antonio Ruiz de Elvira/ACT. 07-02-05

Hace algún un tiempo surgieron los grupos ecologistas. Una serie de personas en todo el mundo decidieron expresar su preocupación por la destrucción por parte de los seres humanos del ambiente en el que vivimos. Desaparición de especies animales y vegetales, de ballenas, guepardos, del lince ibérico, de los osos, de las águilas, etc.

En una época la preocupación se centró, sobre todo, en ese ataque a la naturaleza que amenaza dejar el planeta como un patio de cemento en el que vivirán los seres humanos y pocas otras especies más, como no fueran ratas y cucarachas. Pero el problema de las demás especies, con ser muy grave, no es el problema. El problema es la especie humana, y esto no se suele dejar muy claro. La especie humana es una más de las especies vivas que habitan el planeta, y por mucho que se quiera imaginar una vida humana aislada del resto de la vida, la realidad hace eso imposible, aparte de hacerlo inapetecible, pues vivir por vivir puede ser el objetivo de nuestros genes, pero no de la capacidad intelectual producida por esos genes: La vida vale la pena ser vivida en unas ciertas condiciones, pero no en otras. Vivimos en una época de catástrofes naturales intensificadas (además de las guerras y epidemias continuas).

Huracanes, tsunamis, inundaciones, vientos, olas de frío y de calor, incendios forestales. Estas "catástrofes" causan pérdidas muy cuantiosas de vidas y de propiedades. Pero no son "catástrofes" a nivel natural. La naturaleza asume sin problemas la desaparición de playas causada por los tsunamis; los incendios forestales naturales se recuperan en ciclos espontáneos; los huracanes derriban árboles pero poco más, las olas de frío o de calor no modifican substancialmente la vida de las regiones en donde ocurren.

Pero los tsunamis causan la muerte de 200.000 personas, los huracanes, de miles de seres humanos, las inundaciones y las olas de frío y calor, las de cientos, y los daños a las propiedades humanas son tremendos. Los problemas ambientales son problemas humanos. Si los hoteles de las playas no estuviesen a un metro sobre el nivel de la pleamar, si las urbanizaciones no se hicieran en primera línea de costa, si en los pueblos de pescadores se hicieran canales para desviar las mareas y maremotos intensos, si los humanos no encendieran fuegos en bosques jóvenes, si los humanos tuviesen un intercambio racional con lo que les rodea, los humanos serán menos vulnerables a las "catástrofes" naturales y aquellas otras que la propia acción humana produce.

El medio ambiente, la tierra, el mar, la vida, el clima, debe ser respetado por si mismo, pero sobre todo debe ser respetado por nuestro propio interés.

Cínicamente se puede decir que en el tsunami de Indonesia "solo" han muerto 200.000 personas, que la economía de Indonesia tendrá mejores resultados este año de 2005 debido, sin duda, a la inyección de dinero de donativos que le va a llegar desde países mas ricos.

La desaparición de las pesqueras no afectará a 200.000 personas, sino a todas las personas del mundo. Si fundimos el hielo de Groenlandia, ciudades como Cádiz y Huelva, como Londres y Nueva York y otras muchísimas más desaparecerán bajo 6 metros de agua y unas olas encrespadas. El daño que estamos haciendo al medio ambiente nos lo estamos haciendo a nosotros mismos ya, ahora. Pero mucho más importante: si se concibe la vida individual no como un miserable intervalo de unos años entre nacimiento y muerte, sino como un episodio importante en una cadena casi eterna que va de padres a hijos, y en conexión con el resto del mundo en que en cada momento vivimos, el daño al medio ambiente es un daño real, directo, a toda nuestra vida, una destrucción de lo que hemos recibido y una destrucción de lo que pasamos a los demás y a los que vienen tras nosotros.

En vez de utilizar nuestra vida, que es una vida recibida, para crear y añadir a lo que ya tenemos, para nosotros mismos, y para aquellos a quienes nosotros damos la vida, estamos destruyendo nuestra habitación, y al destruirla, nos destruimos a nosotros mismos.

El problema del ambiente es un problema nuestro. El problema no lo es para las ballenas, los osos o los pingüinos, con serlo. El problema es para nosotros mismos.

* Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares; además (y de ahí su relación con la construcción), es el Secretario (y profesor) de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura.

 

Página de inicio