Un estudio científico revela que la forma de la Tierra ha
cambiado en los últimos 28 años
Portal del Medioambiente/PNUMA. 08-02-05
Asimismo, estos procesos han cambiado el campo de
gravedad de nuestro planeta. Aunque El Niño es un fenómeno muy antiguo,
su incidencia en la fisonomía del planeta se une a nuevas alertas sobre
la elevación previsible de la temperatura global por encima del punto de
no retorno en los próximos 10 años.
La forma de la Tierra ha cambiado en los últimos 28 años, al igual que
el campo de gravedad de nuestro planeta, debido a determinados fenómenos
climáticos como El Niño, según una investigación realizada en la
Universidad de Texas que publica The Journal of Geophysical Research.
Estos cambios se han producido porque los acontecimientos climáticos han
estado asociados a una redistribución de la masa de agua presente en los
océanos, los continentes o la atmósfera.
Tal como explica al respecto la Nasa en un comunicado, la investigación
se ha realizado utilizando datos facilitados por el Satélite Laser
Ranging (SLR), a través de los cuales se ha apreciado un fenómeno de
aplastamiento en los polos y de ensanchamiento al nivel del ecuador.
El fenómeno de El Niño se viene observando desde 1850. Se presenta hacia
finales de año (entre diciembre y enero), provocando una disminución de
las poblaciones de peces y aves marinas. Es un fenómeno muy antiguo y
por ello no puede asociarse a los efectos de la industrialización o la
deforestación.
Tiene su origen en el grandísimo depósito de agua que es el Océano
Pacífico. El Océano Atlántico e Índico también presentan fenómenos
semejantes al de El Niño, pero al no ser tan grandes como el Pacífico,
no resultan tan notorios.
Oscilación Sur
La recopilación de datos climáticos a escala global, desarrollada
especialmente a partir del siglo XX, ha permitido vincular alteraciones
climáticas cíclicas que ocurren a escala global, con variaciones
significativas del tiempo meteorológico a niveles regionales y locales.
Dentro de estas alteraciones, la más significativa a nivel del
Hemisferio Sur es la conocida indistintamente como "Corriente del Niño",
"El Niño", "fenómeno de El Niño", "El Niño - Oscilación Sur",
abreviadamente ENSO, por las iniciales de El Niño Suthern Oscillation.
El Niño Oscilación Sur (ENOS) es un fenómeno natural de interacción
entre el océano y la atmósfera que ocurre en la región del océano
Pacífico tropical, en forma no periódica, con intervalos que varían
entre los 2 y 7 años, aproximadamente. En este sistema océano -
atmósfera, El Niño corresponde a la componente oceánica y la Oscilación
Sur a la componente atmosférica.
Nuevos datos
Los investigadores de la Universidad de Texas proporcionan ahora nuevos
datos sobre los efectos de este fenómeno y sus oscilaciones, ya que han
observado que un acontecimiento climático tan significativo como El Niño
afecta a la cantidad de agua que se desplaza hacia los océanos, los
continentes y la atmósfera.
Al respecto, estos científicos han constatado por primera vez dos
grandes cambios en el abombamiento de la Tierra a la altura del ecuador,
que están conectados directamente con acontecimientos climáticos severos
como el ENOS.
Pudieron comprobar que durante el fenómeno El Niño, las grandes
precipitaciones asociadas a las aguas más cálidas derivaban en un
aumento de los desplazamientos de agua hacia el Pacífico central, lo que
provocó asimismo una sequía en Australia e inundaciones en Perú.
Parecido al fenómeno ENOS, la oscilación que afecta al Pacífico se
caracteriza por una fluctuación de temperatura a largo plazo en este
océano. La oscilación del Pacífico provoca asimismo otros cambios en la
localización de las masas de agua fría y caliente.
También el campo de gravedad
En consecuencia, se producen periódicamente redistribuciones de masas de
agua presentes en los océanos, los continentes y la atmósfera, según ha
comprobado esta investigación de la Universidad de Texas utilizando los
datos del Satélite Laser Ranging de la Nasa.
Según los investigadores, lo que ha podido verificarse con este
instrumento de observación espacial es que el desplazamiento de masas de
agua a gran escala está asociado a los cambios climáticos globales de
larga duración. Una de las consecuencias apreciables de estos
desplazamientos de agua es que provocan a su vez cambios en el nivel del
campo de gravedad de la Tierra, que también ha sufrido variaciones
significativas en los últimos 28 años.
Con anterioridad a este estudio de la Universidad de Texas, científicos
de la NASA y del Centro Aeroespacial de Alemania habían determinado que
las alteraciones del campo de gravedad terrestre pueden tener una
importante influencia en los cambios del clima en el planeta. Según este
estudio, esa relación se descubrió tras el análisis de datos aportados
durante más de un año por dos satélites del proyecto "Gravity Recovery
and Climate Experiment (GRACE), en el que participan la NASA y el Centro
Aeroespacial de Alemania.
Los resultados de la investigación indicaron que los cambios en la
distribución de agua y masas de hielo podían calcularse a través de una
medición de las variaciones que se registran en el campo de gravedad de
la Tierra. Puestos en órbita en marzo de 2002, los satélites de GRACE
miden los cambios de la gravedad a través de los que sufre la masa
terrestre.
Alertas múltiples
Estas investigaciones se suman a otras que incrementan las señales de
alerta sobre la rapidez con que se producen los cambios naturales y su
relación con los fenómenos climáticos, ya sean naturales o relacionados
con la acción humana. Se ha dicho también por ejemplo que el tsunami
asiático cambió la fisonomía de la Tierra, haciéndola más redonda, según
Live Science.
Casi coincidiendo con la divulgación del estudio de la Universidad de
Texas, el Instituto Británico de Investigación sobre las Políticas
Públicas publicaba su último informe con conclusiones preocupantes: el
punto de no retorno en el calentamiento del planeta podría alcanzarse
mucho antes de lo previsto hasta ahora: dentro de diez años.
Este punto de no retorno se sitúa dos grados por encima de la
temperatura media del planeta en 1750, es decir, antes de la revolución
industrial. Desde entonces, la temperatura media del planeta ha subido
0,8 grados.
El informe señala que si se sobrepasan esos dos grados críticos, las
consecuencias serían graves: grandes sequías, escasez de agua,
desaparición de bosques, dificultades para cultivos agrícolas, subida de
los niveles del mar y recrudecimiento de algunas enfermedades.
Hasta 11 grados, según otro modelo
No es la única señal de alarma de los últimos días. Un estudio realizado
conjuntamente por 95.000 personas de 150 países que conectaron en red
sus ordenadores para ampliar los efectos de la investigación, señala que
el aumento de las temperatura global como consecuencia del efecto
invernadero puede situarse entre los 2 y 11 grados C, frente a los 2-6
grados aceptados hasta ahora.
La investigación, realizada con el apoyo de un programa informático que
cualquiera puede bajar de Internet, ha sido publicada por la revista
Nature y se basa en un modelo de evolución del clima. El hecho de que
estas conclusiones se basen en un modelo relativiza la validez de sus
escenarios, pero no deja de constituir por ello un elemento más de
reflexión sobre el estado del planeta.