Cumbre del G-8: LOS LÍDERES DE LAS POTENCIAS MUNDIALES ANUNCIARON UN ACUERDO NO VINCULANTE PARA FRENAR EL CAMBIO CLIMÁTICO

Ecoestrategia-Agencias. 07-06-07

El escudo anti misiles le restó importancia al calentamiento de la Tierra como tema central de la reunión.

 

Visiblemente satisfecha, la canciller alemana, Ángela Merkel, anunció que los líderes del G-8 (grupo de naciones conformado por las siete potencias económicas del mundo: Alemania, Francia, Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Italia y Canadá, más Rusia) habían llegado a un acuerdo para frenar el cambio climático, mediante un compromiso internacional bajo el amparo de las Naciones Unidas.

 

Aunque la anfitriona de la reunión del G-8, que se celebra desde ayer y hasta el viernes en el balneario báltico de Heiligendamm, calificó de "gran éxito" el acuerdo alcanzado para reducir a la mitad la emisión de gases de efecto invernadero de aquí al año 2050, los ecologistas respondieron que se trataba de un “compromiso ridículo”.

 

"Es menos que poco", afirmó el experto en clima de Greenpeace Jörg Feddern, aclarando que se trata de una “declaración política vacía de contenido y en ningún caso vinculante”, que no presenta ningún tipo de cifras concretas y que por lo tanto no puede calificarse de éxito.

 

La lucha contra el cambio climático debía haber sido el tema central de la cumbre del G-8, sin embargo, la disputa entre estadounidenses y rusos por la colocación de un escudo antimisiles por parte de los primeros ha hecho revivir fantasmas de la Guerra Fría que ya se creían superados.

 

Aunque oficialmente no aparece en la agenda de la reunión el tema del despliegue en Europa del escudo antimisiles de Estados Unidos, el plan del Gobierno de George Bush ha provocado advertencias de Rusia en el sentido de que reorientará hacia Europa central parte de su defensa estratégica, si Washington persiste en su empeño.

 

La actual presidenta de la Unión Europea y canciller alemana, Ángela Merkel, preveía presentar al final de la cita un documento con dos acuerdos, que incluía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 50 por ciento en 2050, respecto a indicadores de 1990. Asimismo pretendía mejorar un 20 por ciento la eficiencia energética en 2020, todo ello bajo el auspicio de Naciones Unidas (ONU).

 

Sin embargo, James Connaughton, asesor del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, declaró a la prensa que su país se opone al objetivo de disminuir en dos grados la temperatura global, y se atrevió incluso a asegurar que naciones como Japón, Rusia y Canadá, también difieren sobre el tema.

 

La historia se repite

 

Ya en 2005, cuando los líderes del G-8 intentaron establecer nuevos objetivos para combatir el cambio climático en la cumbre celebrada ese año en Gran Bretaña, Estados Unidos estuvo en contra. Dos años después, a pesar de los cada vez más alarmantes estudios científicos al respecto, el mayor contaminante mundial parece estar adoptando la misma posición en el encuentro de Alemania.

 

Activistas y analistas creen que el gobierno de George W. Bush tiene una marcada tendencia aislacionista en materia de cambio climático que contrasta con la política de sus pares del G-8, según los cuales el fenómeno constituye un "serio desafío" para el planeta.

 

Bush se ha resistido a las presiones del opositor Partido Demócrata y de organizaciones ambientalistas de su país, y rechazó una propuesta europea para establecer nuevos límites a las emisiones de gases de efecto invernadero para las naciones industrializadas.

 

Documentos reservados divulgados por la prensa indican que, durante las negociaciones que antecedieron la cumbre, los europeos intentaron persuadir a Washington de cambiar su posición, pero fracasaron en el intento.

 

Los negociadores estadounidenses han insistido en realizar cambios drásticos al proyecto de declaración final de la presente cumbre de Heiligendamm, en el cual los representantes alemanes, proponen un acuerdo para contener el aumento de la temperatura promedio del planeta, para este siglo, a dos grados.

 

También los europeos plantearon reducciones del 50 por ciento en las emisiones de gases invernadero para el año 2050, respecto de las de 1990, así como un aumento de al menos 20 por ciento en la eficiencia energética.

 

Pequeña esperanza de entendimiento

 

El Protocolo de Kyoto, acordado en 1997 en esa ciudad japonesa, requiere que los países más industrializados del mundo, que juntos representan alrededor de 45 por ciento de las emisiones globales, reduzcan 5,2 por ciento sus emisiones de gases invernadero para 2012 respecto de 1990.

Aunque Estados Unidos es responsable de al menos 25 por ciento de las emisiones, no está obligado a cumplir con ese requisito porque retiró su firma del tratado en 2001, apenas Bush se hizo cargo de la presidencia.

 

Los negociadores de Estados Unidos rechazaron de plano los pasajes del proyecto de declaración de esta cumbre del G-8 según los cuales el cambio climático "se está acelerando y dañará seriamente a nuestro entorno natural común".

 

Además, se negaron aceptar que "se necesita urgentemente una acción resuelta" y que "estamos profundamente preocupados por los últimos hallazgos confirmados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)", red mundial de científicos dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

Este año, el IPCC, integrado por más de 1.000 expertos, presentó tres voluminosos informes que advierten que, de no tomarse acciones drásticas, se elevará el nivel del mar, habrá inundaciones devastadoras, escasearán los alimentos y se extinguirán miles de especies de flora y fauna.

A pesar del hábito del gobierno de Bush de mantenerse al margen de acuerdos de la ONU y firmar tratados bilaterales como alternativa a los multilaterales, algunos observadores confiaban en que habría, como finalmente ocurrió con la declaración de intenciones, coincidencias con los pares europeos.

 

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