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Una gran tormenta solar bombardea la Tierra y altera las comunicaciones LUIS ALFONSO GÁMEZ/MADRID El tráfico aéreo se reduce un 10% en Alemania.Los ocupantes de la ISS se refugian en la popa del módulo 'Zvedza', donde el blindaje es más grueso Algunos aviones desaparecieron unos segundos del radar en Alemania, se vieron auroras boreales hasta en California y un satélite japonés de telecomunicaciones quedó fuera de servicio temporalmente. La Tierra sufrió ayer el choque de miles de millones de toneladas de materia solar que había salido despedida de la estrella un día antes. La nube de partículas eléctricas tardó menos de veinticuatro horas en recorrer los 150 millones de kilómetros que separan al Sol de nuestro planeta y, cuando lo alcanzó, provocó una tormenta magnética de magnitud G-5, la máxima. El telescopio espacial 'Soho' detectó la erupción el martes al mediodía. Fue entonces cuando, en una mancha situada en el hemisferio sur del Sol conocida como región activa 486, se registró una fulguración a la que siguió la expulsión de materia directamente hacia la Tierra. La nube de partículas era trece veces más grande que nuestro planeta. Una fulguración es una corta e intensa emisión de energía de origen magnético que puede abarcar todos los campos del espectro, desde ondas de radio hasta rayos gamma, y que tarda en llegar a la Tierra los 8 minutos luz que nos separan del Sol. «Una de tamaño medio podría proporcionar la potencia consumida en Estados Unidos durante 10.000 años», explicaba ayer a este periódico Inés Rodríguez Hidalgo, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). El 'Soho', desactivado El fenómeno de anteayer estuvo acompañado de lo que los expertos conocen como una emisión de masa coronal, una erupción de partículas cargadas eléctricamente que salen disparadas al espacio. Fue clasificado como una fulguración del tipo X17, donde la 'X' corresponde a una fuerte explosión -la 'C' a débil y la 'M' a moderada-, más intensa cuanto más alto es el número. «Se ha tratado de la tercera más importante de los últimos treinta años». La más intensa, una X20, data del 2 de abril de 2001, pero no lanzó materia hacia la Tierra, algo que sí hizo la del 16 de agosto de 1989, una X15 que dejó a oscuras a seis millones de canadienses durante nueve horas. «La nube se dirige hacia nosotros como un tren de mercancías a toda velocidad», decía el martes John Kohl, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian. La velocidad real era mucho mayor que la estimada por los expertos, quienes habían pronosticado que la tormenta magnética se desataría hoy. Se adelantó un día. La NASA y la ESA desactivaron antes instrumentos del telescopio 'Soho', para evitar que sufriera daños, algo que también hicieron compañías operadoras de satélites. El impacto de las partículas, que viajan a millones de kilómetros por hora, puede agujerear los satélites y desviarlos o hacer que caigan hacia una órbita más baja. Además, una tormenta magnética como la de ayer -los expertos creen que la inestabilidad puede durar varios días- es capaz de provocar apagones, chispazos en oleoductos y gaseoductos, interrupciones en las comunicaciones por radio y telefonía, interferencias en las emisiones de televisión... En Alemania, los problemas de comunicación con los aviones de línea obligaron ayer a reducir la frecuencia de vuelos en un 10%. En España, el tráfico aéreo no se vio afectado. «Nosotros no tenemos nada que temer», indica Rodríguez Hidalgo. Protegidos por la magnetosfera, lo más que nos puede pasar en la superficie terrestre es que la vida sea un poco más incómoda que lo habitual durante unas horas. En la Estación Espacial Internacional (ISS), Michael Foale y Alexándr Kaleri se tuvieron que refugiar en popa de 'Zvedza', donde el blindaje es más grueso, cuando la plataforma pasaba por zonas de alta radiación. Peor lo tienen en California, donde el disfrute de las auroras boreales contrasta con el riesgo de que fallen los satélites y los sistemas de comunicación vitales en la lucha contra el fuego.
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