«Es absurdo que se recicle una botella y no la energía, algo esencial»

ABC/BERNARDO SAGASTUME/CANARIAS. 17-08-06

La última aventura imaginada por Alberto Vázquez-Figueroa no transcurre durante la conquista de América ni en los desiertos de África. No acabará en las páginas de un best-seller ni en el celuloide de un largometraje, sino, por el contrario, en una gran obra pública que promete ser una posible solución a un mal creciente en España y en el resto del mundo: la escasez de agua.

La última aventura imaginada por Alberto Vázquez-Figueroa no transcurre durante la conquista de América ni en los desiertos de África. No acabará en las páginas de un best-seller ni en el celuloide de un largometraje, sino, por el contrario, en una gran obra pública que promete ser una posible solución a un mal creciente en España y en el resto del mundo: la escasez de agua.

La última aventura imaginada por Alberto Vázquez-Figueroa no transcurre durante la conquista de América ni en los desiertos de África. No acabará en las páginas de un best-seller ni en el celuloide de un largometraje, sino, por el contrario, en una gran obra pública que promete ser una posible solución a un mal creciente en España y en el resto del mundo: la escasez de agua.

La última aventura imaginada por Alberto Vázquez-Figueroa no transcurre durante la conquista de América ni en los desiertos de África. No acabará en las páginas de un best-seller ni en el celuloide de un largometraje, sino, por el contrario, en una gran obra pública que promete ser una posible solución a un mal creciente en España y en el resto del mundo: la escasez de agua.

El novelista tinerfeño residente en Lanzarote aguarda con gran optimismo que se concrete por primera vez la construcción de una planta desaladora basada en la tecnología por él patentada y que permitiría obtener agua potable por un precio casi insignificante. La provincia de Almería (Andalucía) ha sido el lugar elegido y será llevada a cabo por la Sociedad Estatal de Aguas de las Cuencas Mediterráneas (Acuamed), que cuenta con los derechos sobre la patente de Vázquez-Figueroa.

«Si bien depende de cuánta gente se ponga a trabajar en ello, creo que, una vez empezada la obra, en un año y medio la planta puede estar lista y funcionando», sostiene el escritor. Eso significará que se produzca «a menos de diez céntimos de euro el metro cúbico de agua, un valor irrisorio». Pero no sólo se tiene en cuenta la producción de agua, sino que el sistema apunta a un aprovechamiento racional de la energía eléctrica.

«Es absurdo que se nos diga que debemos reciclar las botellas, pero nada se hable de la energía, que es algo esencial», afirma. El sistema, llamado de ósmosis inversa, funciona consumiendo la electricidad ociosa que producen las generadoras durante la noche. Con ella, se impulsa el agua del mar y se la lleva a un depósito, a unos 500 metros de altura. Durante el día, en la hora punta de consumo, se la deja caer. Este simple hecho hace que la mitad del volumen se vuelva agua dulce.

Además, al mismo tiempo que cae, mueve unas turbinas «que recuperan el 70 por ciento de la energía eléctrica utilizada durante la noche, con la diferencia de que lo hace a la hora de mayor demanda». El convencimiento del escritor le lleva a afirmar que el sistema es «estúpidamente simple» y que por ello «ya nadie se atreve a decir que no; es una cosa que entiende un niño».

En Canarias hay varias plantas desaladoras que abastecen a la población, pero Vázquez-Figueroa encuentra en las suyas la ventaja de que «no necesitan impulsar el agua con turbina y por ello son más baratas, además de que no crean salmuera, como las que se usan en Las Palmas, por ejemplo».

 

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