Terrorismo forestal

IDEAL/PEDRO VILLALAR. 11-08-06

Algunas de las definiciones del terrorismo clásico cuadran perfectamente al caso gallego, ya que parece probado que existe un impulso incendiario, destructivo, más o menos organizado que se dispone a convertir la región en una tea y a sembrar el pánico en la sociedad civil.

Es manifiesto que hoy por hoy no sabemos quiénes están detrás de tal iniciativa criminal ni quiénes son sus ejecutores materiales, pero sí tenemos la certeza de que la inmensa mayoría de las muchas docenas de fuegos son intencionados. Lógicamente, ha de descartarse por razones de sentido común que semejante crisis haya sido provocada por enfermos mentales, por 'pirómanos'. Tales patologías son muy raras y escasamente contagiosas.

Así las cosas, le perentoria necesidad de apagar los fuegos se une a la de impedir otros nuevos, para lo que resulta indispensable desentrañar la trama incendiaria, sacar a la luz a estos terroristas que presumiblemente actúan por algún ignoto, o no tan ignoto, interés material, y aplicarles con toda contundencia la batería legislativa que ya hemos establecido para sancionar a los elementos antisociales que traen consigo la muerte y la desolación.

 

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