Medusas

IDEAL/JESÚS POZO.09-08-06

El sábado pasado estaba la playa de San José como nunca. El que fuera primer fin de semana de agosto, el cierre a los coches de las playas del Parque y las ganas de bañarse en aguas cristalinas provocó una afluencia de visitantes como casi nunca se había visto. Ya hay quien se echa las manos a la cabeza por lo que pueda ocurrir en San José el puente del día 15, porque se prevé un atasco monumental.

Vuelvo al sábado pasado. No recuerdo haber visto ningún verano en la playa de San José, desde La Calilla hasta el Cerro Enmedio pasando por La Pava, a una multitud igual en la orilla mirando al mar con tanta incredulidad. El mar estaba lleno de medusas de entre tres y cinco centímetros, marrones y con ganas de picar. No eran los esporádicos 'globos' que todos conocemos de niños y que hacían apariciones muy esporádicas.

Miles de bañistas se apostaban en la orilla y algunos se atrevían a jugar con el riesgo adentrándose en el mar. El día, para la mayoría, se empleó en la pesca de medusas. Con esa extraña solidaridad y trabajo en equipo que se produce espontáneamente entre los veraneantes cuando se rompe la rutina, empezaron todos a una a sacar de la mar los bichos enemigos y a enterrarlos en la arena. Para los niños fue una completa juerga a la vez que una enorme lección de ciencias naturales que no van a olvidar en su vida.

Pero aquello era como lo de San Agustín y el agujero en la playa para meter todo el agua del mar. Era imposible. Parecía que cuántas más medusas se sacaban y enterraban, más soltaban las olas.

Lo de las medusas está siendo el asunto del verano y han corrido ríos de tinta sobre ellas, y sobre las causas que provocan año tras año un aumento tan considerable de estos organismos en nuestras costas. Yo mismo he realizado algún reportaje sobre el tema en el que varios expertos achacan este grave problema a asuntos medioambientales como la desaparición de los predadores (atunes y tortugas); al cambio climático con el correspondiente aumento de la temperatura en el Mediterráneo y al considerable y constante vertido de desperdicios generados por el ser humano en el mar.

Por esto me sorprendieron las declaraciones de José Guirado, director general de Gestión del Medio Natural de la consejería de Medio Ambiente y ex director del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, que aunque reconocía que el aumento de la temperatura en el mar era causa principal, hablaba de ausencia de vertidos 'históricos' en la costa de Almería; y aseguraba que es la naturaleza con la ayuda del viento de Levante la que hace que las medusas vengan en esta época del año hacia las aguas del interior.

Supongo que lo que Guirado hace es advertirnos de que a partir de ahora nos vamos a tener que acostumbrar todos los veranos a convivir con estos molestos organismos. También intuyo que lo que quería decir, como gestor del medio Natural, es que las costas de Almería están limpias y sanas, y que todo esto se lo debemos al resto de provincias y naciones del Mediterráneo que ensucian más que nosotros y provocan que ahora nos lleguen las medusas que años atrás eran meras anécdotas. Habrá que esperar pues, sentados en la arena, a que la Humanidad decida dejar de calentar el mar y se regeneren atunes y tortugas. Paciencia pues, porque parece que, como siempre, la culpa es de los demás.

 

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