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Medusas, problema sanitario La invasión de medusas en las playas del litoral mediterráneo que en esta temporada está resultando particularmente intenso y perjudicial no es un fenómeno nuevo ni debería confundirse en pleno síndrome de calentamiento global como un aviso de futuras catástrofes climáticas. Pero la constatación de ambas premisas con seguridad no sirven de consuelo para las decenas de miles de bañistas y para las localidades costeras, especialmente de Granada, Almería y Málaga, que están soportando estas semanas la nociva presencia de esta especie marina. Las playas levantinas y sobre todo las andaluzas todos los veranos reciben tan molestos visitantes, aunque no se había conocido en la cantidad y con la permanencia que se registra estos días. Por ello la presencia de medusas ha dejado de ser un suceso anecdótico que se combate con procedimientos domésticos para merecer la consideración de preocupación colectiva en el orden sanitario, de seguridad y económico. No resulta, así, exagerada aunque sí algo tardía, la decisión de la Dirección Nacional de Protección Civil haya decidido dar una alarma general con recomendaciones públicas sobre el modo de hacer frente a este problema que, no obstante, la mayoría de los ayuntamientos costeros vienen afrontando prohibiendo, incluso, el baño en algunas playas. Por desgracia, ante una invasión tan masiva no cabe otra cosa que evitar el contacto con las medusas, es decir, privarse del baño, un coste nada anecdótico si se prolonga a lo largo de los días y en familias con hijos pequeños que han escogido el mar como lugar de vacaciones. Otros efectos colaterales, que hasta ahora no han sido apreciables, tendrían que ver con la disuasión a los turistas para acudir a las localidades más afectadas. En cualquier caso, dado que todo indica que invasiones como la de este verano se repetirán en próximos periodos estivales, no estaría de más que los poderes públicos y el sector privado se aplicaran a la búsqueda de posibles remedios que paliaran los efectos de la invasión de medusas que también afecta a la ribera francesa del Mediterráneo y a zonas costeras del Atlántico en Europa y África. Sus orígenes, pendientes de más concreción, los relacionó hace veinte años un estudio de Naciones Unidas con la subida de la temperatura de los mares y la disminución de especies como la tortuga o el atún, depredadores de las medusas. Un país como España, con tanto litoral, con tanta vocación marinera y con su primera industria, el turismo, tan ligada al disfrute de las playas, debería estar en primera línea en la investigación sobre fenómenos de esta naturaleza.
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