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Un mar de gelatina IDEAL/INÉS GALLASTEGUI. 05-08-06 La desaparición de los depredadores, el calentamiento del agua, la sobreexplotación de los ríos y la contaminación por materia orgánica favorecen la 'plaga' de medusas. Quizá las medusas no sean un castigo divino por nuestros pecados, pero hay que reconocer que la mano humana se encuentra en el origen de esta 'plaga' que tanto abominamos. Los expertos coinciden en que el calentamiento global, la contaminación, la urbanización del litoral y la sobreexplotación de los recursos naturales están detrás de la llegada a nuestras playas de estos viscosos animales, que amenazan con arruinar los atractivos de numerosos destinos turísticos. El año pasado fue la costa de Granada y éste, la de Almería. Pero las tornas pueden cambiar en cualquier momento; en concreto, tan pronto como un temporal de levante o de poniente las empuje hacia la playa. Carlos Norman, jefe del servicio de Desarrollo Pesquero de la Delegación de Agricultura y Pesca de Granada, explica que, aunque el Mediterráneo está más afectado, por ser un mar más pequeño, las 'plagas' de medusas son «un fenómeno global». El biólogo explica que hay «cuatro grandes causas» de la proliferación de estos animales. La primera es la progresiva desaparición de sus depredadores, sobre todo grandes peces -como los peces luna y los túnidos- y tortugas bobas. La segunda, el incremento de la temperatura del agua marina, que el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente cifra en dos grados en el Mediterráneo a lo largo del último decenio. Sin embargo, matiza el profesor asociado de la Facultad de Ciencias del Mar de Cádiz, la temperatura media en la costa almeriense y murciana ha subido este año en torno a los cuatro grados. «A eso hay que añadirle -recuerda Norman- que la cuenca del Mediterráneo tiene una tasa de renovación más baja, porque es un mar cerrado: sólo entra corriente desde el Atlántico». Los emisarios de todos los países ribereños vierten -aparte de otras muchas sustancias contaminantes- grandes cantidades de materia orgánica. Eso favorece la proliferación de fitoplancton y zooplancton, que a su vez sirve de alimento a las medusas. Carlos Norman explica que esas tres causas -alta temperatura del agua del mar, ausencia de depredadores y gran cantidad de alimento- facilitan la reproducción de las medusas. Sin embargo, recuerda que, habitualmente, estos bichos permanecían a una distancia de entre 10 y 20 kilómetros de la costa, por tanto lejos de los bañistas. La cuarta causa de la 'plaga' es la que empuja a estos animales por miles hacia tierra. «En el litoral se está construyendo mucho y se demandan servicios e infraestructuras que necesitan agua. Se han regulado muchas cuencas de ríos que aportaban agua al mar». El agua dulce, fría y con sedimentos establecía una barrera natural que mantenía a las medusas alejadas. Como ejemplo, Norman recuerda que, en Granada, hace sólo diez años el río Guadalfeo vertía agua al mar; ya no lo hace. La sequía sólo agrava la situación. Por otro lado, comenta el biólogo, las medusas se mueven básicamente arrastradas por la marea y las olas, por lo que un cambio en el viento o la entrada de una corriente fría que desplace a las masas de agua caliente hacia la costa son suficientes para producir la temida 'plaga'. Mil especies tóxicas Las medusas son escifozoos y pertenecen al grupo de los cnidarios -'cnida' significa 'ortiga' en griego-, junto a los antozoos (corales y anémonas), cubozoos (cubomedusas) e hidrozoos (pólipos). Hay catalogadas cerca de 10.000 especies y sólo unas 1.000 resultan tóxicas para el hombre. Carlos Norman explica que la medusa está compuesta de tres partes principales: la umbrela (en forma de champiñón, campana o paraguas), los brazos orales, que rodean la boca, y los tentáculos urticantes. Aunque son capaces de propulsarse mediante movimientos de la umbrela, la 'natación' de las medusas es muy lenta y su movimiento está casi siempre asociado a las corrientes marinas. Los tentáculos y la umbrela están cubiertos de cnidocistos o nematocistos, células urticantes en forma de cápsula que se abren y clavan los filamentos cuando la medusa contacta con una presa... o un bañista desprevenido. El veneno puede matar a un pez pequeño y en seres más grandes, como los humanos, suele causar fuerte dolor y picazón. La gravedad de los síntomas en las personas varía en función del lugar del cuerpo donde se produce la 'picadura': la piel de las palmas de manos y pies es más gruesa, mientras que en la cabeza y el dorso el veneno entra antes a la corriente sanguínea. Hay que tener especial cuidado con los niños y con los alérgicos. La especie de medusa más abundante en el Mediterráneo es la 'Pelagia noctiluca', conocida popularmente como aguamala o violeta. 'Pelagia' hace referencia a que toda su vida -incluida la fase de la reproducción- transcurre en el piélago (masa de agua) y nunca se posa en el fondo; 'noctiluca' alude a que es fosforescente en la oscuridad. La umbrela de la 'Pelagia noctiluca' mide entre cinco y diez centímetros de diámetro, por lo que se trata de una medusa relativamente pequeña. Hay que tener en cuenta que hay especies enormes, con tentáculos de hasta 20 metros de longitud, y algunas son capaces de matar a un ser humano, como la 'Carabella portuguesa'. Junto a la aguamala, las especies más abundantes en España son la 'Chrysaora hysoscella', la 'Cotylorhiza tuberculata' y la 'Rhizostoma pulmo'. La reproducción de la 'Pelagia' es sucesivamente sexual y asexual. Los ejemplares machos vierten en el agua sus espermatozoides y las hembras, sus óvulos. Se juntan en el agua y dan lugar a un huevo, un embrión y, finalmente, a una larva microscópica capaz de desplazarse en el agua. Después, deriva en una forma pólipo capaz de reproducirse asexualmente, es decir, por fragmentación. El ciclo vital de la 'Pelagia noctiluca' es anual. En primavera llegan a la edad adulta, durante el verano se dedican a la reproducción y a finales de agosto empiezan a morir. Se suele apreciar en que las pintitas violáceas o rosadas que adornan su cuerpo se oscurecen. Sin embargo, no hay que confiarse: las medusas 'pican' incluso muertas. EN CASO DE 'PICADURA'
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