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Una décima parte de la provincia de Almería está pendiente de reforestación IDEAL/MÍRIAM BUIL/ALMERÍA. 01-08-06 La agricultura, la minería o los incendios han provocado que desaparezca la vegetación de 90.000 hectáreas. La recuperación de la cubierta puede llevar cientos de años. De las 877.400 hectáreas de extensión que tiene la provincia de Almería, se calcula que entre 90.000 y 100.000 están pendientes de reforestación. Actividades humanas recientes, como la minería o la agricultura, o históricas, como las guerras, además de los incendios, han hecho que desaparezca la cubierta vegetal de estas tierras, que pueden tardar en recuperarse cientos de años. Un equipo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Almería ha desarrollado una metodología para acometer estas restauraciones con mayor garantía de éxito, utilizando especies locales especialmente beneficiosas. Uno de los integrantes de este equipo es Francisco Pugnaire, investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería, explica que en la provincia almeriense se están abandonando muchas tierras, sobre todo provenientes de la agricultura extensiva. Aunque existe un proceso natural de recuperación de las cubiertas vegetales originarias, «el proceso es muy lento, y podemos ayudar». La recuperación se puede llevar a cabo sobre tierras forestales, para mejorarlas, o sobre las llamadas tierras marginales o abandonadas, para restaurar lo que había antes de que se cultivaran. Estas últimas son las prioritarias, porque, como indica Francisco Pugnaire, «en ellas la productividad es muy baja». Los beneficios de la restauración de la cubierta no son una cuestión de estética, sino que van mucho más allá. Entre ellos se cuentan asuntos nada baladíes, como la captación de agua para los acuíferos, el aumento de las precipitaciones, una menor erosión, el aumento de los nutrientes del suelo, o un incremento de la fauna, incluida la población de polinizadores, tan importantes para cultivos como los almendros o las hortalizas. Los terrenos que se restauran, y que en la década de los 90 ocupaban unas 21.000 hectáreas, suelen ser de propiedad privada, según explica el experto de la Estación Experimental. El propietario puede solicitar una subvención pública por el lucro cesante -es decir, el dinero que deja de ganar al no cultivar la tierra-, para lo cual debe comprometerse a reponer las plantas que vayan muriendo. Los trabajos se encargan a empresas privadas, que realizan la labor cumpliendo la normativa andaluza. Mejora Precisamente esta norma estuvo en el origen de los estudios realizados por este grupo de investigadores. Explica Francisco Pugnaire que con su trabajo han querido «mejorar las tareas de reforestación, porque es curioso que se apliquen en Almería las mismas normas que en Jaén o en Córdoba», cuando en la provincia almeriense son mayoría las zonas áridas, lo que «dificulta el trabajo». De hecho, se estima que mientras la recuperación en zonas más húmedas puede tardar «50 o 60 años, en Almería el proceso lleva al menos 200 o 300». «Al aplicar las mismas especies para toda Andalucía, se dan formaciones un poco extrañas, como encontrar en pleno desierto de Tabernas intentos de reforestar con especies de montaña; cualquiera comprendería que el bosque tropical está en los trópicos y no se puede llevar al ártico, y así no se puede entender que haya un bosque cerrado en zonas tan áridas: cada zona tiene su vegetación», asevera Pugnaire. La consecuencia es que «la mayoría de estos intentos de reforestación fracasan». «Hace muchos años se plantó en la Sierra de Los Filabres un pinar, que agarró bien», cuenta este experto, «pero se está muriendo ahora». Así, los cálculos realizados por este equipo apuntan que con la ola de calor que hubo en 2003 se murieron todas las plantas que se habían plantado ese mismo año, el 50% de las que se pusieron en 2002, y algunas de las que se habían plantado en 2001. Por ello, el equipo ha redactado un informe en el que proponen utilizar especies arbustivas locales -retamas, azufaifos, genistas- para restaurar las zonas abandonadas, junto a especies de arbustos y árboles que, según las investigaciones, «benefician a las plantas que hay cerca de ellas, porque proporcionan nutrientes, agua, sombra, o protegen en algunos casos de herbívoros».
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