La desertización amenaza al 22,3 por ciento del territorio

MÁLAGA HOY. M. RAMOS. 17-06-06

Los suelos se empobrecen en Andalucía a un ritmo alarmante, según el Ministerio de Medio Ambiente. El 22,3 por ciento del territorio de la comunidad corre un riesgo alto o muy alto de sufrir la desertificación. Numerosas organizaciones e instituciones han incidido, ante la celebración hoy del Día Mundial de lucha contra la Desertización y la Sequía, en la amenaza que supone para la humanidad la erosión del suelo. Entidades ecologistas como Greenpeace o Adena dan por válidos los datos del departamento de Cristina Narbona, aunque desde la Junta de Andalucía bajan la cifra hasta el 15 por ciento del territorio con un riesgo alto o muy alto. Andalucía se sitúa en el noveno puesto de comunidades con mayor riesgo de desertificación. Por delante están regiones como Murcia, Valencia y Canarias.

Junta y Ministerio sí coinciden en señalar a Málaga, Granada y Almería como las provincias más afectadas, a lo que hay que sumar el valle del Guadalquivir. La Consejería de Medio Ambiente prepara una modificación del Plan Andaluz contra la Desertificación –para adaptarlo a los cambios que ha traído la nueva normativa comunitaria de ayudas a la agricultura– y el Ministerio anuncia la inversión de 20 millones de euros en tres años en Andalucía para intentar poner freno al empobrecimiento de suelos.

La diferencia en los datos que maneja el Gobierno autonómico y el Estatal viene motivada por los factores que se tienen en cuenta a la hora de medir el riesgo de desertificación. El Ministerio maneja los parámetros tradicionales, mientras que la Junta no cuenta con los mismos factores ya que entiende que los que pueden originar desertificación en el Tercer Mundo, pueden ser puntos perfectamente superables en Occidente. Así, no se cuentan por ejemplo los incendios forestales –"que no tiene por qué dar lugar a una pérdida de capacidad de producción del suelo", aclara Juan Carlos Costa, jefe del servicio de Restauración Ambiental de la Consejería– o la construcción, porque no se pierde productividad del suelo, sino que directamente desaparece. Costa, frente a mensajes "ecocatastrofistas", aclara que con la desertificación en el primer mundo no se trata ya de hablar de cantidad de suelo sino de "cualidad" del suelo.

Los datos permiten ser optimistas a la Junta, las pérdidas altas de suelo en Andalucía han pasado del 9,10 por ciento en 1996, al 3,90 por ciento en 2004.

Aun así, Juan Puigdefábrega, de la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC en Almería, dictamina las causas por la que Andalucía continúa perdiendo suelo: las nuevas explotaciones agrarias de regadío (sobre todo los campos de olivares y almendros), el abandono de los cultivos tradicionales en la sierra y el crecimiento urbanístico. "Andalucía vive un proceso de desertificación activa del que en muchas ocasiones aún no hemos vistos los efectos, y otra heredada, de la que ya estamos viviendo las consecuencias ambientales y económicas", aclara Puigdefábrega.

Del nivel de degradación de las tierras dependerá las soluciones que se adopten para corregir este problema, desde las restauraciones hidrológicas y vegetales, hasta la puesta en valor de la aridez en zonas desérticas naturales, uno de los puntos más novedosos que incluyó el Plan Andaluz contra la Desertificación. En cualquier caso, la desertificación no es un efecto nuevo. El hombre, desde hace 2.000 años ha estado explotando los recursos, "la diferencia es que ahora acabamos completamente con ellos", dice el investigador.

"Si esto continúa así tendremos una pérdida de suelo que afectará tanto al medio ambiente como a los usos de agricultura, ganadería y bosques, así como a los ecosistemas", advierte Guido Schmidt, responsable de Aguas Continentales de Adena. Esta organización realiza proyectos agrarios experimentales para racionalizar el uso del agua en los regadíos, o para terminar con los trabajos de laboreo con maquinaria pesada en los olivares.

Julio Varea, de Greenpeace, coincide en que una herramienta esencial para frenar la desertificación es el uso sostenible del agua. "No es comprensible que el regadío que más haya crecido en Andalucía sea el olivar, que tradicionalmente ha sido de secano", denuncia.

 

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