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La Junta tirará el hotel, pero habrá siete más en el entorno IDEAL/ÁFRICA MATEO/CARBONERAS. 13-05-06 El proyecto turístico desarrollado de acuerdo con el Ayuntamiento de Carboneras prevé un complejo con 1.500 viviendas en El Algarrobico Las acciones del Ejecutivo andaluz no han frenado los proyectos de Azata, que continúa los trabajos de urbanización en la parcela contigua El Algarrobico no es sólo un hotel. La intención de Azata del Sol y de otras promotoras que tienen terrenos en la zona es seguir adelante con el proyecto turístico elaborado hace años, en consonancia con el Ayuntamiento de Carboneras, que prevé para el entorno de la playa de El Algarrobico un total de ocho hoteles -incluido el polémico complejo hotelero que está casi terminado- y 1.500 viviendas. Hasta el momento, en este mirador del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar sólo hay dos viviendas, a los pies del hotel de Azata del Sol. Pero la realidad es que en unos años, la zona contará con 1.500 viviendas y ocho hoteles, según explicó el responsable de Azata Antonio Baena, en una entrevista concedida a IDEAL. Azata y otras cuantas promotoras más cuentan con tres sectores en la playa de El Algarrobico, que a la vez están divididos en parcelas. La del hotel que la Junta se ha comprometido a derribar es sólo una de ellas. En las demás se ubicarán las 1.500 viviendas proyectadas y los siete hoteles restantes. De hecho, hay actividad en El Algarrobico. En la parcela colindante a la del hotel, sobre la que la Junta de Andalucía también ha ejercido el derecho de retracto, para adquirir los terrenos, Azata trabaja a marchas forzadas para urbanizar la zona y pedir la licencia de obras al Ayuntamiento. El objetivo es construir 250 viviendas. Un matiz distingue a esta obra de la del hotel: que en la parcela de las viviendas Azata ha respetado los 100 metros desde la línea del mar que ha fijado el deslinde de Costas. Estas viviendas se descuelgan, al igual que el hotel, de la falda del monte. Los planes de Baena son presentar la solicitud de licencia en el Ayuntamiento carbonero la próxima semana. Y es que Azata había puesto sus ojos en Carboneras desde hacía tiempo. De hecho, a la salida del pueblo, en dirección a El Algarrobico, también hay una promoción de Azata. A pesar de sentir una gran decepción por la actitud de las administraciones, Banea aseguró que continúan su apuesta por el municipio de Carboneras «con el que adquirimos un compromiso». Solución En otro orden de cosas, Baena aseguró estar en «la mejor disposición» de dar una solución a las dos cuestiones que, a su juicio, hay sobre la mesa. Por un lado está la «utilidad pública del litoral», es decir, el derecho a contar con una zona como El Algarrobico para que la puedan disfrutar todos los ciudadanos. En la otra vertiente está «el interés general de Carboneras». En este punto, el responsable de Azata se pregunto si «se pueden salvar las dos cosas», de lo que está convencido. Hotel Sorprende ver el hotel por dentro. Las zonas que se encuentran ultimadas, están cerradas al paso, para evitar que alguien pueda entrar y para preservarlas. Las que todavía están pendientes de los últimos remates están protegidas con plásticos, para evitar que se estropeen. «No nos dejaron ni terminar de echar la capa impermeable del techo de los restaurantes, por lo que cada vez que llueve, cala el agua». Y es que faltaban pocas cosas por hacer, puesto que Antonio Baena asegura que «está terminado al 97%». La zona de habitaciones, restaurantes y salones estaba a falta de los muebles cuando se paralizaron las obras. Estaban trabajando en el acceso para vehículos y autobuses y en la zona de recepción. 21 alturas Azata no cree que el hotel vaya finalmente a derribarse. Van a defender, hasta el último momento la legalidad del edificio y van a acudir a los tribunales. Pero poniéndose en lo peor, Antonio Baena considera «imposible» devolver el espacio al estado original. Los pilares se injertan en la roca de la montaña y sería harto complicado tirar abajo las 21 alturas del hotel. En último término, Baena no quiso valorar el coste económico de esta operación, pues la administración pública tendría que correr con los gastos de la demolición del edificio, además de tratar de recuperar medioambientalmente la zona.
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