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Un cometa podrá observarse desde la Tierra el 12 de mayo El próximo 12 de mayo un cometa pasará «relativamente» cerca de la Tierra, a 11 millones de kilómetros, por lo que podrá verse en el cielo desde zonas poco iluminadas con sólo unos prismáticos. Será el cuerpo celeste de estas características que pase más próximo al globo de los últimos 20 años, a pesar de la desorbitante distancia, que multiplica por 22 la que separa el planeta de la Luna. El especialista del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), Fernando Moreno, explica que este cometa, que recibe el complicado nombre de 73P/Schwassmann-Wachmann 3, se descubrió en los años treinta y cada cinco años pasa cerca del Sol. Su órbita elíptica va desde el astro rey hasta la órbita de Júpiter. Así el 7 de junio será el día en el que más cerca se encuentre del Sol -lo que científicamente se conoce como su perihelio- y el 12 de mayo cuando se encuentre más cerca de la Tierra, aunque durante los días 13 y 14 se podrá seguir vislumbrando el espectáculo de esta luz alargada cruzando el cielo. El problema, según repara el astrofísico, es que el día 13 hay luna llena y habrá demasiada luz de noche y por ende poca visibilidad en el firmamento para observar el fenómeno, que si hay suerte podrá provocar una lluvia de estrellas. «Que exista una lluvia de estrellas depende de la velocidad de expansión de las partículas de polvo que se desprenden del núcleo del cometa», señala el experto. Este evento, que es igual al que se produce, por ejemplo, en el mes de noviembre con las Leónidas, consistiría en que las partículas de la nube de polvo asociada al cometa -que forman su cola- se volatilicen por el contacto con la atmósfera terrestre. El origen de los planetas El cuerpo celeste en cuestión, que debe su nombre a sus descubridores alemanes, tiene alrededor de dos kilómetros de diámetro y está dividido al menos en tres minicometas. De estas tres partes es el fragmento C el más brillante de ellos. El astrofísico reconoce que no sé sabe a ciencia cierta a qué se debe el fenómeno de la fragmentación de los cometas en general, pero según puntualiza: «Estos mecanismos pueden tener su origen en las fuerzas de marea, es decir, las fuerzas de gravedad que atraen a las distintas partes del cometa con diferente intensidad hasta romperlo, o bien pueden producirse debido a colisiones con otros cuerpos». Los cometas son acumulación de hielo y polvo que provienen de hace 4.500 millones de años, cuando se formó el Sistema Solar: «Son pequeños trozos de planeta de roca y hielo que quedaron sueltos», explica el especialista, que hace hincapié en la importancia que albergan estos cuerpos por ser material primigenio de los elementos del sistema solar, aunque se hayan «contaminado» luego por el paso del tiempo: «Estudiando esta luz pueden conocerse nuevos datos sobre el origen de los planetas», señala Moreno. El astrofísico del departamento del Sistema Solar del IAA, instituto que pertenece al CSIC, recuerda que hace 60 millones de años un cometa o un asteroide impactó contra la Tierra produciendo la extinción de los dinosaurios y que a principios del siglo XX otro cayó en un bosque de Siberia y lo destrozó por completo. De hecho, Moreno anuncia que cualquier colisión con un cometa de más de un kilómetro de radio supondría una catástrofe mundial: «No por el impacto en sí, sino por la nube de polvo permanente que levantaría, que nublaría la atmósfera durante dos o tres meses e impediría la penetración de los rayos del Sol. Sería una noche permanente. Primero se morirían las plantas y luego los animales», describe, como si de una novela de terror se tratara. Afortunadamente, para que esto no ocurra la Nasa vigila los cuerpos celestes.
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