QUEDAN 90 DÍAS PARA EL CIERRE DEFINITIVO DE LA CENTRAL NUCLEAR DE ZORITA

Ecoestrategia. 02-02-06

A falta tan sólo de 90 días para que la central nuclear de Zorita deje de funcionar, la agrupación ambientalista Greenpeace quiere empezar a celebrar la decisión de su cierre definitivo, que tendrá lugar el próximo 30 de abril. Para Greenpeace, el cierre definitivo de Zorita supone una victoria para el medio ambiente cuya consecución fue fruto de la intensa campaña emprendida por las organizaciones ecologistas y otros colectivos sociales y políticos y que culminó en 2002, una campaña mediante la cual se logró demostrar el funcionamiento peligroso de esta obsoleta central.

Además de la peligrosidad de su funcionamiento, debido a sus defectos de diseño, sus numerosos problemas técnicos y la falta de cultura de seguridad de la compañía propietaria, Unión Fenosa, también quedó demostrada la vulnerabilidad de la central nuclear Zorita en lo que se refiere a la pésima protección física del emplazamiento, como se evidenció el 25 de abril de 2002 cuando un grupo de activistas de Greenpeace ocupó con total facilidad la cúpula del edificio del reactor de la central nuclear.

"El cierre ordenado de Zorita debe considerarse como el primer paso hacia el necesario abandono de la energía nuclear en España que han prometido el Gobierno socialista y el propio presidente Zapatero", ha declarado Juan López de Uralde, director ejecutivo de Greenpeace España.

"Por motivos de seguridad, el siguiente paso que debe darse es el cierre urgente de la central nuclear de Garoña, en Burgos, que es otra 'cafetera vieja' de la misma época que Zorita", añadió López de Uralde.

Garoña pertenece (junto a Zorita y la siniestrada Vandellós-I, ya en proceso de desmantelamiento) a las llamadas centrales de la "primera generación": su vida útil está completamente agotada, como reflejan sus graves problemas de seguridad, y además es una central completamente amortizada.

La central nuclear de Garoña sufre un grave problema de agrietamiento por corrosión, que afecta a componentes internos de la vasija del reactor (la cual alberga el combustible de uranio, y es, por así decirlo, el verdadero corazón de la central nuclear), motivo por el cual la seguridad de esta instalación se encuentra seriamente comprometida.

 

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