EL AYUNTAMIENTO DE ROQUETAS DE MAR DESPILFARRA EL DINERO PÚBLICO EN UNA PLAZA DE TOROS MIENTRAS LA POBLACIÓN DE AGUADULCE TIRA LAS AGUAS RESIDUALES AL MAR SIN DEPURAR

 

NOTA DE PRENSA DEL GRUPO ECOLOGISTA CÓNDOR

 

Ante los crecientes gastos económicos y materiales del Ayuntamiento de Roquetas de Mar en fomentar las corridas de toros en este Municipio, todo ello para justificar el derroche que supuso el gastar 543 millones de pesetas en la construcción de la plaza de toros, desde el Grupo Ecologista CÓNDOR se critica que son muchas las deficiencias que tiene este Municipio como para realizar semejante derroche. Y un ejemplo grave es que todavía, a estas alturas, desde la localidad de Aguadulce se sigan vertiendo las agua residuales al mar directamente y sin depurar, con los consiguientes problemas higiénico-sanitarios que se agudizan en los veranos.

 

Asimismo, desde CÓNDOR se critica que este Municipio tiene otras muchas y graves deficiencias en servicios sociales de primera necesidad: juventud, tercera edad, sociales, culturales, sanitarios, docentes, deportivos, etc. etc., y es un derroche destinar esa gran cantidad de dinero público para dar satisfacción a una pequeñísima parte de vecinos de la zona; de cualquier manera, debería ser la iniciativa privada la que se encargara de la construcción de este tipo de negocios. Y, en segundo lugar, la corporación municipal de Roquetas ya podía preocuparse más de fomentar la cultura y el deporte en vez de fomentar costumbre retrogradas que cada vez interesan menos y que habría que ir ya erradicando, pues pertenecen a nuestra España negra.

De principio a fin, la corrida de toros es un vil ejercicio de tortura del animal. Antes de la corrida, el toro se prepara para el encuentro, excitando toda su fiereza mediante diversas prácticas que le causan dolor. Ya en la plaza se le clavan las banderillas, que con sus puntas en forma de arpón van desgarrándole la carne. Posteriormente, en la suerte de varas, un jinete, desde la grupa de su caballo, le clava la puya  para cortarle los músculos del cuello. Finalmente, y después de prolongar la agonía del animal, mediante reiterados pases de muleta, el matador introduce el estoque en éste, provocándole la muerte tras una larga y angustiosa agonía.

Los espectadores del cruel espectáculo se convierten en verdaderos sádicos, que disfruta contemplando cómo sufre el animal. A pesar del colorido de la “fiesta”, los vistosos trajes de luces, la música de pasodobles o los gestos rituales del maestro en la plaza de toros, lo esencial del toreo es el sufrimiento de un animal indefenso y acorralado.

 

Las corridas de toros son el resultado de largos siglos de atraso cultural. Apelando a la tradición “nacional” o a la cultura popular, la corrida cuenta con apologistas de distintas obediencias, unidos en el empeño de ofrecer una cobertura intelectual para mantener el inmoral negocio taurino. Pues sólo puede calificarse de inmoral el enriquecerse a base de un sangriento espectáculo. Al igual que la lucha de gladiadores, las corrida de toros debe extinguirse si verdaderamente queremos avanzar hacia la civilización y no hacia la barbarie.

 

Las corridas de toros no son la “Fiesta Nacional” porque nada hay que celebrar en tal sacrificio absurdo. Más bien es la “Vergüenza Nacional”, porque vergonzoso es para un pueblo que se le identifique con semejante barbarie. Si dicha vergüenza nacional se mantiene, no es tanto por la afición, que decrece cada año, sino por la gran cantidad de intereses creados que existen en el negocio taurino; intereses no siempre limpios ni lícitos, cuyas ramificaciones alcanzan hasta los más altos centros de decisión política. El negocio de los toros mueve millones, pero, al igual que en la mafia, los dividendos sólo circulan por limitados sectores.

 

En definitiva, sobran argumentos para evidenciar el enorme desatino que comete el Ayuntamiento de Roquetas de Mar con seguir con este proyecto.