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Fallos en la política forestal IDEAL/ José Manuel Salmerón. 28-09-05 En el último año hemos visto como el incendio de Cazorla acabó con el turismo de bastantes pueblos de aquel espacio protegido; el incendio de Huelva-Sevilla, en el que se quemó la cuarta parte de la primera provincia y un sexto de la segunda, convirtiéndose en la mayor catástrofe española desde la Guerra Civil, imposibilitará a muchos campesinos continuar con su ritmo de vida y ahora se nos quema Sierra Nevada. Evidentemente, la culpa de los incendios es de quien prende el fuego, ¿pero qué está sucediendo para que nos encontremos que un incendio que no debería pasar de simple conato se convierta en inmenso? pues que no hay una verdadera política forestal. En invierno, los verdaderos limpiadores del campo son los jabalíes y las cabras salvajes, siendo los primeros los mejores labradores que hay en estado libre y los segundos unos podadores y aclaradores de bosque sin parangón... y poco más: no se limpian los cortafuegos que se realizaron cuando se realiza la forestación, no se mantienen los caminos, se prohíbe a los pobladores la tala de árboles en los espacios protegidos, ni siquiera la recolección de leña, se persigue a los que intentan rehabilitar su propiedad porque se teme al urbanismo descontrolado, pero se olvida que son los habitantes de las zonas protegidas los que mejor cuidan del entorno. Después de 35 años de Dictadura durante la que se repoblaron más de seis millones de hectáreas, bien es cierto que muchas de las veces con especies inadecuadas, la Transición se olvidó de la política forestal, encargándose el antiguo ICONA de medio conservar lo heredado con unos medios muy exiguos, y al transferirse la gestión forestal a las Comunidades Autónomas, hemos de reconocer que no se ha mejorado en su gestión: se privatizaron los servicios de extinción, por lo que su personal tiene una rotación altísima, implicando muy poca profesionalización de los recursos humanos; como, además, el gasto forestal es invisible (los ciudadanos no suelen percibir con claridad si un monte está tratado con esmero o descuidado, por lo que no se observa en qué se emplean los fondos), esto ha implicado en la 'desviación' de parte de los fondos en publicidad de todo tipo, que sí es percibida por los votantes, disminuyendo las aplicaciones prácticas de los fondos. Una evidencia de ello es que se escucha y se lee a muchos 'ecologistas de sillón y pancarta', que la mejor actuación después de un incendio es no hacer nada pues el monte se regenera sólo... Parecen olvidar que Almería era una de las provincias más verdes antes del siglo XIX, que es cierto que el bosque se autogenera en clima oceánico, pero es totalmente falso que así ocurra en nuestro clima mediterráneo con sus tormentas y sus largos periodos de sequía y si a esto añadimos que España es el país más montuoso de la Unión Europea, pues podemos asegurar que sin la actuación del hombre es imposible forestar ni, incluso, mantener foresta alguna. Además, hemos de tener en cuenta que la política urbanística en los espacios protegidos es tremendamente opresiva para el lugareño (no ocurre así con el adinerado inversor, tal y como nos enseña El Algarrobico), cuando debería seguirse la pauta contraria para aumentar el poblamiento en la zona: en vez de obligarles a pagar las labores de extinción de los incendios, ayudarles con la realización de cortafuegos y mejorando y ampliando los caminos rurales que sirvan como tal; además se les penaliza obligándoles a no construir nada en los 30 años siguientes al fuego, en vez de ayudarles a repoblar o implantar algún cultivo que les sea rentable y les implique mantener la zona despejada frente al próximo incendio. Por último, deberíamos seguir el ejemplo de los países de nuestro entorno, como Alemania y EEUU que tras comprobar en sus propias carnes que la lucha contra las catástrofes naturales estando en poder de los estados federados eran inoperantes, están estudiando la manera de transferir las competencias al gobierno federal para una mayor eficacia...y esto sí que no hay quien lo plantee aquí. En definitiva, que si queremos menos incendios hay que plantearse una verdadera política forestal que defienda el entorno y a quien lo habita, que hay que destinarles los fondos necesarios (y no creo que estemos faltos de ellos) y hay que hacerlo sin mirar los intereses partidistas sino de aquellos que dentro de 120 años podrán ver lo que hoy se quema como una vez fue.
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