Los árboles mueren quemados

IDEAL/MIGUEL J. CARRASCOSA SALAS. 26-09-05

No cesan los atentados impunes contra nuestro esquilmado patrimonio vegetal. Acabamos de presenciar, compungidos y horrorizados, el pavoroso incendio de las sierras de Lanjarón, Cáñar y Soportújar, pobladas de pinos, encinas, castaños, nogales y de toda suerte de plantas endémicas. Se han calcinado, en 35 horas, 2.600 hectáreas del monte mediterráneo, que es el único enclave de la España del Sur en el que se hallan representadas las distintas zonas o tipos bioclimáticos de vegetación existentes: a)termomediterráneo, que se extiende por todo el litoral alpujarreño y penetra hacia el interior de la comarca a través de las cuencas de los ríos Guadalfeo, Grande de Adra y Andarax, con vegetación que va desde el matorral o espinar (palmito, lentisco, efedra, etc.) hasta el tomillar y las sabinas próximas a las zonas de dunas; b)mesomediterráneo, con temperaturas más frías que el anterior y altitudes comprendidas entre los 600 y 1.600 metros. En este piso predominan -como es sabido- árboles eumediterráneos esclerófilos (el encinar), aliados con quejigos (árboles cupulíferos, de tronco grueso y copa recogida, que dan bellotas parecidas a las del roble, muy apropiadas para montanera, o sea, para pasto del ganado de cerda), amantes de las umbrías. También son frecuentes en estos pagos otras especies propias de la orla del bosque, de porte arbustivo, como el curruñé o cornijuelo, el guillomo (Cotoneaster granatensis Boiss), el espino blanco o majuelo y las rosas, etc.; c) supramediterráneo, con inviernos fríos y temperaturas máximas entre 8 y 12º y mínimas de -3º. Arraigan en este ecosistema los caducifolios (melojares o robledales en sustratos ácidos y aceralquejigales en los suelos básicos); d) oromediterráneo, entre los 1.700 y 3.000 metros de altitud. Se trata en este caso de uno e los pisos más interesantes de la península, por albergar en su suelo los restos de la antiquísima vegetación periglaciar ibérica. Potencialmente está constituido por gimnospermas arbóreas (pinos) y arbustivas (sabinas y enebros).

El incendio de Lanjarón, además de haber afectado a un sector considerable de la reserva forestal de su territorio, ha calcinado una considerable proporción de la riqueza vegetal que acabamos de describir sumariamente. Ayer fue Guadalajara, con un saldo siniestro de 11 víctimas humanas y de miles de hectáreas de bosque arrasadas por el fuego. Y hoy -en las mismas puertas del otoño- han sido Lanjarón y Cáñar especialmente las dos entrañables poblaciones de La Alpujarra Alta Occidental las que han sufrido en sus carnes la feroz acometida de un pavoroso incendio. ¿Cómo habrán de llorar de impotencia, humillación y rabia las buenas gentes de estos pueblos, con sus autoridades y representaciones al frente, la incalculable pérdida que les ha supuesto la irresponsable conducta de una pareja de turistas extranjeros, unida a la negligente y censurable política de conservación, limpieza y vigilancia de nuestros montes que venimos padeciendo desde hace tantos años !

¿Hasta cuándo, señores, vamos a tomar más en serio la protección y defensa de la naturaleza? ¿Cuándo se van a dar cuenta nuestros políticos y administradores que invertir en la prevención de incendios resulta más rentable, a la larga, que sofocarlos cuando se han producido? Ya lo nos lo recuerda el refrán con sabia certeza: 'Más vale prevenir que curar'. Y basta recorrer nuestros montes para darse cuenta de que una de las causas más generalizadas de los incendios está en el abandono y en la falta de limpieza y vigilancia que sufren nuestros montes y en la presencia en ellos de determinados grupos de personas irresponsables en el uso y disfrute de los mismos. ¿O no?

La indiferencia de unos y otros, la pasividad y la falta de previsión están generando consecuencias muy graves e irreversibles para los habitantes de nuestro planeta. Los expertos calculan que anualmente se destruyen en el mundo 17 millones de hectáreas del bosque tropical como consecuencia de los incendios forestales, la ampliación de terrenos agrícolas, los proyectos hidroeléctricos y la industria papelera, que provoca talas indiscriminadas de amplias masas arbóreas de dimensiones realmente sobrecogedoras. Por lo que atañe a nuestra Andalucía, los datos son reveladores de una alarmante realidad: caminamos, a pasos agigantados, hacia una galopante desertización de nuestras tierras y de nuestros litorales.

Se impone, por tanto, establecer un contrato muy generoso y exigente con el medio ambiente; tomar muy en serio las recomendaciones y estudios de los expertos; enfrentarnos, de verdad, a los gravísimos problemas que está creando en nuestras ciudades la contaminación y la alarmante escasez de agua; cuidar, con mayor urgencia y generosidad, de nuestros montes. Tratar -cómo no- de conjugar todos estos apremios con nuevas formas de desarrollo, con nuevas actitudes, con distintos comportamientos, con renovadas formas de consumo. En otras palabras, se trata fundamental y finalmente de un problema de EDUCACIÓN Y CULTURA. Pues, manos a la obra, que «mañana siempre es tarde».

El verdadero 'Adiós a las Armas'

Cada año mueren en el mundo cerca de 600.000 personas como consecuencia de disparos de las armas pequeñas y ligeras. Son 1.300 muertes cada día, una persona por minuto. Se estima que circulan por el mundo unos 639 millones de armas portables, una para cada diez personas. Cada año más de 1.000 empresas en al menos 98 países producen 8 millones de armas ligeras y 16.000 millones de unidades de munición. Cada minuto se ponen a la venta 15 armas en algún punto del planeta y se fabrican más de dos balas por habitante. La Comisión Independiente de Desarme confirmó ayer que el IRA ha inutilizado todos sus arsenales. Es, verdaderamente, un día histórico. Tanto que debería movernos a pedir una Convención Internacional sobre Tráfico de Armas. Porque las pequeñas y ligeras (SA/LW por sus siglas en inglés) son las verdaderas armas de destrucción masiva aunque no puedan devastar ciudades enteras en pocos segundos. No importa si forman parte de las exportaciones legales que ascienden a 4.000 millones de dólares o ilegítimas, cuya facturación anual se estima en 21.300 millones. En Estados Unidos, la Ley de Control de Exportaciones de Armas (AECA), el programa de Ventas Militares al Extranjero (FMS) y la política de Transferencia de Armas Convencionales (CAT) examinan cuidadosamente quienes son los destinatarios para asegurarse de que no violan ninguna de las normas. Pero sólo la mitad de los países europeos tiene una legislación de control que merezca ese nombre sino sólo un Código de Conducta. La UE es el segundo fabricante de armas del mundo y no puede limitarse a dedicar sus directivas a regular el espacio vital de las gallinas y el tamaño mínimo de los plátanos que circulan por sus fronteras. No puede caer en el candoroso pacifismo que pregona la prohibición total de fabricar armas. Pero tampoco en el tancredismo cuando el inmenso negocio del tráfico ilegal de armas es el que hace posible las guerras, el terrorismo y la inseguridad de toda la humanidad

 

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