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“UN MAR DE PLÁSTICO“
Domingo 18 de septiembre, a las 21:30h,
en La 2 de TVE ( reemisión)
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Mirar la costa de Almería
desde el mar, es ver otro mar... pero de plástico. Kilómetros
cuadrados de color blanco y azul, que producen en su interior buena
parte de las hortalizas que consumimos. Son más de 30.000 hectáreas
de cultivo intensivo y eso obliga a hacer frente a una serie de
problemas.
En primer lugar, y tratándose de una zona de Almería predesértica,
el agua constituye un elemento muy preciado por su escasez. Los
acuíferos de la zona, sobreexplotados, y en algunos casos
contaminados, no dan más de sí. Por eso el agricultor almeriense ha
tenido que aprender a utilizarla con esmero y aprovechar hasta la
escasa lluvia que cae sobre esa seca tierra.
La gran concentración de invernaderos crea también problemas con los
residuos tanto inorgánicos como vegetales. Los plásticos se pueden
tratar para ser reutilizados y los restos de matas secas –que antes
se quemaban- se destruyen controladamente. Pero no todos los
agricultores actúan igual. Aún hoy se pueden ver ramblas llenas de
desperdicios, de envases de fitosanitarios y hasta de quilos y
quilos de tomates o pimientos arrojados sin ningún control en
cualquier barranco.
Años atrás entrar en un invernadero almeriense era todo un peligro.
Los pesticidas o los productos para vigorizar a las plantas no se
utilizaban con control y muchos hombres y mujeres que trabajaban
bajo el plástico enfermaban sistemáticamente. Hoy, no por amor a la
ecología o por el cuidado del medio ambiente, sino por puro negocio,
el agricultor debe vigilar concienzudamente todo lo que hace. Los
países de la UE a los que van dirigidos las verduras y hortalizas de
la huerta almeriense imponen controles exhaustivos que no toleran
traspasar en lo más mínimo los límites de residuos que imponen las
normativas.
A pesar de los esfuerzos por mantener una producción de calidad, los
productos de la zona aún tienen un grave inconveniente. Muchos de
ellos, sobre todo los tomates, apenas si tienen sabor, lo que hace
que el consumidor desconfíe de los productos de invernadero. Lo
cierto es que los laboratorios trabajan intensamente para mejorar
este aspecto que, indudablemente, crea una mala imagen del cultivo
bajo plástico.
Hoy por hoy, la apuesta se llama tomate “raf”. De intenso sabor y
aspecto muy alejado a los tomates casi clónicos que encontramos en
las estanterías de los supermercados, parece ser el producto
destinado a hacer que la huerta almeriense recupere su buena imagen.
Algo complicado si tenemos en cuenta que la mayoría desconoce qué es
lo que ocurre bajo ese inmenso mar de plástico que es la costa de
Almería. |
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