AGUAZALES ALMERIENSES

 Enmarcada dentro del Sureste peninsular, la provincia de Almería ofrece a sus habitantes y visitantes una diversidad ecológica, paisajística y antropológica llena de fuertes contrastes que transcurren desde las cumbres alpinas de Sierra Nevada, al bosque mediterráneo de Sierra María o a la costa y sierra volcánica del Cabo de Gata. Sin embargo, la más conocida de sus múltiples facetas la constituyen, sin duda, sus zonas áridas, que ocupan la mayor parte del litoral y cuyo exponente más emblemático es el desierto de Tabernas.

 Dentro de este contexto árido, contrasta la presencia de un pequeño rosario de humedales costeros que suman en conjunto más de un millar de hectáreas y que son de vital importancia para multitud de aves acuáticas y marinas, las cuales los utilizan, bien como lugar de descanso en sus movimientos migratorios entre Europa y África, durante la invernada y el estío, o bien como zonas de reproducción, durante la primavera.

 La singularidad de las zonas húmedas almerienses puede resumirse en tres parámetros fundamentales:

En primer lugar destaca su situación estratégica, que coincide con las rutas migratorias empleadas por multitud de aves acuáticas y marinas durante sus pasos pre y postnupciales entre Europa y África lo que, añadido a la práctica ausencia de otros humedales costeros hasta el Estrecho de Gibraltar, confiere a estos aguazales una gran importancia como áreas de alimento y descanso.

 En segundo lugar algunas características climatológicas, como la ausencia de un invierno térmico y el elevado número de horas de insolación, convierten a estos hábitats en áreas idóneas para la invernada de un importante contingente de zancudas, anátidas y larolimícolos. En este sentido, cabe destacar que en los aguazales almerienses han llegado a observarse más de 120 especies de aves acuáticas y marinas.

 En tercer y último lugar, pese a la aridez circundante, estos humedales mantienen niveles  hídricos óptimos,  incluso durante el implacable estío almeriense. Esta situación debida a la presencia de acuíferos subterráneos, en unos casos, o a la inundación artificial (salinas), en otros, contrasta con la desaparición o disminución de las láminas de agua de la mayoría de las lagunas andaluzas en el verano, lo cual aumenta su valor ecológico como auténticos reservorios de vida durante los prolongados períodos de sequía que caracterizan a Andalucía.

 De Este a Oeste los humedales más representativos de Almería y que mantienen importantes contingentes de aves acuáticas a lo largo del ciclo anual están compuestos por la desembocadura del Río Almanzora,  Pantano de Cuevas del Almanzora, Salar de los Carros, desembocaduras de los Ríos Antas y Aguas, Salinas de Cabo de Gata, Planta de Oxidación de Retamar, Salinas de Cerrillos y Viejas, Cañada de las Norias, Charcones de Entinas, Salinas de Guardias Viejas, Pantano de Beninar y Albuferas de Adra (MATAMALA, 1996).

 La Albufera de Adra

Panorámica de las Albuferas de Adra

 Con una extensión aproximada de 75 Has. y divididas en dos lagunas principales (Albufera Honda y Albufera Nueva) este humedal es uno de los más degradados de la provincia de Almería. Las láminas de agua están literalmente embutidas entre invernaderos (cultivos bajo plástico) y separados de estos por un estrecho cinturón de vegetación perilagunar compuesto por carrizos, cañas y eneas. Situadas dentro de una cuenca endorreica, se nutren principalmente por las aguas de lluvia procedentes de las ramblas de "Las Adelfas" y "la Estanquera", así como por infiltraciones marinas; en este sentido cabe destacar que se originaron a partir de una primitiva bahía separada del mar por una franja de depósitos endorréicos, siendo el humedal que aporta los mínimos niveles de salinidad en comparación con el resto de los aguazales almerienses (EQUIPO MULTIDISCIPLINAR, 1990).

Fartet

 Pese a soportar y estar amenazado por procesos de contaminación ("biocidas") y eutrofización, este aguazal constituye uno de los principales enclaves de Andalucía Occidental para el mantenimiento estacional de miles de rállidos, zampullines y anátidas. La especie más abundante es la Focha Común (Fulica atra), sedentaria al igual que la Polla de agua (Gallinula chloropus); otros rállidos más escasos son el diminuto Rascón (Rallus acuaticus) o el llamativo Calamón (Porfirio porfirio) que, pese a su tamaño y colorido, suele ser detectado por su inconfundible canto dentro de la espesura del carrizal. Más visibles son los Ánades que, como el Rabudo (Anas acuta), el Friso (Anas strepera), el Cuchara (Anas clypeata) o el Silbón (Anas penelope), invernan en la zona, al igual que los Porrones Pardo (Aythya  nyroca), Bastado (Aythya marila) y Moñudo (Aythya fuligula). Otras anátidas como el Porrón Común o Europeo (Aythya ferina), el Ánade Real (Anas platyrhynchos), el Pato Colorado (Netta rufina) o la Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala) son sedentarios en este hábitat, destacando la última por mantener en esta localidad el principal enclave de reproducción de la especie en Europa. Entre los Zampullines destacan el Chico  (Tachibaptus ruficollis) y el Somormujo Lavanco (Podiceps cristatus), ambos nidificantes en la localidad. Al atardecer, cientos de Garcillas Bueyeras (Bubulcus ibis) , Garcetas Comunes (Egretta garcetta) y Garzas Reales (Ardea cinerea) van acomodándose sobre la vegetación palustre, donde pasarán la noche. También destaca la presencia de otros vertebrados como el Fartet (Aphanius iberus), diminuto pez en peligro de extinción, y el Galápago leproso (Mauremys caspica) (MATAMALA, 1996).

Macho adulto de Malvasía

 La Albufera de Adra está catalogada como Reserva Natural por la Junta de Andalucía y humedal de importancia internacional dentro del Convenio Ramsar.

Galápago Leproso