Galardón para el gran volcán

FUENTE: ABC. 02-07-07

POR ARACELI ACOSTA

El Comité del Patrimonio Mundial de la organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decidió en su última sesión, celebrada la pasada semana en Nueva Zelanda, incluir el parque nacional del Teide, en la isla canaria de Tenerife, en la Lista del Patrimonio Mundial. Una propuesta que había sido elevada a este organismo en el año 2004, justo cuando se cumplieron los 50 años de la declaración de este espacio como parque nacional.

Ahora, la UNESCO ha valorado, entre otros atributos, «su importancia como testimonio vivo de los procesos geológicos que subyacen a la evolución de las islas oceánicas, que viene a complementar otros sitios volcánicos ya inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial, como el parque nacional de los Volcanes de Hawai». Destaca la UNESCO que «el impacto visual de este lugar es tan grande debido a las condiciones atmosféricas que crean constantes cambios de texturas y tonos en el paisaje y un mar de nubes que forma el impresionante telón de fondo de la montaña».

Ya lo escribió el naturalista y explorador científico alemán Alexander von Humboldt, después de su visita a la isla de Tenerife en 1799: «Una capa de nubes blancas y coposas nos sustraía la vista del océano y la de las bajas regiones de la isla». Esta descripción revela que no podía encontrarse en otro sitio que en el Circo de las Cañadas del Teide, una enorme caldera situada a una altitud media de 2.100 metros sobre el nivel del mar, por encima de ese otro mar, el de nubes, al que se refiere el científico prusiano.

La visita de Humboldt

Llegó Humboldt sólo un año después de la última erupción del Pico Viejo, uno de los volcanes asociados al Teide, y cuentan los libros que de ahí el temor de los guías locales que le acompañaban a ascender a la cima del volcán.

Pero la última erupción del Teide data de hace 1.400 años, cuando alcanzó su actual altitud y fisonomía. Ésa fue la erupción que le hizo dar el «estirón» y alcanzar los 3.718 metros de altura, en época medieval, pero el Teide podríamos decir que nació hace 170.000 años, cuando el antiguo edificio volcánico se deslizó hacia el mar debido a la gran acumulación de materiales. Vino entonces una etapa de intensa actividad volcánica y las lavas de esa fase construyeron el Teide, un pico más pequeño que el edificio volcánico anterior, que algunos científicos sitúan entre los 8.000 y 12.000 metros, un verdadero Everest. Ahora, con sus 7.500 metros sobre el suelo oceánico es la tercera estructura volcánica más alta del planeta y «está situada en un entorno espectacular», dice la UNESCO.

Y es que la intensa actividad volcánica y los sucesivos deslaves han dado forma a un paisaje en el que dominan los basaltos, violeta del Teide -Viola cheiranthifolia-terrenos en los que la lava de las continuas erupciones se solidificó adoptando las formas más extrañas, y el sorprendente colorido de las diferentes coladas. Desde el negro y gris de los basaltos, a los amarillos de las rocas con alto contenido en azufre, al verde de los musgos y líquenes que crecen en las escarpadas paredes y al blanco de los mantos de piedra pómez que cubren algunas de las coladas. Todo ello salpicado por los brillos de la piedra de obsidiana, que juega a hacer destellos con el sol.

La violeta del Teide

Si se visita en primavera la floración nos dejará ver otros colores: el blanco de las retamas, el rojo y el azul de los dos tipos de tajinastes, el amarillo de los codesos, el rosa del rosalillo de cumbre... y más arriba, por encima de los 3.000 metros de altitud, vive la planta que florece a mayor altitud de todo el territorio nacional, la frágil y escasa violeta del Teide -Viola cheiranthifolia-, convertida en la joya del parque nacional.

Un territorio protegido que cubre casi 19.000 hectáreas y que cada año recibe cuatro millones de visitantes, siendo el parque nacional más visitado de nuestro país. Ahora es, además de una joya natural, Patrimonio Mundial.

 

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