La tercera conquista de los mapuches
EL PAÍS/J. MARIRRODRIGA.
25-06-07
Los
indígenas multiplican las ocupaciones de tierras que están en manos de
grandes empresas en el suroeste argentino.
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"Estamos sufriendo la tercera conquista. Primero fueron los
españoles, luego vinieron sus descendientes: los argentinos y
los chilenos y ahora son las multinacionales y sus
terratenientes", asegura Mauro Millán, uno de los líderes del
movimiento 11 de Octubre, la fecha anterior a la llegada de
Colón a América. La organización representa a los indios
mapuches argentinos, los cuales en los últimos años han
multiplicado la ocupación de tierras en manos de grandes
empresas argumentando que pertenecieron a sus antepasados.
La Constitución argentina reconoce en su artículo 75 los
derechos de los "pueblos originarios", pero la creciente
ocupación de tierras está provocando importantes fricciones
entre las organizaciones indígenas, los diferentes escalones de
la Administración y los propietarios de los terrenos. Sin cifras
oficiales, los mapuches argentinos afirman ser al menos medio
millón y su reivindicación territorial tampoco es precisa.
"Nuestras tierras se extienden desde el Pacífico al Atlántico",
subraya Millán en su casa de Esquel, en la provincia de Chubut a
2.059 kilómetros al suroeste de Buenos Aires.
Aunque el movimiento de ocupación indígena comenzó en los
ochenta, la catástrofe económica e institucional de 2001 ha
animado a muchos mapuches a instalarse en terrenos que
consideran pertenecientes a sus antepasados independientemente
de lo que digan los títulos de propiedad o los vallados en los
campos. La situación se repite en las provincias de Río Negro,
Chubut y Neuquén.
Es el caso de Atilio Curiñanco y Rosa Rúa, quienes protagonizan
la ocupación -ellos la denominan "recuperación"- más mediática
de todas. En 2002 y tras 17 años trabajando en una fábrica
textil, a 20 céntimos de euro la hora, Rosa fue despedida y
decidió volver a las tierras donde se había criado su marido.
Pero el hecho es que habían sido adquiridas en los noventa por
el empresario italiano Luciano Benetton. Rosa, bisnieta de un
importante cacique mapuche llegó a viajar a Roma para
entrevistarse con el empresario textil, pero no hubo acuerdo.
Fueron expulsados de la finca pero en enero de este año
volvieron y construyeron una cabaña. "Benetton dice que quiere
integrar a todos los colores, pero está visto que a los mapuches
no", opina la mujer alimentado un fuego en el interior de la
precaria construcción mientras la nieve cae fuera. El caso está
en los tribunales. |
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Rosa Rua, biznieta de un cacique, viajó a Roma
para negociar con Benetton, pero fracasó |
"En
los últimos diez años el número de recuperaciones de territorios ha
crecido exponencialmente, lo que hace falta ahora es apoyo técnico para
que puedan perdurar", señala Fernando Kosovsky, director del Grupo de
Apoyo Jurídico por el Acceso a la Tierra (Gajat), un organismo que sólo
en la provincia de Chubut trabaja en más de 10 casos en la actualidad.
"Ya hay fallos judiciales que han dado la razón a las comunidades
mapuches y se les han dado las tierras a título de propiedades
comunitarias", añade. Kosovsky se dispone a llegar a la Corte Suprema
para que la comunidad mapuche pueda presentarse en los procesos como
parte sin necesidad de dotarse previamente de personalidad jurídica, tal
y como establece la ley.
Aunque algunos historiadores afirman que llegaron cruzando los Andes
desde Chile a mediados del siglo XIX los mapuches -mapuche significa
gente de la tierra- argentinos denuncian haber sufrido una secular
discriminación que no mejoró tras la independencia argentina en 1816. De
hecho, una de las primeras decisiones del nuevo país suramericano fue la
ejecución de una campaña militar de anexión de territorios habitados por
indios de etnia mapuche y tehuelche. Estos últimos, que no eran
guerreros, desaparecieron. "Recuperar la tierra no es sólo un acto de
justicia, sino también de educación", recalca Mauro Millán. "Las
desigualdades no se arreglan regalando tierra sino dando a los mapuches
educación e insertándolos en el mundo", replica Ricardo Bustos, uno de
los principales periodistas de Esquel.