CAMINO AL CAMBIO CLIMÁTICO
Fuente: Portal del Medio
Ambiente. 16-02-11
Por Cristian Frers
El siglo XX fue el más cálido, y la
década de 1990 fue la más calurosa de los últimos 1000 años.
Se ha realizado un estudio con programas de simulación de
ordenador que exploraron los diferentes escenarios posibles
en una situación de emisión cero de dióxido de carbono (CO2)
a partir de los años 2010. La simulación demuestra que el
calentamiento continuará antes de detenerse o ser revertido,
aún cuando tomemos 10 siglos como escala de tiempo. Si el
cambio climático ya es inevitable, lo que nos queda es
establecer una estrategia de adaptación. Y para eso, lo
mejor es tener una idea de lo que puede ocurrir en cada
región.
En la actualidad, es un hecho científico que el clima global
está siendo alterado significativamente como resultado del
aumento de concentraciones de gases invernadero tales como
el dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y
clorofluorocarbonos. Estos gases están atrapando una porción
creciente de radiación infrarroja terrestre y se espera que
harán aumentar la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5 °C.
Como respuesta a esto, se estima que los patrones de
precipitación global y corrientes marinas también se
alteren.
Durante el mes de febrero del 2011, en los Estados Unidos de
Norteamérica se han desarrollado una super tormenta de nieve
y hielo que ya ha cancelado más de 10.000 vuelos y se
presupone que la ciudad de Chicago será una de las más
afectadas… Chicago, tradicionalmente una de las ciudades más
castigadas en el invierno por los fuertes vientos, va a
soportar vientos polares de casi 100 kilómetros por hora,
nevadas de 60 centímetros y capas de hielo de 3 centímetros
de grosor.
El Servicio Nacional de Meteorología, del país del norte, ha
descrito la tormenta, que se mueve entre la frontera de EEUU
y Canadá, como de potencial riesgo para la vida para
aquellas personas que no se encuentren a resguardo cuando se
produzca el descenso de la temperatura.
Las lluvias que esta sufriendo Australia, durante el mismo
período, se deben a la aparición de vientos del este en los
trópicos que chocan con las aguas calientes del Pacífico
occidental sobre Australia e Indonesia, se espera que estas
lluvias se prolonguen hasta junio del corriente año. Una de
las causas se debe al aumento de las temperaturas oceánicas
en el norte de Australia, 1,5 grados con respecto a los
niveles de antes de 1870.
Las variaciones climáticas han existido en el pasado y
existirán siempre a consecuencia de diferentes fenómenos
naturales pero el siglo XX fue el más cálido, y la década de
1990 fue la más calurosa de los últimos 1000 años.
Las proyecciones sobre el cambio climático deben hacernos
meditar de manera responsable acerca del modo de vida
desarrollado y que lo único que está ocasionando es la
progresiva destrucción de nuestros hábitat.
Se considera que el aumento de las emisiones de dióxido de
carbono (CO2) tendrá previsiblemente un impacto sobre las
temperaturas de la Tierra en los próximos mil años y elevará
en al menos en 4 metros el nivel de las aguas del mar. Se ha
realizado un estudio con programas de simulación de
ordenador que exploraron los diferentes escenarios posibles
en una situación de emisión cero de dióxido de carbono (CO2)
a partir de los años 2010 y 2100.
El resultado fue que las regiones del hemisferio norte
saldrán mejor paradas que las del sur, aunque la proyección
es que los patrones del clima en lugares como Canadá cambien
por completo.
Grandes áreas del norte de África se convertirán en
desiertos y el calentamiento en hasta un 5% de la
temperatura de los océanos causará el colapso de la capa de
hielo occidental de la Antártida, una superficie de 2.2
millones de kilómetros cuadrados, es decir, cuatro veces el
tamaño de un país como España.
Las aguas oceánicas y parte del hemisferio sur tienen una
inercia mucho mayor (de calentamiento) y los efectos
actuales del cambio climático en estas regiones a causa de
las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el siglo XX son
la punta del iceberg.
Los vientos meridionales tienen a fortalecerse y a
permanecer con fuerza antes de remitir. Esto incrementa la
mezcla en el océano, llevando más calor desde la atmósfera
al mar.
Grandes sequías, lluvias torrenciales, tsunamis, tormentas o
huracanes asolarán al planeta.
La simulación demuestra que el calentamiento continuará
antes de detenerse o ser revertido, aún cuando tomemos 10
siglos como escala de tiempo.
Esto significa que en Argentina vamos a tener una
combinación de grandes lluvias (y por consiguiente, de
inundaciones) en las zonas costeras con sequías en el
interior del país. Es decir, que las situaciones extremas
van a agravarse cada vez más.
Tormentas marinas más intensas pueden aumentar la erosión
costera, lo que significará perder toda la arena de las
playas de Villa Gesell, Pinamar, San Clemente, entre otras.
De los balnearios de esa zona, nos va a quedar apenas una
larga península, separada del continente por un brazo de
mar, y con el agua llegando hasta el borde de las
costaneras, ya que la erosión se irá llevando la arena de
las playas. Aquellos que hayan visto la costa de San
Clemente durante una sudestada con marea alta, pueden tener
una idea bastante clara de lo que sucederá.
En las ciudades que están en la costa de los grandes ríos,
barrios enteros van a tener inundaciones muy frecuentes y
tal vez tengan que ser evacuados en forma permanente. Esto
va a afectar a toda la zona costera del Gran Buenos Aires,
desde Quilmes hasta Tigre. Pero también irá más allá,
llegando hasta Resistencia, Formosa y Posadas.
La propia Ciudad Autónoma de Buenos Aires se inunda cada vez
más, a pesar de las obras que se vienen haciendo para paliar
el problema. Una de las razones es que ahora llueve el doble
de lo que llovía un siglo atrás, cuando se diseñaron los
desagües.
Por eso no tiene sentido atribuir toda la responsabilidad de
cada inundación al Gobierno de turno, ya que se trata de un
problema que fue construyéndose de a poco durante mucho
tiempo. Y la cosa recién comienza. No sabemos cuánto tiempo
va a pasar para que el nivel de lluvias en la ciudad vuelva
a duplicarse, pero seguramente va a ser mucho menos que en
el pasado.
En las zonas secas, las menores lluvias disminuirán el
caudal de los ríos. Esto hará que Mendoza y San Juan tengan
que reducir sus áreas de riego. Otras ciudades, que dependen
de ríos de menor caudal, probablemente no puedan ser
abastecidas y deban evacuarse. La Rioja puede ser la primera
de una serie ciudades en peligro por una sequía permanente.
La economía del país cambiará porque algunas zonas dejarán
de ser aptas para los cultivos actuales, algunas veces por
falta y otras por exceso de lluvias. Habrá también cambios
en las condiciones sanitarias, al extenderse las
enfermedades tropicales y subtropicales como el dengue y la
leptospirosis.
Si el cambio climático ya es inevitable, lo que nos queda es
establecer una estrategia de adaptación. Y para eso, lo
mejor es tener una idea de lo que puede ocurrir en cada
región.
Para evitar los peores impactos del cambio climático
necesitamos una reducción drástica y rápida de las emisiones
de gases de efecto invernadero. El sector energético es el
mayor responsable del conjunto de estas emisiones, por ello
hay que buscar un cambio en el modelo energético, buscando
la sustitución de las fuentes de energía sucias actuales,
como el carbón y el petroleo, por energías renovables.
Se deben proponer soluciones como el apoyo a las energías
renovables, la eficiencia en los vehículos o los acuerdos
internacionales. Así como la elaboración de escenarios de
revolución energética que muestran cómo es posible sustituir
completamente las energías sucias por limpias.
Por otro lado la población también puede contribuir
drásticamente en la reducción de los gases de efecto
invernadero, mediante políticas de ahorro energético.
Es preocupante que nuestros hijos, nietos y generaciones
venideras no podrán disfrutar de la calidad de vida ni de
los recursos naturales que hoy disponemos. Y es francamente
triste observar cómo nuestros gobiernos se desviven por
succionar y vender con desesperación nuestros recursos
energéticos fósiles para alimentar un modo de vida basado en
el derroche irracional y que está dañando el planeta.
La defensa de la vida y la diversidad es una lucha que
debemos incorporar en nuestra agenda permanente porque
compromete nuestra propia existencia y condición humana. Por
esto debemos perseverar en sensibilizar y concienciar a
quienes aún no se han percatado de la gravedad del problema
y generar lazos de solidaridad práctica que ojalá nos
permitan revertir la actual tendencia histórica que nos está
llevando hacia el abismo de la autodestrucción como especie,
es decir, hacia el verdadero fin de la historia.