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LOS INVIERNOS CÁLIDOS FAVORECEN LA INVASIÓN DE MEDUSAS EN VERANO
FUENTE:
NOVAPOLIS.ES. NOVIEMBRE 2010
Escrito por Martín Corpas
Imágenes José Javier Matamala
La vida de la medusa Cotylorhiza
tuberculata, una de las más extendidas en los últimos años en las
aguas del Mediterráneo, es una historia compleja. Como la gran mayoría
de sus hermanas, su crecimiento consiste en una primera fase en la que,
en forma de pequeños animales invertebrados llamados pólipos, se
reproduce asexualmente fijada a un sustrato. En una segunda etapa, los
pólipos se convierten en medusas que crecen rápidamente hasta alcanzar
el tamaño necesario para reproducirse sexualmente. De los huevos
fertilizados salen las larvas (plánulas), que buscan un sustrato para
transformarse en nuevos pólipos y comenzar el ciclo vital otra vez.
Un estudio llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC), que aparece publicado en el próximo
número de la revista PLoS ONE, demuestra por primera vez que la
temperatura es la única variable ambiental que controla el ciclo de vida
de esta medusa, cuya presencia en la cuenca mediterránea en los últimos
20 años ha ido en aumento, especialmente en las aguas del Mar Menor. Se
la identifica fácilmente por su forma aplanada y porque, vista desde
arriba, tiene aspecto de huevo frito. No es muy venenosa y se
caracteriza también por sus ocho brazos con extremos en forma de botones
blancos o azulados.
Tras tres años estudiando la presencia de nutrientes en el agua, la
salinidad o la influencia de la luz y experimentando con ejemplares de
esta medusa en el laboratorio, los científicos han observado que si el
invierno es muy frío, la mortandad de los pólipos es muy elevada y el
número de medusas el verano siguiente será bajo. Los cambios en la
temperatura del agua, por tanto, condicionan la supervivencia de los
pólipos y la posterior conversión a medusa.
“Para que las medusas permanezcan en el agua durante el verano, los
pólipos tienen que ser estimulados por un aumento de temperatura del
agua que ocurre únicamente en primavera”, explica Laura Prieto, que ha
dirigido el estudio elaborado por investigadores del Instituto de
Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC).
Según los científicos, fenómenos meteorológicos puntuales, como por
ejemplo el paso de una borrasca, no son suficientes para que se produzca
esta transición a una fase vital diferente. Además, debido al cambio
climático, las primaveras se adelantan, por lo que las medusas tienen
más tiempo para crecer.
Al tratarse de una medusa que sólo vive un año, los investigadores
consideran importante saber qué “teclas” son las que controlan sus fases
vitales para poder prever cómo va a ser la temporada estival. “En un
entorno cerrado como el Mar Menor, donde se han llegado a recoger cinco
toneladas de esta medusa en un solo verano, resultan útiles estos
estudios, porque los resultados se pueden traducir en un nuevo modelo
ecológico”, destaca Prieto.
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