Propuestas ecologistas para una Ley de Economía
Sostenible
FUENTE: ECOLOGISTAS EN ACCIÓN. 19-03-10
Amigos de
la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF,
han presentado un documento titulado Propuestas ecologistas para
una Ley de Economía REALMENTE Sostenible, coincidiendo con la
aprobación por el Consejo de Ministros del Proyecto de Ley y que
será remitido en unos días al Congreso para su debate
parlamentario. Este documento, que las organizaciones
ecologistas presentarán a los grupos parlamentarios, ha sido
elaborado con el ánimo de contribuir a dicho debate y conseguir
una Ley realmente útil y efectiva para el fin anunciado por el
Gobierno. Por ello los autores han realizado una valoración del
texto presentado previamente por el Gobierno sobre algunos de
los aspectos que consideran prioritarios para avanzar hacia una
economía sostenible: fiscalidad verde; cambio climático;
energía; transporte y movilidad sostenible; urbanismo y
vivienda, y presentan propuestas concretas en cada uno de estos
ámbitos, esperando que sean tenidas en cuenta y recogidas en el
texto final de la Ley.
Si bien
las organizaciones ecologistas ven como una oportunidad única la
tramitación de una Ley de Economía Sostenible para impulsar el
anunciado cambio de modelo productivo –haciendo de la
sostenibilidad el eje fundamental de las políticas del Gobierno-
consideran que el texto actual no responde a la necesidad de un
cambio estructural de la economía para propiciar un giro real en
las tendencias actuales que nos han llevado a una grave crisis
económica y medioambiental, como muestran los impactos del
cambio climático o la alarmante pérdida de biodiversidad.
Frente a
la poca importancia dada a la sostenibilidad ambiental y, en
cambio, la prioridad otorgada al crecimiento económico, obviando
por completo el impacto que tienen las actividades económicas
sobre el patrimonio natural y la biodiversidad, Amigos de la
Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF
entienden que una Ley de Economía Sostenible debería basarse en
el respeto a los límites de los ecosistemas y alejar a nuestra
sociedad de la obsesión por el crecimiento. Debería considerarse
economía sostenible aquella:
que
rechace el crecimiento económico como un objetivo en sí mismo;
que
suponga una progresiva reducción de la explotación de recursos
naturales, especialmente de los no renovables;
que
compatibilice la prosperidad y el bienestar social con la
reducción de la huella ecológica y de la emisión de
contaminantes, en particular los gases de efecto invernadero;
que
centre su modelo energético en la reducción del consumo, la
eficiencia y en las fuentes renovables;
que
minimice la generación de residuos y que los gestione de forma
que se puedan integrar en los sistemas naturales sin dañarlos;
que respete los principios de precaución y de quien contamina
paga;
y
que establezca una auténtica política fiscal verde, premiando
las iniciativas ambientalmente positivas al tiempo que
desincentive las actividades de elevado impacto ambiental y de
mayor consumo de recursos;
en
definitiva, que garantice el respeto al medio ambiente y la
equidad social, de forma que puedan satisfacerse las necesidades
de las generaciones actuales sin comprometer el futuro ni de las
próximas generaciones, ni del resto de especies que habitan el
planeta.
Las
medidas concretas que contempla el documento incluyen, entre
otras:
Incrementar
los impuestos sobre los hidrocarburos y sobre las ventas
minoristas, equiparando los tipos impositivos entre gasolina y
diésel. Así como eliminar todas las ventajas fiscales para los
medios de transporte más contaminantes y favorecer a los más
eficientes para apoyar un transporte más respetuoso con el medio
ambiente.
Establecer
el compromiso de nuestro país de alcanzar un objetivo unilateral
de reducción de gases de efecto invernadero para 2020 que vaya
más allá del compromiso adquirido en el seno de la Unión
Europea, y en, ningún caso, menos ambicioso que el marcado por
el Protocolo de Kioto. En todo caso, este objetivo unilateral
debe ser, como mínimo, equivalente en términos de reparto de
esfuerzo, al objetivo de reducción de emisiones del 40% de la UE
para 2020.
Aplicar
de forma estricta el principio de precaución respecto de
tecnologías que no representan verdaderas soluciones al cambio
climático, como los agrocombustibles insostenibles, la captura y
almacenamiento de carbono o la energía nuclear, y condicionar el
uso de los créditos de carbono al cumplimiento previo de los
objetivos de reducciones internas.
Fijar
un objetivo claro de participación de las energías renovables de
al menos un 30% de la energía primaria para 2020 y un 80% para
2050; y de al menos un 50% de la electricidad para 2020 y un
100% para 2050.
Limitar
a 30 años la vida útil de las centrales nucleares, eliminando
cualquier posibilidad de renovación extraordinaria de
concesiones a las nucleares y contemplando que se puedan cerrar
antes de lo previsto si hay suficientes energías renovables para
sustituirlas.
El
compromiso de detener la ejecución del PEIT y las nuevas
infraestructuras que estén en abierta contradicción con los
objetivos de sostenibilidad que se plantean en la Ley de
Economía Sostenible.
Medidas
concretas para fomentar los mercados locales frente a los
globales para reducir la movilidad de las mercancías.
Una
Ley de Movilidad Sostenible que obligue a las autoridades
competentes a poner en marcha Planes de Movilidad Sostenible
cuyo objetivo sea reducir la necesidad de desplazamientos de los
ciudadanos a la vez que se priorizan los medios de transporte
colectivos y no notorizados frente a los más contaminantes.
Nuevas
medidas que incentiven el alquiler y la rehabilitación de
viviendas frente a la propiedad y la nueva construcción.
Eliminar
del texto la instauración del silencio administrativo positivo,
que supondría una grave dejación de responsabilidad por parte de
las administraciones públicas y la eliminación de un control
preventivo que asegura, al menos, un menor impacto de las
actividades económicas sobre el medio ambiente.