En el 2040, el mar se habrá tragado las viviendas de primera línea en Almería

FUENTE: IDEAL/JUAN ENRIQUE GÓMEZ. 31-01-10

El calentamiento global no pasará de largo por Almería. El mar subirá medio metro en el litoral almeriense, suficiente para acabar con la sobrevalorada primera línea de playa en una época en la que las alteraciones del clima provocarán ciclos de 11 a 13 años sin nieve en la sierra y otros de densas nevadas

El litoral de Andalucía oriental pierde la batalla. El mar avanza de forma inevitable. El delta del Andarax, al igual que del resto de las desembocaduras de ríos y ramblas, se retrae hacia el interior. El mar ha ganado ya 200 metros en algunas zonas de la línea costera, y en sólo diez años. Los espigones situados en todo el litoral almeriense no evitan la destrucción de los paseos marítimos con el más mínimo temporal. En Sierra Nevada, las temperaturas y la sequía generarán años sin una gota de nieve y otros con enormes nevadas. En el interior el desierto crece, las especies animales buscan nuevos hábitats.

La realidad de la evolución del clima no tiene freno, pero existen soluciones que, aunque son aparentemente utópicas, deberían ser tenidas en cuenta. Hay que aplicar tres fórmulas, restaurar, proteger y gestionar.

No son malos augurios catastrofistas y apocalípticos. Es únicamente evidencia científica. La variabilidad del clima en esta primera mitad del siglo XXI nos lleva, inevitablemente, a un incremento de la temperatura global y, con ella, la subida del nivel del mar, la alteración de los ecosistemas, el incremento de las migraciones humanas, la escasez de comida y la modificación de espacios ocupados por el hombre, como las primeras líneas de playa, donde en las próximas décadas, con el horizonte a 30 años vista, en el 2040, el ladrillo caerá bajo el empuje de las mareas. Los estudios que realizan especialistas del Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama), constatan ya el crecimiento del mar en el litoral sur de la península Ibérica y en particular en Andalucía Oriental, así como modificaciones en los ecosistemas de interior.

La provincia de Almería no está exenta del calentamiento global. El mar avanza desde hace décadas y seguirá esa dinámica durante todo el siglo XXI. «La previsión es de que la subida del nivel del mar a lo largo de este periodo sea de un metro, y para el 2040 habrá sido ya de cincuenta centímetros», dice el director del Ceama, Miguel A. Losada. Esto significa que desaparecerá una línea de costa que, dependiendo de la orografía y su composición geológica, podría ser de más de un centenar de metros tierra adentro. Crecerá más donde el terreno sea menos irregular, lo que ya ocurre en zonas almeriense como el playazo de Vera, la Comarca del Poniente y la Bahía de Almería. Las potentes lluvias cíclicas que caen en la provincia demuestran lo que puede ocurrir con una subida de las aguas, sean del mar o interiores.

El empeño por ocupar la primera línea de playa a base de urbanizaciones cada día más cerca del mar tiene su precio. Si a medio metro de subida del nivel del agua le sumamos otro más para el movimiento de mareas y oleaje, y otros cincuenta centímetros cuando hay temporal, la imagen está clara, los paseos marítimos desaparecerán por completo. De hecho ya se dan ocasiones en las que viviendas de la primera línea costera, se encuentran con cuarenta centímetros de agua en sus cocinas, y las inundaciones están cantadas cuando lluvias torrenciales intentan hacerse paso desde los montes de la sierra de Gádor hacia el mar. Casi la totalidad de las playas del litoral oriental tienen ya espigones para contener el avance de las mareas. En toda la zona costera oriental de Granada y del Poniente almeriense -sobre todo en el litoral abderitano- han sufrido en varias ocasiones los efectos de la subida del nivel del mar. Para los especialistas, desde Salobreña a La Rábita y desde Adra a Almería, el mar hará desaparecer urbanizaciones y gran parte de las enormes extensiones de invernaderos. Y en el Cabo de Gata, es más probable que el mar engulla las salinas.

Desembocaduras

Los espigones en las playas son ya una prueba de que el problema ha comenzado, pero en la provincia de Almería hay un espacio donde el futuro se ha hecho presente. El delta del río Andarax se retrae. Desde hace décadas, la ausencia de aportes de agua y, por lo tanto, de sedimentos, hacen que la lengua de tierra cada vez sea mucho más corta. Lo demuestran los deslindes costeros, cada vez más al interior.

Este proceso natural responde a las alteraciones climáticas, según el director del Ceama. El delta ha dejado de recibir aportes geológicos al reducirse el caudal del río -que por otra parte, también viene explotado en demasía por los terrenos de regadío agrícola situados a los márgenes del mismo en todo su recorrido. También se han retraído los deltas que forman las ramblas situadas en el litoral más abrupto: principalmente el del Poniente occidental. En la capital malagueña también se aprecia este problema en la desembocadura del Guadalhorce.

Pero las alteraciones del clima no se quedan en el litoral. Sierra Nevada, considerada como uno de los espacios clave para estudiar la evolución climática de Europa y del planeta, ha sufrido ya los efectos de las subidas de temperaturas. Si en la década de los noventa, la sierra se encontró con una de sus mayores sequías, a partir de ahora, desde antes de mediados de siglo, las alteraciones impondrán temporadas sin una gota de nieve que pueden ser de 11 a 13 años, y otras de duración similar con enormes nevadas. «Las precipitaciones serán las mismas en un cómputo amplio de tiempo, pero con épocas muy secas y otras muy lluviosas, y no necesariamente periódicas». De hecho, ya no se dan temporadas de nieves perpetuas en la sierra.

Otras zonas de interior, experimentarán aún más de lo que ya lo sufren, el avance del desierto, con escasez de agua para riego, incremento de la insolación, descenso de la humedad y más frío en temporadas de invierno, posiblemente más cortas que ahora. Serán las zonas aledañas al Parque Natural del Desierto de Tabernas. En su territorio ya se aprecia. Pero otras zonas adquirirán estas características: especialmente en la expansión desértica hacia el norte -Sorbas y estribaciones de la Sierra de la Sierra de los Filabres- y hacia las comarcas interiores de Granada, las hoyas de Baza y Guadix.

Restaurar y proteger

Para los investigadores, la realidad de la evolución del clima no tiene freno, pero existen soluciones que, aunque son aparentemente utópicas, deberían ser tenidas en cuenta por gobernantes y ciudadanos. «La solución tiene tres fórmulas, restaurar, proteger y gestionar», dice Miguel A. Losada. Restaurar es intentar devolver a la naturaleza lo que le hemos quitado, es decir, que las primeras líneas de costa, los cauces de los ríos, las ocupaciones de estuarios y deltas, vuelvan a ser como eran antes de la proliferación de urbanizaciones e infraestructuras humanas. Algo imposible si se tiene en cuenta que son miles de kilómetros cuadrados los que se han cubierto de ladrillo. La segunda es proteger los espacios que peligran ante el avance del mar, la construcción de infraestructuras de contención y regulación de mareas, lo que ya se hacía desde hace siglos en zonas como los estuarios y marismas de Huelva y Cádiz, con los molinos de mareas. «Pero existe un grave problema, ¿Quién lo paga?», dice Losada. Una tercera solución es la que debería haberse iniciado hace ya mucho tiempo, gestionar el uso de las costas y espacios en peligro con la vista puesta en lo que tiene que llegar. «Puede ser utópico, pero nunca es tarde, sobre todo si pensamos que la situación que se dibuja no tiene que ser un no futuro, sino que incluso podríamos ser más felices». Esa gestión necesita un drástico cambio de conceptos y prioridades que no parece que nadie esté dispuesto a asumir, menos aún los gobernantes, que aún piden que el ladrillo vuelva a sostener la economía del país.

 

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