Corrupción en El Ejido, para empezar
FUENTE: TELEPRENSA.-MURCIA. 17-11-09
Por Miguel Ángel Blanco, periodista
Estalló el
escándalo en El Ejido y me ha pillado ya con el desencanto a
cuestas. O sea, que no me extraña. Lo preocupante es que se haya
tardado tanto en que los grandes escándalos urbanísticos
(municipales o no) salgan a la luz de la justicia. Ahora en El
Ejido. Antes, algunas historias de construcciones ilegales en
pueblos del interior; también una demolición minoritaria en
Vera. Y los rumores, durante todos esos años, dando rienda
suelta a multitud de corruptelas por los pasillos de los
ayuntamientos. No estaría mal echar un vistazo a los
subterráneos de, por ejemplo, Pulpí, Vera,. Mojácar, Carboneras,
Cuevas del Almanzora, Níjar, Almería, Roquetas de Mar…, en el
mapa provincial. Así está la realidad desde hace bastante
tiempo. El tema de El Ejido se ha colocado en el ranking
almeriense, por su envergadura. Nada menos que veinte detenidos,
presuntos implicados. Lo que pasa es que al amparo del escándalo
ejidense suben a la superficie otros hechos, recuerdos de la
memoria periodística, cuestiones que apenas trascienden. Y de
eso va este momento que les propongo en nuestro particular
encuentro, de ustedes, lectores anónimos, conmigo, un periodista
en la sombra.
Durante el franquismo, una de las acusaciones más directas que
surgían desde el antifranquismo era acusar a la dictadura de
favorecer la corrupción como uno de sus pilares. Grandes
escándalos hubo (Sofico, Aceite de Redondela, Matesa, la permuta
del Toyo en Almería), historias sobre ayuntamientos y sus
intereses, de grandes empresas. Eran los tiempos en que la
prensa estaba controlada y reducida al silencio, de manera que
difícilmente un periodismo de investigación y denuncia podía
desentrañar tanta basura.
Ya en democracia, detrás de esta situación hay que mencionar los
tiempos de la Ley del Suelo con los intentos de poner orden en
los procesos urbanizadores, entre lo público y lo privado, sobre
todo. Ley del Suelo de 1990, derogada en gran parte por
sentencia del Tribunal Constitucional, al entender que invadía
competencias de comunidades autónomas y ayuntamientos, una
cuestión que está siempre latente en todo el proceso
legislativo. Ley del Suelo de 1998, con el gobierno Aznar, que
amplia la liberalización del suelo de tal manera que hay
opiniones que la acusan de abrir la puerta a los intereses
especuladores. El Tribunal Constitucional en 2001 deroga también
aspectos de la Ley de 1998. Y después, la Ley de 2007. Normas,
orden legal, competencias… En realidad, en el argot de la calle,
viendo la barbaridad del panorama urbanístico, tanto el legal
como el ilegal, todo es papel mojado.
Si nos fijamos en el panorama provincial, recordando de aquí y
de allá, en la memoria periodística, en aquellos tiempos
iniciales de la Transición existía lo que se llamaba en el argot
de la construcción, el ‘peaje’, un 2 por ciento, que los
constructores añadían sin discusión al presupuesto de cualquier
proyecto, era la comisión que se pagaba.
Lo que el
Ayuntamiento hiciera con ese dinero (si iba a las arcas
municipales, a algún bolsillo particular o al partido político
de turno) no se sabe. Ese peaje, por lo visto ahora es del 5 por
ciento. Y está el caso del alcalde de un municipio que le llaman
en voz baja ‘alcalde diez por ciento’.
Recuerdo lo que un alcalde de UCD, de un pueblo de la costa, me
confesó hace bastantes años, que una de sus primeras
experiencias, de alcalde novato, fue con la compra de un camión
por el Ayuntamiento. El responsable de la tesorería municipal le
informó un día que la empresa vendedora del camión había
entregado ya la cantidad de la comisión correspondiente. El
alcalde se quedó estupefacto y así se enteró que era normal
pagar comisiones. Lo que hizo este alcalde fue ordenar que el
dinero se ingresara en las arcas del Ayuntamiento, y no se metió
ni un duro en su bolsillo.
Otra historia fue dada a conocer por Joaquín Garrigues Walker
(Madrid, 1933-1980) a la revista ‘Cambio 16’, en los comienzos
de la Transición, al poco tiempo de tomar posesión de ministro
de Obras Públicas, en el segundo gobierno de UCD presidido por
Adolfo Suárez (1977-1979). Contaba el ministro al periodista que
en sus primeros días de ministro llamaba a su secretario para
disponer de fondos para los primeros gastos; el secretario le
daba el importe correspondiente sin ningún tipo de justificante
ni firma. Y así varias veces. El ministro, extrañado, preguntó
que si no tenía que firmar nada, y su secretario le dijo que ese
dinero salía de unos fondos, que no necesitaban justificación,
de libre disposición por el ministro de turno. En sus
comentarios el secretario incluso le desveló a Joaquín Garrigues
Walker que algunos ministros anteriores trasladaban el importe
íntegro de ese fondo, unos cien millones de pesetas,
directamente a sus cuentas particulares sin más, nada más tomar
posesión del despacho oficial.
La historia secreta de la corrupción está llena de ‘hombres con
maletines’ visitando a autoridades, para convencerles de lo
importante que es proyectar un campo de golf, por ejemplo, con
sus hoteles y urbanizaciones correspondientes; o alguna gran
superficie comercial, o una urbanización de lujo, o un polígono
industrial, o…, proyectos que van a cambiar, ¡y de qué modo!, la
vida del pueblo. Y si la autoridad se resiste, para eso está el
contenido del maletín. Hubo hace pocos años un alcalde del
interior de la provincia, que se estuvo resistiendo a los
‘cantos de sirena’ de varios proyectos de urbanizaciones y
campos de golf, hasta el punto de tener a casi todo el pueblo en
contra, porque pensaban muchos vecinos que su alcalde estaba en
contra del ‘progreso’ (¡menudo progreso!). Al final, salió solo
un proyecto. A cambio la promotora se comprometió a financiar un
proyecto social para el pueblo (club de ancianos, centro
juvenil, etc.), como así fue. El alcalde contaba: “Hay que
tenerlos muy bien puestos, Miguel Ángel, cuando estás viendo en
tu despacho un día y otro día cómo van pasando los maletines y
tu echando a gente del despacho”.
En fin, historias como éstas, las hay de todos los colores,
historias que apuntan a todas las direcciones. A las
instituciones y a los partidos políticos. El paisaje es
desolador: un montón de mierda, en medio de vecinos y políticos
honrados, que también los hay; eso sí, que se encuentran
desolados, sintiendo su soledad política más que nunca. La
política cae en el mayor de los descréditos, así se establecen
las bases de la tiranía del mañana y la realidad democrática
comienza a resquebrajarse. Los ayuntamientos se han convertido
en la mayoría de los casos en empresas con el afán del máximo
lucro, instituciones para hacer negocios.
Cuestión legal o cuestión moral. O ambas cosas a la vez. Algo
más que un dilema. En el aire está en toda su dimensión el
modelo social, el ideal de vida, la justicia social, la igualdad
de oportunidades, qué entendemos por democracia. Todo. Y desde
este criterio, viene el análisis de lo que nos rodea, de una
situación que está sometiendo a revisión las bases del actual
modelo democrático. En El Ejido, en Almería, en Andalucía, en el
resto de España. En todas partes ha comparecido ya el drama de
la mierda urbanizadora ‘salvaje’, en donde se ha refugiado el
dinero corrupto. Y lo más preocupante es que hay muy poca gente
a la que le remuerde la conciencia por estos hechos, se ha
diluido el humanismo del ámbito político y hay mucha gente
dispuesta a seguir votando a los especuladores y políticos
corruptos. Suficiente para que el espíritu de resistencia
comience a gestarse de nuevo en la calle contra el poder.