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Otoños breves, primaveras anémicas FUENTE: TIERRA. 15-10-09 Por Joaquín Araujo
"Todo el contento de la vida, cífrase en el retorno regular
de las cosas exteriores. La sucesión del día y de la noche, de
las estaciones del año, de las flores y de los frutos y de
cuantas demás cosas se producen en épocas determinadas, para que
las podamos gozar y las gocemos. Son los verdaderos resortes de
la vida terrestre. Cuanto más abiertos estemos a estos placeres
tanto más dichosos nos sentiremos. Pero si la variedad de los
fenómenos van y vienen ante nosotros sin que en ellos tomemos
parte o si no tenemos capacidad receptiva Cuando lo que está amenazado es precisamente el oscilante péndulo del "retorno regular", esto que algunos preferimos llamar el cumplimiento de la promesa de presentarse a la cita más crucial; o, si se prefiere, el siempre aliviante misterio de volver a empezar. Es decir, cuando falla la confluencia entre la vida y el tiempo, entonces no es ya el desajuste de temperaturas, o de los episodios vinculados a las precipitaciones; de lo que se trata es de primaveras, muy al gusto de estos tiempos, anémicas. De la condena a la brevedad de los otoños. Del lento asesinato de las justas cadencias de esa sonata barroca que, sobre la piel del mundo, interpretan las estaciones. Pero, al menos para los, que además de defender la Naturaleza, auscultamos sus latidos, les hacemos compañía y vigilamos los pasos de la savia o los itinerarios de la fenología, para nosotros no es eso lo más grave. Lo que desgarra es la creciente frecuencia con que apreciamos la voluntad de fracasar que acometen algunas especies. Como si quisieran imitar a las cumbres políticas sobre el clima, también animales y plantas emprenden caminos de manifiesta imposibilidad de cumplimiento de lo que inicialmente se proponen y prometieron. Me refiero a los casos de floración otoñal de especies de árboles que SIEMPRE se reproducen en primavera. También los algo menos frecuentes procesos de cría, sobre todo de aves, en los meses de octubre y noviembre. Cuando se intenta la renovación de cara a los meses fríos del año podemos estar seguros del resultado final: ni nuevos frutos, ni jóvenes de la especie. Solo frustración por el grave error cometido. El cambio climático está consiguiendo que la vieja Natura se equivoque. Está humanizando incluso a lo más íntimo de lo espontáneo y así cada día mengua más el gran contento del paso del tiempo en su momento oportuno y de la seguridad que las regularidades de los ciclos nos garantizaban.
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