La minería tropieza con resistencia en todo el mundo 

FUENTE: SOITU.ES. 07-05-09 

Por PABLO FRANCESCUTT I

A la industria minera le está costando continuar con su negocio como lo venía haciendo. A lo ancho y largo del orbe, sus nuevos proyectos tropiezan con una creciente resistencia, en ocasiones de tal calado que los gobiernos locales no tienen más remedio que asumir las protestas. Quienes se oponen a ellos alegan su impacto ambiental, la usurpación de tierras y el desplazamiento de poblaciones que suelen traer aparejados.

Tomemos el caso de El Salvador. Allí, la mayor mina del país —de oro, más concretamente—, ha generado un movimiento de rechazo encabezado por la Iglesia salvadoreña. Su propietaria, la transnacional minera canadiense 'Pacific Rim', amenaza con demandar al gobierno ante un tribunal internacional por su "pasividad" ante los opositores. En ese país no olvidan la contaminación con cianuro causada en los años 50 por la mina El Dorado. Ahora temen que la nueva explotación repita el desastre en el río Lempa, el principal suministro de agua potable de muchos salvadoreños.

En Ecuador ocurre otro tanto. Colectivos indígenas de la provincia de Azuay libran una lucha contra la expansión de la minería. No les convencen los planes del presidente Rafael Correa de crear una empresa minera estatal autorizada para operar incluso en zonas protegidas. Da igual que tenga titularidad nacional o extranjera, argumentan, el resultado será similar: mayor deterioro de los recursos hídricos.

En las antípodas encontramos más de lo mismo. En el foco de las protestas se halla la compañía 'Barrick Gold', cuyos emprendimientos ya chocaron con una fuerte oposición en Argentina. Su mina acuífera en el Lago Cowal (Australia) ha soliviantado los ánimos de los aborígenes, que sienten que están destruyendo sus tierras ancestrales. Los cargos contra la empresa suenan familiares: despilfarro de agua y vertidos de cianuro (sustancia tóxica utilizada en el lavado del mineral).

En Vietnam, poseedor de grandes reservas de bauxita, crece la oposición a la apertura de una explotación de dicho mineral por una compañía de capital chino. En un raro gesto de oposición pública, científicos, intelectuales, monjes budistas y ex militares han unido sus voces en la condena del proyecto. Al célebre ex general Giap, el autor de la victoria vietnamita sobre los franceses, le preocupa que China —el enemigo histórico— se haga con el control de recursos nacionales estratégicos; y a los sacerdotes, los "efectos destructivos" que la futura mina tendrá en las poblaciones indígenas.

La lucha contra los estropicios de la minería ya figura en el pelotón delantero de la defensa del medio ambiente. No por azar uno de los galardones del 'Goldman Environmental Prize 2009' ha recaído en la estadounidense Maria Gunnoe, que lleva once años denunciando los desmanes de la industria del carbón en los montes Apalaches. Las empresas tienen la delicada costumbre de volar las cumbres de las montañas para acceder con rapidez a sus filones, sin importarles los corrimientos de tierras que por ello tienen que sufrir los pobladores de los valles adyacentes.

Mucho han cambiado las cosas para la minería. Antaño, sus contrincantes eran los mineros, protagonistas de épicas luchas contra las inicuas condiciones laborales (¿recuerdan Santa María de Iquique?), o los gobiernos nacionalistas deseosos de controlar el flujo de riquezas que succionaban de las entrañas de sus naciones. Ahora se enfrenta a vecinos, ecologistas, aborígenes, sacerdotes y un largo etcétera. La actividad minera continuará, sin duda, porque necesitamos minerales y metales, pero deberá adaptarse a las reglas de juego que va dictando la emergente conciencia ambiental.

Mina Cobre las Cruces (Sevilla) EFE

Mina Cobre las Cruces (Sevilla) EFE

 

Página de inicio