crónica 7 Y 8 de "Pallasos en Rebeldía" desde Palestina 

FUENTE: PALLASOS EN REBELDÍA. 11-05-09 

Crónica 7 desde Palestina

Por Iván Prado

Ayer fue el día más extraño de toda mi vida. Empezaré por el final a modo de cuenta atrás. Tres de la mañana. Salón de la casa de los padres del responsable de la organización que nos trajo a Nablús. Nos retiramos a la cama después de un debate de toda la caravana sobre la resistencia armada, el motivo: tenemos adrenalina para cazar una manada de elefantes y luego echar una pachanga.

Dos horas antes cruzamos el casco viejo de esta ciudad ocupada con el corazón en un puño y como dice Leo Bassi con el ano estretto, y todo porque estuvimos hasta las doce y media en el local de Human Suporters debatiendo si al día siguiente íbamos a hacer una acción pallasil a un chek point (el debate estaba en tablas y yo di el brazo a torcer. No iríamos a hacer la acción para no fraccionar el grupo ni forzar a la gente que dudaba).

Salimos a las 12.30 del local y nuestro guía empezó a hacer cosas extrañas como correr de esquina a esquina, mandarnos esperar en silencio hasta que él comprobase primero si el camino estaba libre., total, que de nuevo nos la estábamos jugando. Era la hora de las brujas, la hora en la que baja el ejército, y en cualquier momento nos podíamos encontrar con una columna israelita.

Cruzamos como fantasmas la ciudad hasta el momento en el que escuchamos el ruído de un enorme camión que en la distancia parecía igual a los que transportan tropas israelitas. En ese rato de pánico colectivo nuestra expedición corrió como si el demonio nos llevase (en mi interior siento que esa calle y esa noche estrellada son una metáfora perfecta de mi vida. A modo de foto fija me siento parte de un juego secular al que pertenezco). Finalmente llegamos a la casa. Las palpitaciones se escuchan la diez kilómetros a la redonda. El camión era de ceniza y esa noche el ejército no bajaría, pero para nuestra experiencia supuso tres vuelta sucesivas la este dragón kanh sionista que se llama Cisjordania ocupada.

Antes de salir por patas, celebramos el cumpleaños -pastel incluido- de Laila, nuestra increíble traductora-guía-logista e inmejorable embajadora galaico-palestina. Siempre es algo extraño para mí celebrar un cumpleaños en medio de una vaixe de este tipo, pero lo que fijo de esta celebración algo único fue a estar metidos en un bar atestado de hombres y pipas árabes viendo el histórico 6 a 2 del clásico de la liga española (pienso que es la primera vez que veo un partido de futbol entero por la tele en mi vida).

La proporción de fans de uno y otro equipo fue la misma que el resultado pero a la inversa. En Palestina cualquier excusa es buena para salir de la rutina genocida, así que la controversia barsa "rial" madrid es el primer tema de conversación que se nos presenta por la calle. El caso es que a los 5 minutos de partido ya me estoy abrazando y pegando botes con los seguidores del Barça que tenemos a nuestro carón. Y yo que pienso que el futbol televisado es el opio del pueblo! Lo que no me pase en Palestina no me pasa en ningún sitio.

Antes del partido veníamos de dar el taller más difícil de mi vida. El grupo era grande pero muy interesante y aun yo tenía que luchar contra la dificultad de trabajar con hombres y mujeres en el incluso espacio. Lo que hacía de este taller el más duro que nunca di fue la manera de empezar la mañana, algo que no olvidaré nunca.

Son las 10 de la mañana y salimos de la casa camino la una junta con el pequeño circo, una entidad de circo, pero antes los aguardan un recorrido turístico absolutamente dantesco. Nuestro guía los llevan por el camino del terror en Nablús, un combinado que mezcla historia de resistencia heroica con la depravación humana más sangrante.

Nablús es una ciudad con más de 2000 años de historia, un lugar histórico merecedor de todos los apoyos internacionales posibles pero está en ruinas, las ruinas que provoca esta guerra de ocupación. Los sionistas dejaron y dejan (en estos momentos nos están sobrevolando los F16 -que se fabrican en Europa o Estados Unidos-) un rastro de sangre casi imborrable.

En cada esquina de la ciudad hay fotos de los mártires de la causa Palestina, en cada callejón hay banderolas contando el sufrimiento de esta población, casas derribadas por los bulldozers, edificios enteros bombardeados para que las tropas puedan entrar en el corazón del casco antiguo, casas y piedras que sepultaron familias enteras mientras los vecinos tenían que esperar semanas para retirar los corpos o salvar los supervivintes, historias de niños asesinados mientras jugaban en las terrazas, cuerpos en descomposición porque en esta ciudad los muertos no tienen derecho ni siquiera a ser recogidos polos suyos ser queridos.

Después de estar en Nablús la membrana del corazón que me une a la humanidad está tan frágil que tengo miedo de estornudar. Dar un taller de risoterapia despois de este recorrido por las venas abiertas de Palestina, después de escuchar más de una hora de testigos de las aberraciones cometidas polos soldados judíos fue, sin lugar a dudas, el mayor reto de mi vida como militante de la fraternidad entre los pueblos.

Aun así, el taller salió muy bien y ahora tenemos una familia en Nablús, una familia de varios miles de personas que viven rodeadas por 6 cuarteles militares, 5 chek points y once cabezas nucleares que están en sus montañas.

No sé que va a pasar por la noche, si vendrán los soldados a la casa o no, o si nos pararán en el chek point. Lo que sí sé es que en esta ciudad, en este país, se está jugando mi futuro y el de mi familia. Lo que está sobre la mesa es si la humanidad está dispuesta a seguir permitiendo este nuevo holocausto o no.



Crónica 8 desde Palestina
Por Iván Prado


Este fue el viaje más duro de mi vida y no porque casi nos morimos en un accidente de tráfico o me apalean en el aeropuerto en el viaje de vuelta, no. Lo que hizo de esta expedición una experiencia más dramática incluso que la anterior, en la que nos bombardearon, venimos salir cuerpos destrozados de las ambulancias por causa de los tomahauks israelitas, golpearon gente delante de nuestros ojos, y fuimos testigos de agresivos combates nocturnos, fueron las testigos que en cada sitio nos iban dando: una terrorífica historia colectiva tallada a sangre sobre la resistencia del pueblo palestino.

Casi toda la gente con la que hablamos pasó por la cárcel, casi toda, y si no tiene su pariente mas querido allí metido, y a veces las dos cosas a la vez. En cada casa hay relatos de humillación, impotencia y genocidio.

Estudiantes universitarios, trabajadores de la sanidad, amas de casa, militantes sociales, niños y niñas, ancianos al final de su vida. da igual. Si son palestinos en las zonas ocupadas, sólo pueden hablar de palos, disparos, vejaciones y torturas, una estela de atrocidades tan grande que para seguir escuchándolos con el corazón tengo que hacer acopio de toda mi reserva emocional de alegría y esperanza.

Lo que resulta increiblemente extraño é que hablan sin odio en la mirada, que después de decirte como fueron torturados siguen mostrándote su humanidad, que después de enseñar las balas en la pared siguen sirviéndote té con todo el cariño del mundo. Como puede ser que un pueblo tan machacado no pierda la sonrisa, no pierda la ocasión de ser amable y siga manteniendo la bandera de la esperanza en alto, como puede ser que sus rostros no sean de granito, sus cantos de odio y su caminar de destrucción, después de llevar más de 60 años bajo un sistema que oprime, desprecia y los acaba?

Sólo tengo una respuesta, la luz, por la luz interior que portan. Y cuando hay tanta luz, la sombra no deja de perseguirla.

Nos marchamos para Barcelona, pero en el aeropuerto de Tel Aviv nos esperan el último capítulo de esta demencia colectiva que llaman Israel. Nos revisan todo el material, nos llevan a unas cabinas aisladas y la mí hacen me desnudar (como no llevo calzoncillos me traen mi mochila para que me los ponga). En mi inglés tarzánico les digo que por favor no toquen mi colgante. Después de 5 veces le chillo al mamón del segurata judío y pego un golpe contra la mesa. Él se acojona y llama dos veces al timbre de seguridad. En 15 segundos aparecen 5 armarios empotrados israelitas dispuestos a hostiarme. La situación se calma y yo miro hacia ellos con odio y desprecio.

De esta vez no hay golpes, me libré. Eso sí, insisto vestido solo con mi orgullo y unos gayumbos que no me toquen el colgante. 5 minutos después le chillo la una de la seguridad que sí me entiende en castellano que en Isarel no se respeta a las personas, y la escena amenaza con repetirse, pero de esta vuelta el calvo y el colega méten nos en la fila de embarque business delante de todo el mundo y nos pasan por otro pasillo a la zona internacional. Se ve que la mala hostia de Lugo a veces ayuda a no hacer colas.

En la glamurosa parte internacional del aeropuerto Ben Gurion vemos la metáfora perfecta de esta ocupación sionista. Una enorme fuente central bajo una inmensa cúpula de cristal deja caer del cielo, sin tubos ni estructuras, ríos de agua, la misma agua que los palestinos no pueden emplear para sus campos porque los judíos la tienen robada, agua que cae del cielo, tierras que caen del cielo, armas que les caen del cielo a este pueblo que tanto sufrió en el pasado, todo le viene dado hoy por mandato divino, acaso no le podría caer la humanidad entera también desde el cielo?

 

 

 

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