Primeras crónicas de "Pallasos en Rebeldía" desde
Palestina
FUENTE: PALLASOS EN
REBELDÍA. 01-05-09
Primera crónica de Pallasos en Rebeldía desde Palestina
Por
Iván Prado
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De cuando los apellidos son sinónimo de terrorista Después de 12 horas
de viaje, parada incluida en Estambul, chistes, muchas risas, ciertos
nervios y bastantes preguntas llegamos a Tel Aviv, cansados y llenos de
sueño. Aun así no perdíamos la alegría, ya que estábamos cerca de
Palestina y pronto empezaría nuestra aventura, pero nos dimos de bruces
contra el muro, no el físico que atraviesa Cisjordania ignominiosamente,
sinó el muro de la represión sistematizada, la incompresión y el
terrorismo de estado.
En el aeropuerto de Ben Gurion, detienen a Laila por su ascendencia
palestina. Su apellido hace sospechar a la judía de color que se
encuentra metida en esa garita tuneada con la que ya te humillan nada
más llegar la Isarel. La llevan aparte cuando se enteran de que su padre
nació en Yenin y a nosotros nos dejan marchar, pero Edu y yo decidimos
que uno de los dos se quede en la antesala del infierno para no dejar
sola a Laila, así que me armo de valentía ignorante y, con mi inglés de
Porriño, me voy para arriba de un armario con patas y traje de
torturador y pregunto por mi amiga.
Total, que me quitan el pasaporte y me meten en una salita por la que
van pasando, como en el bar intergaláctico de "La guerra de las
galaxias" todo tipo de especímenes, desde mexicanos de camino a
Jerusalén en santa peregrinación hasta árabes con pintas de dedicarse al
tráfico de armas y otras especies. Nadie me explica nada pero yo también
estoy retenido, no entiendo el dioma del país y no tengo papeles. Ahora
comprendo un poco a más los africanos que llegan a nuestras costas.
Laila va entrando y saliendo de varios interrogatorios y de vez en
cuando la dejan venirse conmigo, así hasta que en la quinta visita al
kafkiano aparato sionista, la obligan a abrir su correo y descubren a lo
que realmente venimos, momento en el que nos amenazan con echarnos del
país y me obligan a entrar en la sala de interrogatorios.
Yo canso, harto y de mala hostia, decido que si me van a echar por lo
menos que sea con clase. Mensajes y llamadas al consulado y a Edu, que
está fuera esperándonos con las maletas. A los primeros para pedirles
ayuda (cosa que no sirvió para nada) y al segundo para que huya y se
esconda (cosa que tampoco funcionó porque él decidió que, si nos echan,
solidariamente, regresa con nosotros).
Total, que entro y decido sentarme en una silla que queda vacía, eso sí,
está al fondo y en la esquina del cuartucho, cosa que enfada mucho la
señora y en un inglés vomitado me grita y me dice que me arrime, a lo
que yo le contesto con mi estudiada frase "sorri ai an no espikin inglis".
La señora -de mala hostia- responde que no me preocupe, que ella sabe
español, pero yo entiendo lo contrario y respondo que "eso yes is a
problem", y la señora responde que el problem lo tengo yo y muy big,
vamos que Faemino y Cansado estarían felices de copiar estos diálogos.
Luego me manda buscar el billete de vuelta en papel, cosa muy anticuada
porque ya hace tiempo que todo esto funciona por Internet. Se lo digo y
amenaza con echarme del país. Además se pone a chillar que no tenemos
billete, y yo le digo que sí, que está en Internet, y ella diceque no
tenemos billete y que nos echa. Después de un rato de ping - pong
finalmente me manda a mirar mi correo, así que muevo la pantalla para mí
y la paisana la mueve para ella, yo para mí ella para ella, y la quinta
vez de este vals de los idotas se enfada tanto que nos echa de la
habitación. Hombre, era lo que faltaba, que iba yo a abrir allí delante
de esa represora mi correo.
Cinco horas después de nuestra llegada, estábamos libres. Isarel es un
estado ilegal y además maleducado que no entiende que las personas somos
seres vivos y no piezas de una cadena de montaje. Si llegan a saber que
yo me apellido Fernández y que, posiblemente, algún antepasado mío le
prendió fuego a alguna casa de judíos en el Medievo español, a lo mejor
aun seguíamos allí encerrrados.
En la puerta hay un enorme cartel que pone "Welcome a Isarel", y yo
pienso que deberían añadir: "Las autoridades isarelís infroman que ser
persona en este país perjudica seriamente su estadía en él".
Segunda crónica de Pallasos en Rebeldía desde Palestina
Por Iván Prado
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Yenin fue la ciudad más atacada por los israelíes durante la segunda
intifada. Fue lugar de dolor y masacre. Los perros de hierro de los
judíos no daban abasto echando abajo casas y declaraciones de los
derechos humanos.Yenin, durante esos años, se convirtió en la traducción
al árabe del infierno: niños llorando desnudos por las calles mentras el
tiroteo les hacía la raya al medio.
Metáfora de sufrimiento y esquizofrenia colectiva.
Durante nuestro viaje en el 2003 intentamos ir a actuar allí pero no lo
conseguimos. De hecho, la anterior caravana anterior a la nuestra de
Payasos Sin Fronteras acabó apedreada polos propios chavales. 6 años más
tarde llega mi primer trabajo en estas tierras de dignidad y genocidio.
La gente del circo palestino nos lleva a trabajar en dos centros, uno
para mujeres maltratadas, violadas y torturadas. Esta guerra es así. No
hay medias partes ni descanso para las máquinas del terror. El otro
grupo es de gente joven que lleva un tiempo practicando con ellos artes
circenses como manera de escapar a la barbarie.
El día anterior, durante casi una hora me adoctrinan sobre las grandes
dificultades para trabajar con estos grupos. Ellas son muy tímidas, no
se van a tirar al suelo, no van a saltar no van a correr, ni siquiera se
agachan a recoger los malabares cuando caen al suelo. Sin embargo,
siempre según la gente del circo, los jóvenes son muy violentos, están
muy tensos y pertenecen a familias muy machacadas.
Las mujeres me reciben en la distancia. Van tapadas de la cabeza a los
pies aunque por debajo de los trajes llevan zapatos de tacón, el mejor
calzado para una sesión de risoterapia. No las puedo tocar ni mirar
mucho. Las directoras del centro me retiran a mano de forma cortés para
saludarme con una mano en el pecho... Bien, el caso es que ya estoy aquí
y que formo parte de una internacional de la risa revolucionaria que
cree profundamente que, sin esperanza, los pueblos no podemos conseguir
la liberación, así que me lanzo al trabajo sin red de protección ni
paracaídas. Que sea lo que Alá quiera.
Iniciamos el taller con maestras mirando sentadas mentras hacen calceta
y las mujeres participantes a diez metros de distancia de mí. Acabamos
con ellas abrazadas, bailando, saltando llorando y riendo como nunca lo
habían hecho en su vida. Al final, incluso las mujeres mismas me venían
a saludar y hablar conmigo.
Yo no trabajo la risoterapia sino la humanoterapia, abrirse de arriba a
abajo, demostrar el poder del ridículo, desvelar las energías que nos
unen y, finalmente, visualizar el potencial que anida en nuestros
sueños.
3 horas que, según los organizadores e incluso los reponsables políticos
de los programas culturales de Yenin, cambiaron las vidas de estas
mujeres. Las palabras que más sairon en este taller fueron libertad y
revolución. Así me agradecian la ínica virtud que poseo como dinamizador
de grupos, la verdad radical con la que me lanzo en estas experiencias
humanas.
Por la tarde y con el subidón de la experiencia nuclear que acabamos de
vivir, Por el camino, la gente do circo palestino, que no se lo puede
creer, non deja de comentar la experiencia. Están tan agradecidos que
sus ojos, cuando hablan conmigo alumbran como faros.
Empezamos el segundo taller con diez chavales. Yo los abordo en las
escaleras, me meto con ellos, les hago chistes... Al final acabamos
bailando sus danzas tradicionales, sacándonos fotos, abrazándonos comos
si fuésemos vecinos de toda la vida. Gente con un dolor terrible pero
capaz de acogerme como su hermano.
Mientras nos cambiamos en la parte de atrás de un ultramarinos,
comienzan las historias. Uno me habla de su familia maltratada por la
ocupación y otro de cómo hace un par de años, mientras jugaba un partido
de fútbol, vio como un helicóptero isarelí mataba delante de sus ojos a
un chaval que como él apenas pasaba de los 12 años. Su delito era jugar
al fútbol y no llamarse Ronaldinno ni Raúl, sino simplemente Mohamed.
Esta guerra contra la vida tiene coordenadas muy claras. Los israelíes
se mantienen en Palestina a costa de matar, torturar y humillar a la
población civil que tiene como horizonte el Mediterráneo y sus olivos.
Mientras tanto, nuestros gobernantes hacen reuniones en las que negocian
a cuanto sale el cadáver de niño palestino en el mercado de valores.
Cuando nos marchamos para Ramala, una de las mujeres que nos acompaña me
dice con una mirada vidriosa que nunca en su vida había visto reírse de
esa manera a esta gente. Será que la rebeldía hace que el amor entre los
ser humanos sea tan radical y trasnformador que incluso la ocupación
asesina se difumina durante unas horas. Que podríamos hacer si en vez de
ejércitos bélicos armásemos guerrillas de la risa activa y comprometida?