Científicos granadinos analizan en Almería terremotos
recientes para detectar la peligrosidad de las fallas más activas en
Andalucía Oriental
FUENTE:
TELEPRENSA. 14-04-09
Expertos del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (Universidad de
Granada-CSIC), del Departamento de Geodinámica (UGR) y del Instituto
Andaluz de Geofísica y Prevención de desastres Sísmicos (UGR) están
analizando la actividad tectónica reciente y las deformaciones en la
cordillera Bética para localizar las fallas más activas y su
peligrosidad en Andalucía Oriental.
Es el caso de la falla que pasa por el centro de la capital granadina.
Tras el análisis de campo, cartográfico y de gabinete, los expertos
liderados por José Miguel Azañón han concluido que un movimiento en esta
fractura podría inducir terremotos de magnitud 5-6 en la escala de
Richter, es decir, parecidos al acontecido en Italia. No obstante, los
investigadores matizan que esta falla tiene una peligrosidad moderada,
ya que no ha tenido ningún movimiento importante en los últimos 80.000
años, según denotan los sedimentos más recientes cortados y desplazados
por la falla.
Por otra parte, los científicos acaban de finalizar un estudio sobre el
control tectónico del relieve de Sierra Nevada y sus alrededores, para
aplicar las conclusiones a la evaluación del riesgo geológico en esta
zona. Los expertos han descubierto que los núcleos sísmicamente más
activos del sector central de la Cordillera Bética corresponden con el
borde occidental de la Sierra de Gádor, entre Berja y Adra, y la
Depresión de Granada. Las características geométricas (básicamente
longitud de los segmentos activos) de estas fallas podrían provocar
terremotos de una magnitud máxima entre 5,5 y 6 grados en la escala de
Richter, según los expertos.
En esta investigación, otros miembros del equipo también han descubierto
que la falla de Baza continúa activa y que provocó terremotos recientes
como el que se produjo en la localidad granadina de Benamaurel en 2003 o
el de la ciudad bastetana en el año 1531.
Para llegar a estas conclusiones, los expertos analizan series sísmicas,
es decir, grupos de terremotos y, en función de sus características,
localizan las fallas más activas, esto es, las roturas bruscas del suelo
que generan los seísmos.
Además, los geólogos han medido la longitud de las fallas. Esta medición
resulta crucial, ya que indica la longitud máxima del terreno que podría
romper en un terremoto. De esta forma, los investigadores calculan la
energía máxima que la falla puede producir en caso de que entre en
movimiento.
Ahora, los investigadores pretenden analizar los efectos del terremoto
de Andalucía de 1884, que pudo alcanzar entre 5,5 y 6 grados de
magnitud, con el objeto de comprender otros riesgos asociados a estos
seísmos como son las inestabilidades de ladera que inducen.
Magnitud e intensidad
Sin embargo, los seísmos se miden no sólo por su magnitud –la cantidad
de energía liberada por el mismo-, sino también por el grado de
destrucción que provocan en el área afectada, es decir, la intensidad.
En esta última variable influyen parámetros como el emplazamiento del
hipocentro, es decir, la zona de rotura y liberación de energía donde se
inicia el terremoto, el diseño de las construcciones, la topografía o
las características del suelo. Así, según explica Azañón, "aunque el
terremoto de Italia cuente con una magnitud de 5,8 (moderada desde el
punto de vista geológico), el hipocentro se localizó muy cerca de la
superficie, que además coincidía con una zona poblada". Ambos
parámetros, añade, "han influido en la intensidad y la capacidad
destructiva del seísmo".