Residuos de plaguicidas en los alimentos: un cóctel
explosivo
FUENTE: PORTAL DEL
MEDIOAMBIENTE. ABRIL 2009
Autor:
David
Hammerstein
Cada vez son más los productos alimenticios contaminados con diferentes
residuos de plaguicidas utilizados en la producción agrícola intensiva.
Los datos señalan una clara tendencia hacia la presencia de distintos
tipos de residuos especialmente en frutas y verduras. A pesar de que los
científicos siguen discrepando sobre los riesgos asociados a dichos
cócteles, cada vez hay más señales que indican la existencia de efectos
acumulativos y sinérgicos entre los residuos de plaguicidas.
Los expertos en toxicología están acostumbrados a examinar los efectos
de cada sustancia por separado y a evaluar su seguridad en un entorno
aislado. No obstante, resulta obvio que aquellas sustancias cuyos
efectos deseados sobre los campos son similares, también pueden tener un
efecto tóxico acumulado en nuestros platos. Sin embargo, ni la ciencia
ni la legislación destinada a proteger a los consumidores tienen
suficientemente en cuenta dicho efecto combinado.
Según señalan algunas ONG, como Greenpeace, los residuos detectados en
los análisis periódicos, a pesar de ser elevados, sólo muestran la punta
del iceberg: más de la mitad de los plaguicidas que se utilizan en la
actualidad no pueden detectarse con los métodos de análisis que se
utilizan habitualmente. Además, las pruebas de los laboratorios apenas
detectan la mitad de las substancias dañinas en los alimentos. De los 1
350 plaguicidas que se utilizan en todo el mundo, sólo cerca de 500 se
conocen suficientemente bien y pueden detectarse con los métodos de
análisis químicos.
La utilización de dichos residuos no es inevitable: en la agricultura
ecológica no se utilizan plaguicidas químicos en absoluto. Asimismo,
muchos agricultores convencionales suscritos a programas de reducción
del uso de plaguicidas han demostrado que estos productos sólo se
utilizan como último recurso en una serie de medidas destinadas a
proteger cuidadosamente la cosecha. El uso de plaguicidas puede
reducirse sustancialmente e incluso evitarse siempre que se elijan
especies adaptadas al terreno, se mantenga la tierra fértil mediante la
rotación sostenible de cultivos y se aprovechen los beneficios que
aportan las especies depredadoras.
La aplicación de criterios rigurosos para la autorización de
plaguicidas: las sustancias tóxicas, mutagénicas y cancerígenas
deben ser retiradas del mercado, así como las sustancias cuyos efectos
neurotóxicos e inmunotóxicos han sido demostrados, o las sustancias que
actúen como disruptores endocrinos. Lo anterior también se aplicará a
las sustancias que resulten tóxicas para las abejas o que se encuentren
en la lista de sustancias peligrosas prioritarias para el agua.
La autorización de los plaguicidas debe darse únicamente cuando
se disponga de un método viable que permita su detección en los
alimentos y el medio ambiente.
La puesta en marcha programas obligatorios en todos los Estados
miembros para reducir el uso de plaguicidas.
La evaluación toxicológica debe estar orientada a los grupos más
vulnerables: los niños y los fetos son los que mayor riesgo corren
durante el desarrollo de sus sistemas nervioso e inmunológico.