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PROYECTAN UNA “CONFLICTIVA” REPRESA CERCA DE LAS CATARATAS DE IGUAZÚ FUENTE: ECOESTRATEGIA/IPS/BUENOS AIRES. 02-04-09 Con la contienda entre Argentina y el vecino Uruguay aún abierta por la instalación de una fábrica de celulosa en una zona limítrofe, se abre ahora otro frente internacional de conflictos ambientales ante el proyecto brasileño de instalar una represa en el norteño río Iguazú, aguas arriba de las famosas cataratas. La construcción de la represa, que se llamaría Baixo Iguaçu o Capanema, fue adjudicada en octubre de 2008 por la Agencia Nacional de Energía Eléctrica de Brasil a la empresa Neoenergía. Generará 350 megavatios de electricidad y será la sexta sobre el Iguazú, después de Foz do Areia, Salto Segredo, Salto Santiago, Salto Osorio y Salto Caxias. “Cada vez que en Brasil abren o cierran las compuertas, baja o sube el nivel del agua en las cataratas, y eso afecta la biodiversidad en las costas que requieren de un ambiente húmedo constante”, dijo a la agencia IPS el responsable del Parque Nacional Iguazú en la parte argentina, Daniel Costras. Según Costras, la abundancia o baja de agua en los saltos estuvo históricamente relacionada con el régimen de lluvias. Pero entonces los períodos estaban bien delimitados. En octubre, caían 2.500 metros cúbicos de agua por segundo, y en abril se pasaba a unos 1.320 metros cúbicos por segundo. Ahora los cambios son bruscos, advirtió. La gigantesca cascada, con saltos de 80 metros, es la estrella del Parque Nacional Iguazú, en la provincia de Misiones. Con casi un millón de turistas al año, es el más visitado de los 28 parques protegidos de este país. Tiene 67.000 hectáreas y una diversidad biológica propia de la selva subtropical. Los saltos se forman en el curso del Iguazú, que nace en el sureño estado brasileño de Paraná, a 1.300 metros sobre el nivel del mar, en la Serra do Mar, y desemboca en el río Paraná, luego de un trayecto de 1.320 kilómetros. La longitud de los saltos es de 2.700 metros, 600 de ellos del lado brasileño, donde se encuentra el Parque Nacional do Iguaçu, más extenso que el argentino y también declarado, en 1986, Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Para los ambientalistas, consultados por la agencia IPS, el caso pone de manifiesto una vez más la necesidad de coordinación entre los países cuando se aborda la construcción de infraestructura que tenga impacto en la subregión.
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