En búsqueda de una educación ambiental
FUENTE: PORTAL DEL MEDIOAMBIENTE. 16-02-09
AUTOR:
Cristian Frers*
La
preocupación por el ambiente posee una larga historia relacionada con la
ciencia ecológica, ya que fueron los ecólogos los que primeros dieron la
voz de alerta con relación a un industrialismo contaminante y
destructivo del planeta.
Frente a un panorama que se encuentra desolador ¿Quiénes comienzan a
tomar al toro por las astas?... Un rol fundamental les cupo a las
Naciones Unidas, quienes realizaron en 1972 la Primera Conferencia sobre
el Ambiente, en el cual se creó PNUMA (Programa de las Naciones Unidas
para el Ambiente), y se identificó a la educación ambiental como una de
las armas más importantes para la preservación de la Tierra.
Por otro lado se financiaban estudios como los del Club de Roma, quien
les decía a los banqueros y economistas que la naturaleza posee
claramente un límite. La UNESCO y el PNUMA organizaron en 1977 la
Conferencia Intergubernamental en Educación Ambiental, en Tbilisi
(Rusia), y aquí nació formalmente la educación ambiental como una
disciplina cuyos objetivos son: "Generar una conciencia clara de la
independencia económica, social y ambiental y proveer a cada ser humano
con las oportunidades para adquirir conocimientos, valores y actitudes
que les permitan modificar sus patrones de comportamiento para proteger
y mejorar su ambiente".
De acuerdo a la propia definición de la Organización de las Naciones
Unidas para la educación ambiental: Esta educación permite reconocer
valores y conceptos para crear habilidades y actitudes necesarias para
comprender y apreciar la relación natural y social entre el hombre y su
medio biofísico circundante, al tiempo que le da posibilidades de crear
normas y códigos de comportamiento para lograr el mejoramiento de la
calidad ambiental.
Para lograr esto, es necesario seguir los siguientes pasos: Dar a
conocer a un público cada vez más amplio las causas principales del
problema y lograr en él la comprensión y concientización hacia éste,
conocer, comprender, tomar conciencia y actuar, esa debe ser la dinámica
y finalmente, formar una Asociación no gubernamental que congregue a
todos los participantes activos en el proceso, con el objeto de
organizar a profesores y estudiantes del sistema educativo nacional
desde los niveles elementales hasta los posgrados, a todas las
asociaciones civiles no gubernamentales y en fin a toda persona que
responsable y organizadamente, basada en su propia experiencia o en la
de los demás, desee actuar para ofrecer un proyecto alternativo y
fundamentado que pueda dotar a los gobiernos de mecanismos de acción
cuya propuesta emane de la sociedad civil organizada.
Esta asociación debe ser de cobertura nacional y debe contemplar redes
de intercomunicación regional, de cooperación, capacitación e
intercambio, para lograr trabajar en modificaciones y reforzamientos de
la educación ambiental escolar (curricular y no curricular).
Hoy por hoy, mucho de los que se llama educación ambiental no tiene nada
de educación ni de ambiental. Simplemente se la puede considerar
propaganda verde, debido a la banalización de los conceptos ambientales
en muchos ámbitos educativos.
A todos los que salimos a buscar una escuela o un jardín de infantes
para nuestros hijos nos han ofrecido servicios como: "Minihuerto
Ecológico", "Clases de Reciclado" y "Salas de Ecología". Al entrar, el
minihuerto era una maceta con un tomate y una jaula con cotorritas al
lado... Nadie niega lo emocionante que puede ser ver crecer una planta
de tomate, pero la ecología y la educación ambiental son otra cosa, no
necesariamente serias y aburridas, pero requiere una cierta metodología
y especialmente un cierto cúmulo de información ecológica básica, y que
si se considera a la educación ambiental como algo descolgado,
automáticamente pasa a convertirse en un opción, que compite con las
áreas de mayor importancia: matemática, lengua y ciencias, lo cual
termina siendo contraproducente.
La clave está en la inserción en el sistema formal de educación oficial
complementándose con la educación informal. Las organizaciones
ambientalistas no deben establecer programas o actividades alternativas
de ningún tipo, porque en general los conservacionistas originan el peor
material educativo del mundo, simplemente porque no son docentes. Además
aun en los países donde la educación no es prioritaria y recibe magros
fondos, el sistema oficial siempre cuenta con más posibilidades y
recursos que las entidades de bien público.
De otra forma, se están generando chicos con angustia sobre el futuro de
la naturaleza que asusta, chicos que le dicen a su padre que es un
asesino porque fuma, chicos que cambian lamparitas de su casa a una de
menor voltaje y no soportan la paradoja de los carteles luminosos de las
calles; se generan chicos que consumen "antiecológicamente" latas de
gaseosas, porque en la escuela, en las clases de ecología, éstas se
reciclan. Cuando el mensaje correcto sería el siguiente: La naturaleza
es como un enfermo; las generaciones precedentes lo enfermaron
voluntariamente y a este enfermo terminal ellos deben cuidar para que
mejore y no se muera. Este enfermo todavía está vivo y vale la pena
ayudarlo a mejorar. La naturaleza, ante todo, nos da la oportunidad de
disfrutar y de ser más felices de una manera generosa.
La educación ambiental en la Argentina está poco más que en pañales,
pese a los esfuerzos y los planes oficiales que se están tratando de
implementar, tanto en el Ministerio de Educación de la Nación como en
los organismos equivalentes de las provincias, debido a: La falta de
conexión entre las medidas individuales que se implementan y la
problemática social, el carácter temporal de las acciones propuestas (no
conducen a la formación de hábitos), no se permite desarrollar la
creatividad de los sujetos, ya que no hay continuidad entre el contenido
que se transmite y las concepciones y representaciones de los sujetos y
para finalizar, la falta de la información sobre los problemas locales
en conjunción con la problemática nacional. La asistencia oficial es
escasa o prácticamente nula. Esto se debe, principalmente, a la precaria
importancia que frecuentemente se da a la educación, tanto desde el
estado como otros sectores de la sociedad, se traduce como una
contracción del sistema educativo público, como efecto de un presupuesto
bajo y la ausencia de un debate acerca de la calidad y beneficios de la
educación impartida.
La mayoría de los problemas de conservación siguen siendo los mismos que
a fines de la década del 60 y principios del 70: la contaminación, la
deforestación, la desaparición de especies. Estos problemas no sólo
continúan sino que se han agravado. Este hecho contrasta con la
creciente preocupación del público, que peticiona por una mayor
regulación por parte de los gobiernos, que presiona para promulgar
nuevas leyes y que ha motivado la creación de organismos específicos que
atiendan estas cuestiones. Si gran parte de estos problemas son
antiguos, entonces se puede inferir que los éxitos de la educación
tradicional en materia ambiental deben ser muy pocos.
A la buena predisposición de los docentes, que roban horas de sueño a su
descanso para capacitarse en los a menudos espinosos temas ambientales,
hay que sumarle que muchas de las direcciones educativas existen, pero
no funcionan.
Los fascículos "Nueva Escuela" no llegan, los recursos económicos no
alcanzan o sencillamente no existen y para terminar las instituciones
terciarias no ofrecen carreras o posgrados para todas las especialidades
que se necesitan cubrir.
Para conservar nuestros ambientes, necesitamos un sistema educativo
dinámico, que tenga una clara relación con la realidad y con las
necesidades de la sociedad. Dentro de dicho sistema hay tres aspectos
críticos, íntimamente relacionados: el currículum vitae, la capacitación
docente y los recursos didácticos. Ninguno de estos aspectos se están
desarrollando adecuadamente.
Para subsanar estos problemas, la idea es proponer, con base a un
conocimiento científico real, a través de una sociedad promotora del
cambio ambiental autónoma, libre de presiones políticas, un plan de
acción que el gobierno federal impulse en el país conjuntamente con la
sociedad civil, a través de la consulta sistemática y abierta, para
implementar en la práctica un proyecto alternativo comunitario, que
tendrá auspiciado su propio éxito, por haber surgido en forma conjunta,
después de escuchar los planteamientos organizados de una sociedad civil
cada vez más capacitada, conciente y dispuesta a actuar.
Para encontrar una vida en armonía con el ambiente, lo primero que debe
realizarse es obtener una población consciente de su pertenencia al todo
que lo rodea. Se debe educar a las personas desde la infancia para que
aprendan el cuidado necesario para no malgastar los recursos del
planeta, para no ensuciar su entorno y para convivir con su vecino.
*Cristian Frers es
Técnico Superior en Gestión Ambiental y Comunicación Social