Obama se prepara para desmontar el legado moral y político de Bush
FUENTE: ABC/ PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON.11-11-08
A tenor de lo avanzado por los más estrechos colaboradores del presidente electo, Obama podría marcar su toma de posesión anulando algunas de las decisiones más controvertidas de la Administración Bush. Como por ejemplo, eliminar las limitaciones impuestas sobre las investigaciones científicas con células madre procedentes de embriones humanos o suspender los permisos para buscar yacimientos de petróleo y gas natural en zonas de especial valor ecológico.Según explicó el domingo John Podesta, uno de los máximos responsables del equipo de transición de Obama, «el presidente puede hacer mucho utilizando su autoridad ejecutiva y sin esperar a la acción del Congreso y creo que Obama va a hacer eso». A juicio del que fuera jefe de gabinete en la Casa Blanca de Bill Clinton, el presidente electo «siente que tiene un mandato real de cambio y necesitamos salirnos del curso trazado por la Administración Bush». Lo que podría incluir un acelerado cierre de Guantánamo ! y el final de juicios militares de excepción.
Primeras decisiones
En Estados Unidos, además de la tregua relativa y la importancia que se otorga a los cien primeros días de un nuevo gobierno, las primeras directivas de un presidente son interpretadas como una especie de declaración de principios. En su primer día completo como titular de la Casa Blanca en enero del 2001, George W. Bush lanzó un guiño a las bases más conservadoras de su partido reinstaurando las limitaciones iniciadas por Ronald Reagan contra el uso de fondos públicos para programas de planificación familiar en el Tercer Mundo que incluyan el aborto. Mientras que en su primera alocución al país, Bush limitó, especialmente en el terreno de las subvenciones, las investigaciones con células madre embrionarias humanas.
Además de este punto y aparte con respecto a ocho años de Administración Bush, el equipo de Obama también ha confirmado que piensa desembarcar en Washington con un «big bang» de inversiones sociales, a pesar de la crisis y la sangría de números rojos en las arcas públicas de Estados Unidos.
Rahm Emanuel, el próximo jefe de gabinete de la Casa Blanca, ha confirmado que además de un inmediato plan de estímulo económico, el presidente electo a partir de enero tiene previsto empujar buena parte de sus promesas electorales. En su opinión, el actual fiasco económico constituye una oportunidad historia para lograr las inversiones sociales a gran escala que el Partido Demócrata lleva prometiendo durante años: «No podemos desaprovechar una crisis porque son oportunidades para hacer grandes cosas».
Medidas anticrisis
Según Emanuel, además de materializar un recorte de impuestos para las rentas más bajas, las tres prioridades de la nueva Administración Obama van a ser educación, sanidad y energía. Cuestiones que según este activista demócrata, agresivo pero considerado del sector más centrista de su partido, son frentes decisivos para Estados Unidos que han llegado al nivel de crisis y cuya solución «no nos podemos permitir el lujo de retrasar».
El nuevo jefe del ala oeste de la Casa Blanca también ha indicado el beneplácito de Obama para facilitar ayudas especiales a la industria del automóvil, que tras acumular multimillonarias pérdidas se encuentra al borde de agotar sus reservas de capital para seguir operando. Según Emanuel, los fabricantes de Detroit «son una parte esencial de nuestra economía» que merecen una ayuda de emergencia estimada en 25.000 millones de dólares.
Todos estos comentarios y señales apuntan a un consenso dentro del equipo de Obama para afrontar la crisis con una ambiciosa agenda, que no se limite a un paquete de estímulo económico a corto plazo sino que incluya un masivo programa de inversiones públicas para relanzar el crecimiento de la mayor economía del mundo más a largo plazo. Entre estimaciones de que para el año que viene, el ya histórico déficit público de Estados Unidos podría muy fácilmente verse duplicado.
Esta estrategia supondría un cambio significativo con respecto a las prioridades aplicadas por el último ocupante demócrata de la Casa Blanca. En 1992, la Administración Clinton optó por acometer primero una urgente reducción del déficit público. En contraste, el equipo de Obama habría apostado por no retrasar promesas electorales como dedicar 150.000 millones de dólares para lograr la independencia energética de Estados Unidos o el multimillonario plan para lograr la reforma sanitaria que Hillary Clinton no logró terminar en los noventa.