El Cambio Climático Podría Promover Guerras Por el Acceso a Recursos Naturales
FUENTE: NOTICIAS DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA. 27-10-08
Existe una gran
preocupación
popular sobre la
relación
potencial entre
el calentamiento
global y la
frecuencia y
severidad de los
huracanes, olas
de calor y otros
eventos
meteorológicos
extremos. Sin
embargo, otra
consecuencia
potencial del
Cambio
Climático, menos
difundida por la
prensa pero
igual o más
preocupante, es
la que
últimamente
debaten con
creciente
atención los
expertos en
seguridad
internacional.
Estos expertos
creen que los
daños que el
Cambio Climático
causa a los
ecosistemas, y
la competencia
que como
resultado se
establecerá por
el acceso a los
recursos
naturales,
podrán actuar,
de manera cada
vez mayor, como
detonantes de
guerras y otros
conflictos en el
futuro.
Pelearse por el
acceso a
recursos
naturales
vitales como la
comida o el agua
cuando son
escasos, no es
una situación
nueva. A lo
largo de la
historia humana,
bastantes
guerras, e
infinidad de
conflictos
sociales, han
surgido de
poblaciones con
capacidad
agresora
azotadas por
hambrunas y
otras
necesidades
extremas. El
Cambio Climático
Global podría
establecer
nuevas e
inesperadas
situaciones de
carestía en
diversos puntos
del mundo,
incluidos
aquellos en los
que la actual
riqueza de
recursos
naturales es una
base sólida que
garantiza la
estabilidad
social y
geopolítica.
El agua y la
comida son
bienes
indispensables
para la
supervivencia, y
ambos son
sensibles a los
cambios en las
condiciones
climáticas.
Para empezar, se
teme que el
número de
regiones en el
mundo
vulnerables a la
sequía aumentará
en los próximos
años.
Las reservas de
agua almacenadas
en los glaciares
y en la cubierta
de nieve en las
zonas altas de
cordilleras
montañosas, como
los Andes y el
Himalaya,
también se prevé
que disminuyan.
Los cambios
medioambientales
provocados por
el calentamiento
global no sólo
afectan a las
condiciones en
que deben vivir
las personas de
cada zona, sino
que pueden a su
vez generar
efectos sociales
mayores,
amenazando las
infraestructuras
de la sociedad o
induciendo
respuestas
sociales que
agraven el
problema. La
tensión
socioeconómica y
política
asociada puede
minar el
funcionamiento
de las
comunidades, la
eficacia de las
instituciones, y
la estabilidad
de las
estructuras
sociales. Estas
condiciones
degradadas
pueden conducir
a disturbios
sociales, sobre
todo en países
en los que
exista una gran
brecha económica
entre ricos y
pobres, e
incluso
degenerar en un
conflicto
armado.
Por desgracia,
dramas de esta
clase se desatan
de manera
habitual en
bastantes zonas
del mundo, estén
o no castigadas
por el Cambio
Climático.
Grandes áreas de
África están
sufriendo de
escasez de
alimentos y agua
potable, lo que
los hace más
propensos a los
conflictos y más
vulnerables a
los efectos de
éstos. Un
ejemplo de ello
es Dafur, en
Sudán, provincia
donde un
conflicto en
marcha se vio
agravado desde
que la sequía
forzó a
colectivos de
pastores árabes
seminómadas a
trasladarse
hacia las áreas
de los granjeros
africanos.
Otras regiones
del mundo,
incluyendo el
Oriente Medio,
Asia Central y
Sudamérica,
también están
siendo
afectadas.
Con tanto en
juego, los
expertos
recomiendan
múltiples
estrategias para
prevenir
consecuencias
que, de no
impedirse, serán
muy difíciles de
remediar. Entre
las estrategias
más críticas,
está la de que
los gobiernos
incorporen
medidas para
afrontar el
cambio climático
dentro de la
política
nacional de cada
país. Más allá
de eso, es
necesario un
enfoque
cooperativo
internacional
para mitigar los
riesgos.
Aunque el cambio
climático es un
factor potencial
de creación de
conflictos,
también puede
tener efectos
contrarios, si
empuja a las
naciones hacia
una actitud más
cooperativa, al
entenderse que
es una amenaza
común que
requiere de
acciones
conjuntas.
Una de las
señales más
recientes y
esperanzadoras
en este frente,
fue la cumbre de
2007 sobre el
clima celebrada
en Bali, que
reunió a más de
10.000
representantes
de todo el mundo
para trazar un
plan de acción
contra el Cambio
Climático.
La "hoja de
ruta" de Bali
tiene muchas
buenas ideas,
pero ha sido
criticada por
ser demasiado
imprecisa para
poder impulsar
de manera eficaz
esa cooperación
internacional
plena contra el
Cambio
Climático. Sin
embargo, los
aparentes
conflictos de
intereses entre
el medio
ambiente y la
economía serán
descartados tan
pronto se
entienda que
proteger el
medio ambiente
es una inversión
económicamente
rentable para el
futuro, en
comparación con
el alto coste de
tener que
solucionar
mañana desastres
graves que se
habrían podido
evitar hoy con
medidas
preventivas
baratas.
Además de la
cooperación
global, estudiar
el pasado puede
resultar también
muy útil, ya que
ello permite
predecir con
mayor fiabilidad
situaciones que
ya se produjeron
en el pasado.
La historia ha
demostrado cuán
dependientes
somos los
humanos de un
estrecho margen
de variabilidad
climática en lo
que se refiere
al promedio de
temperatura y al
de la lluvia.
Las grandes
civilizaciones
de la humanidad
comenzaron a
florecer después
de la última
edad de hielo, y
algunas
desaparecieron
debido a las
sequías y a
otros cambios
adversos del
clima.
Por ejemplo, la
llamada "Pequeña
Edad de Hielo"
en el hemisferio
norte, que duró
de 1645 a 1715,
fue causada por
una caída de la
temperatura
media de menos
de un grado
Celsius.
Y pese a tan
sutil descenso,
las
consecuencias
fueron muy
graves en
diferentes
partes de
Europa. Las
calamidades
incluyeron
pérdida de
cosechas. La
población
disminuyó. Los
conflictos
militares y los
disturbios se
hicieron más
frecuentes como
consecuencia de
esas
privaciones,
como ha sugerido
un estudio
empírico
reciente.
Sin embargo,
como la historia
ha demostrado,
los seres
humanos somos
muy capaces de
adaptarnos a las
condiciones
climáticas
cambiantes,
mientras estos
cambios sean
moderados.
El desafío es
por tanto frenar
la dinámica del
sistema
climático y
estabilizarlo en
niveles que no
sean peligrosos.
Jürgen Scheffran,
investigador en
el Programa para
el Control de
Armamentos, el
Desarme y la
Seguridad
Internacional, y
que además
trabaja en el
Centro para la
Investigación
Avanzada de
Bioenergía en la
Universidad de
Illinois, está
entre los
expertos que
analizan el
riesgo de
conflictos
armados
promovidos por
el Cambio
Climático
Global, y que
intentan
impulsar medidas
para mitigar
tanto como sea
posible ese
cambio.
Después de
realizar una
minuciosa
inspección de
investigaciones
recientes,
Scheffran ha
llegado a la
conclusión de
que los impactos
que tiene el
Cambio Climático
sobre la
seguridad humana
mundial se
extienden mucho
más allá de lo
que la limitada
visión de la
humanidad ha
percibido hasta
ahora.
La revisión de
Scheffran
incluye un
análisis crítico
de cuatro
tendencias que
en un informe
publicado por el
Consejo Asesor
Alemán sobre el
Cambio Global se
identifican como
algunas de las
que con mayor
probabilidad
desestabilizarán
a las
poblaciones y a
los gobiernos:
la degradación
de los recursos
de agua potable,
la inseguridad
en cuanto a la
disponibilidad
de alimentos,
los desastres
naturales y la
emigración por
causas
medioambientales.
Scheffran
también cita un
informe del año
pasado realizado
por un grupo de
trabajo del
Panel
Intergubernamental
sobre el Cambio
Climático
(IPCC), en el
que se ratifica
que el Cambio
Climático puede
afectar a
ecosistemas y
especies de todo
el mundo, desde
las selvas
tropicales hasta
los arrecifes
coralinos.
Sin embargo,
Scheffran
todavía es
optimista porque
aún es posible
frenar lo
suficiente el
Cambio Climático
como para
impedir ese
temible auge de
conflictos
armados. Su
optimismo se
basa en buena
parte en que las
labores de
concienciación
pública y
educación que
hoy se realizan
hacen de las
preocupaciones
sobre el cambio
climático una
prioridad.
"El
calentamiento
global recibe
ahora más
atención pública
y política que
unos pocos años
atrás", señala
Scheffran.
"Están
emergiendo
movimientos de
base en Estados
Unidos para
proteger al
clima y para
desarrollar
alternativas
energéticas,
involucrando no
sólo a muchas
empresas y
comunidades
locales, sino
también a
estados
influyentes,
como California,
gobernada por
Arnold
Schwarzenegger."