La falta de iniciativas de Espinosa exaspera a los grupos ecologistas
FUENTE: LA VANGUARDIA/Antonio Cerrillo/ Barcelona. 08-09-2008
Critican severamente la ambigüedad en las posturas de la ministra de Medio Ambiente.
Un cierto halo de misterio rodea los pasos de la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa. Cuando se cumplen los cinco meses llevando las riendas de tan vasto departamento, la falta de iniciativas exaspera a los grupos ecologistas. La indefinición sobre las prioridades de su gestión, la ambigüedad sobre los proyectos más polémicos y una inusitada discreción de la ministra son las características de una peculiar manera de gobernar que desconcierta a los grupos conservacionistas. La pedagogía o el debate abierto, tan necesarios en una cultura medioambiental, han pasado a la trastienda de la política entendida como una espesa niebla gallega.
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Los grupos conservacionistas acogieron el
nombramiento
de Elena
Espinosa
con
enorme
prevención,
pues en
el nuevo
macroministerio
se
difuminaban
las
competencias
de medio
ambiente.
Además,
la
decisión
del
presidente
del
Gobierno
de
prescindir
de
Cristina
Narbona
anunciaba
cambios
de
rumbo. Y
por si
todo
esto
fuera
poco,
correligionarios
de
Narbona
contribuyeron
a
estigmatizar
a la ex
ministra
como una
persona
inflexible
e
incapaz
de
llegar a
acuerdos
con el
PP. Con
Espinosa,
quedaba
claro
que se
buscaba
una
nueva
etapa. Pero al cumplirse cinco meses de su nombramiento, la falta de iniciativas de Espinosa es clamorosa y preocupa a las formaciones ecologistas. Juantxo López de Uralde, director de Greenpeace, denuncia la parálisis del ministerio, y Theo Oberhuber, dirigente de Ecologistas en Acción, señala que "la actividad del ministerio ha sido muy reducida, por no decir nula". Durante este tiempo, la nueva ministra ha estado volcada en una reorganización interna con la complicación de garantizar la cuota femenina en los cargos. Pero, superada la etapa inicial de parón, algunos de los peores presagios no se han despejado. |
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Los ecologistas no saben muy bien cómo reaccionar ante la ministra, Elena Espinosa, a la que vemos en una fotografía de archivo en Valladolid / EFE / Archivo /Ricardo Suárez |
"Seguimos sin saber cuáles son sus prioridades,
ni qué
calendarios de
realización
propone, no hay
ninguna hoja de
ruta", declaró a
este diario
Oberhuber.
Durante las
primeras
reuniones que ha
mantenido esta
semana con los
grupos
ecologistas, la
ministra ha
demostrado que
es una política
al estilo
gallego: calla y
escucha, da
respuestas que
no le
comprometen a
nada, toma
alguna nota y,
en cambio, se
muestra más
expresiva cuando
rechaza las
iniciativas que
le proponen.
Por ejemplo,
durante la
reunión que
mantuvo con
Oberhuber, la
ministra rechazó
la idea de hacer
un acto conjunto
en la próxima
reunión del
Congreso Mundial
para la
Naturaleza - que
se celebrará en
octubre en
Barcelona- para
denunciar la
sobreexplotación
de la pesca;
alegó que antes
había que hablar
con la UE.
También se
mostró contraria
a tramitar el
borrador de la
futura ley de
Movilidad, al
considerar que
traería
problemas con
las comunidades
autónomas. En
diversas
ocasiones,
reiteró, a
sugerencias de
Oberhuber, sobre
asuntos de
energía, que
"eso era
competencia de
otros
ministerios".
De la misma
manera, en la
reunión con
Greenpeace,
tampoco se
comprometió a
crear reservas
marinas, "con el
argumento de que
no puede haber
reservas marinas
protegidas sólo
sobre el papel y
que, si se
hacen, se deben
hacer bien",
dice López
Uralde.
Su estrategia
defensiva se
combina con una
ambigüedad en
las políticas
ambientales.
Tanto López de
Uralde como
Oberhuber dicen
que la política
de aguas es
"confusa", pues
se dan mensajes
contradictorios.
"Un día dice que
habrá trasvases
y otro que no,
pero que
buscarán un
pacto del agua.
Antes, había una
política y un
posicionamiento
claro, aunque no
siempre
estábamos de
acuerdo, pero
ahora no hay una
política clara y
diáfana", dice
López Uralde.
"Nos dijo que
continuaría la
misma política
de agua y el
programa de agua
de
desalinizadoras
en la costa
mediterránea.
Pero no
concreta. Nos
dio la impresión
de que no quiere
entrar como un
elefante en una
cacharrería y
que va con pies
de plomo", dice
Alejandro
Sánchez,
director
ejecutivo de la
Sociedad
Española de
Ornitología.
"Las
declaraciones y
los mensajes
confusos no
generan
confianza. Con
esas
contradicciones
no sabemos si
juega al
despiste. Está
claro que con
ella se busca un
perfil discreto
y evitar los
conflictos, y no
llamar la
atención para no
ganarse
enemigos", opina
Oberhuber.
La estrategia de
la ministra de
navegar entre
dos aguas
también se
percibe en sus
posiciones sobre
energía nuclear
o los
transgénicos.
"Antes, en el
Gobierno había
dos posiciones
sobre los
transgénicos:
Narbona estaba
en contra, y
Agricultura, a
favor. Pero
ahora no hay una
posición clara",
dice López
Uralde.
La ambigüedad de
la ministra
desarbola. Los
ecologistas
estaban
acostumbrados a
Isabel Tocino,
una mujer que
siempre va de
cara. Luego,
supieron
interpretar los
cordiales golpes
en la espalda de
Jaume Matas o
simpatizar con
la humanidad de
Elvira
Rodríguez, una
señora con las
ideas claras de
lo que debe ser
una persona de
derechas. Y
confraternizaron
con Cristina
Narbona, que les
quiso convertir
en un lobby
influyente para
equilibrar las
políticas más
insostenibles.
Pero con
Espinosa, entran
también como
Pedro por su
casa
agricultores,
pescadores,
navieros,
acuicultores,
cooperativistas,
productores de
plátano,
apicultores,
cazadores,
productores de
leche cruda y
otros sectores
agropecuarios.
Los grupos
ecologistas
reclaman a la
ministra un
liderazgo. Y no
comprenden que
eche balones
fuera invocando
que no tienen
competencias en
determinados
asuntos. "La
ministra no debe
limitarse a sus
competencias,
sino asegurar
una gestión
ambiental
transversal en
todo el
Gobierno", dice
Oberhuber.
La indefinición
no va a frenar
los conflictos.
Los grupos
ecologistas
lamentan que la
ministra no haya
reunido al
Consejo Asesor
de Medio
Ambiente. Y
desean saber si
continuará las
políticas
activas de
Narbona de
aplicación de la
ley de Costas y
le recuerdan la
urgencia de
actuar contra el
cambio
climático.
Litigios y prioridades
Cambio climático
España debe
cumplir el
protocolo de
Kioto y cada vez
corre mayor
riesgo de sufrir
sanciones si por
su culpa la UE
en su conjunto
no logra reducir
las emisiones de
gases un 8% en
el 2012 respecto
a 1990.
Hotel
Algarrobico.
Los grupos
ecologistas
reclamaron a la
ministra el
derribo del
hotel
Algarrobico,
construido en el
parque natural
del cabo de Gata
(Almería). Y lo
hicieron antes
de que saliera
la sentencia, el
pasado viernes.
Pese a que el
asunto estaba
encauzado,
Espinosa dijo
que esperaría la
sentencia.
Marismas de
Huelva
Greenpeace ha
pedido que cesen
los vertidos
contaminantes en
las marismas de
Huelva, donde
Fertiberia ha
acumulado miles
de toneladas de
fosfoyesos
radiactivos.
Reserva para
el atún rojo en
Baleares
La reclamación
de una reserva
para el
sobreexplotado
atún rojo en
Baleares es un
clamor. La
ministra ha
dicho que es
favorable, pero
se mostró
expectante, y
dijo que este
asunto lo
llevará a la
Comisión
Internacional
para la
Conservación del
Atún del
Atlántico Norte
(el cuestionado
organismo que
gestiona estas
pesquerías).
Biodiversidad
La ministra debe
desarrollar la
ley de
Patrimonio
Natural, lo que
supone crear una
nueva estrategia
de conservación
y hacer planes
de gestión de
las especies
amenazadas,
entre otros
compromisos. Se
le pide una
política activa,
pues en el 2010
(con España al
frente de la
presidencia de
la UE) empieza
la Cuenta Atrás
2010, una
iniciativa de la
Unión Mundial
para la
Naturaleza
(UICN) que marca
este año como
fecha para
frenar la
pérdida de
especies.
