Las Salinas del Cabo

FUENTE: IDEL/PEDRO MENA ENCISO. 02-09-08

LAS Salinas de Cabo de Gata, como otras de la costa, han sido explotadas por diversas culturas a lo largo de la historia. Ya en la antigüedad, fenicios, romanos y otros pueblos aprovecharon la sal para la obtención de cloruro sódico, indispensable para la conservación de la carne y el pescado. Precisamente la palabra salario deriva de la sal, mineral con el que pagaban los romanos a los trabajadores. En la época musulmana, Las Salinas siguieron en activo y, tras la Reconquista, un gran número de moriscos fueron empleados para la explotación de la sal. Cuando Felipe III decreta la expulsión de estos conversos, Las Salinas viven largos períodos de decadencia hasta el siglo XVIII en que, con las fortificaciones de la costa, aumenta la seguridad y las incursiones de los piratas son ya esporádicas. En el siglo XIX pasan al Estado aunque en 1872 volvieron a caer en manos privadas. Con la llegada del siglo XX, Antonio Acosta Rodríguez, hacendado procedente de la Comarca de los Vélez, acomete grandes obras de transformación en este espacio que van a configurar Las Salinas casi tal y como ahora las conocemos. Actualmente es la última salina activa de la provincia de Almería porque porque han desaparecido ya todas las demás: Guardias Viejas y Cerrillos (El Ejido), San Rafael (Roquetas) y Terreros (Pulpí)

El poblado se construyó entre 1904 y 1907 y la edificación se levantó en el lugar de un almacén de sal de finales del Siglo XVIII, integrada por una casa de recreo, oficinas, casas de trabajadores y una iglesia, aún en pie. En las primeras décadas del siglo, la producción se acercaba ya a las 90.000 Tm anuales. Las Salinas estuvieron en poder de los Acosta hasta que fueron adquiridas en 1925 por la Unión Salinera. Actualmente son los franceses propietarios de nuestras salinas de Cabo de Gata.

El proceso de extracción de una sal, que siempre se caracterizó por su gran calidad, se inició hace miles de años, aunque no fue eficaz hasta 1925. La sal se cargaba en vagonetas arrastradas sobre los raíles por mulas hasta el embarcadero. Aquí se echaba la sal en tolvas y de aquí pasaban a las grandes barcazas que podían soportar hasta doce toneladas. Estas barcazas negras eran de ese color debido a la intensa capa de alquitrán que las cubría para evitar el deterioro de la madera, la cual con el tiempo acababa pudriéndose. Actualmente vemos que los montones de sal acumulados se envían al puerto de Almería para su comercialización.
Vista panorámica de las Salinas de Cabo de Gata © José Javier Matamala 1988

Vista panorámica de las Salinas de Cabo de Gata © José Javier Matamala 1988

Los meses de mayo, junio, julio y agosto son los más intensos de la campaña de recogida de la sal. La calidad de esta sal de Cabo de Gata es extraordinaria con un gran contenido en yodo que la hace especialmente útil para la industria cárnica. Es digna de mención la Iglesia, que fue construida en el año 1902 y pertenecía también a la Compañía Unión Salinera. Este simbólico templo, hoy en manos del Obispado, está pendiente de restauración y es de construcción muy sencilla: consta una única nave que desemboca en el altar y una torre lateral alta provista de campanario que le da una fisonomía elegante y original, que ha llamado la atención a los más ilustres fotógrafos y ha pasado a formar parte inseparable del paisaje. Actualmente se encuentra muy deteriorada por su pésimo estado y no sólo los vecinos, sin también los amantes de Cabo de Gata, tememos por su futuro. Es una falta de sensibilidad que nadie se preocupe por este monumento. El día en que se caiga, Las Salinas perderá definitivamente ese toque de personalidad que esta Iglesia le transmite, siempre tan alta, erguida y elegante.

 

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