Radiaciones sueltas
FUENTE: EL PERIÓDICO.COM/JOSEP PERMAU. 25-08-08
España es modélica en el cumplimiento de sus obligaciones, sobre todo cuando podrían entrañar un riesgo para la seguridad ciudadana. Así consta en informes oficiales que, leídos en congresos, admiran al mundo entero. Hasta el día en que se descubre que en una instalación nuclear se ocultó una avería que incluía una fuga radiactiva. Lo hicieron por nuestro bien, para no perturbarnos la tranquilidad.
"Tienen un tesoro que hay que respetar". Así debieron de razonar los altos jefes de la Fuerza Aérea norteamericana cuando el accidente de Palomares (Almería) en 1966: chocaron dos aviones militares y un cargamento nuclear se esparció por la zona, sin que se reconociera el alcance de la contaminación. Oficialmente, no había ocurrido nada y la prueba estaba en el baño del ministro Manuel Fraga con el embajador. Y si se removieron miles de toneladas de tierra fue porque se requería un ejercicio físico que reforzaba los músculos de los aviadores. La población podía descansar tranquila. No sería el Ejército de EEUU el que perturbara la siesta hispana.
De la escuela de los yanquis de Palomares debían de ser los instructores de la seguridad de la central nuclear de Ascó, que ocultaron una fuga radiactiva durante cuatro meses. Si en Almería se minimizó el percance para no incomodar a los nativos y para no asustar a los turistas, en Ascó se restó importancia a la radiactividad que ha vagado libremente por las tierras y las aguas del Ebro. La reflexión es esta: un país que ha hecho una fiesta de los cuernos taurinos no teme a unos bichitos insignificantes. Ante tales argumentos, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, reitera que la multa será contundente, entre 9 y 22,5 millones de euros. Los riesgos del átomo, con multas entran.