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Muere medio millar de huevos de tortuga traídos de Cabo Verde FUENTE: LA CRÓNICA VERDE. 16-02-08 El pasado 1 de octubre, 560 huevos de tortuga boba (Caretta caretta) fueron desenterrados de ocho nidos localizados en una playa de Cabo Verde, trasladados en avión a Gran Canaria y desde allí en helicóptero a las playas de Cofete, en el municipio de Pájara (Fuerteventura), donde fueron nuevamente enterrados en la arena. Tan costoso proceso está pagado por el Gobierno de Canarias, empeñado en un ambicioso proyecto de recuperación de las colonias de este animal bajo el paraguas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).
Pero este año ha sido el desastre. De los 560 huevos enterrados, ni uno sólo ha logrado eclosionar. Fracaso total, silencio institucional. Me cuenta una persona cercana al proyecto que los embriones murieron por un problema de temperatura al haberse retrasado demasiado el transporte. Esta vez quisieron hacer las cosas bien, con todos los papeles necesarios para la exportación, evitando así las denuncias que la Guardia Civil y la Agencia Tributaria les impuso nada menos que por contrabando de especies protegidas. Demasiados trámites. Y fallaron. El profesor de la ULPGC y director del proyecto de reintroducción, Luis Felipe López Jurado, se mostraba hace un año muy satisfecho con un éxito inicial que, en su opinión, confirma la viabilidad del programa: «Durante 15 años traeremos de Cabo Verde entre 1.000 y 3.000 huevos, dependiendo de cómo vaya el manejo en cada momento, para enterrarlos en las playas de Fuerteventura, esperar a que eclosionen y dejarlos que ganen el mar. Después los mantendremos durante un año en cautividad para reducir el riesgo de la predación antes de liberarlos definitivamente», me explicó López.
Pero en ambos casos las dudas son las mismas. Mientras el mar siga contaminado y sobreexplotado, los aparejos de pesca matando miles de tortugas, las costas urbanizadas, el tráfico marino en aumento ¿qué futuro podemos ofrecer a estos animales? Tan sólo la muerte. De forma lenta, al ritmo silencioso de nuestra destrucción, o rápida, robando huevos en países lejanos que después se secarán al sol en nuestras turísticas playas.
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